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    Gavazzo fue colaborador fundamental de Trabal y recibía órdenes de los principales generales golpistas

    El coronel José Nino Gavazzo es conocido por su participación en el combate a los tupamaros y otras organizaciones ilegales antes y después del golpe de Estado de 1973, y, especialmente, por los reiterados episodios de apremios a los prisioneros a raíz de los cuales está preso luego de recibir condenas judiciales.

    Sin embargo, un nuevo libro sobre su actividad en esa época revela que Gavazzo fue, además, uno de los más activos colaboradores del entonces jefe del Servicio de Información de Defensa (SID), coronel Ramón Trabal, y hasta fue convocado varias veces por los altos mandos golpistas de la época para participar en actividades político-militares.

    La obra, “Gavazzo. Sin piedad”, escrita por el periodista Leonardo Haberkorn, muestra a Trabal como un golpista más que felicitaba a Gavazzo por sus acciones en el terreno, muy lejos de la imagen que muchas veces se ha transmitido sobre el ex jefe del SID como un militar “peruanista” que simpatizaba con “ideas progresistas”.

    El 17 de febrero de 1973, recuerda Haberkorn según surge del legajo oficial, Trabal firmó un “informe final” sobre el desempeño de Gavazzo en el SID. “Permanentemente a la orden, siempre dispuesto a encarar misiones de muy diversa índole, evidenciando un alto grado de entusiasmo, lo que respaldado por un físico entrenado, le permite desarrollar una constante actividad sin desfallecimientos”, escribió Trabal.

    Agregó que Gavazzo “reveló poseer clara inteligencia y rapidez de concepto, encuadrando sus procedimientos dentro de los lineamientos señalados por la Dirección (del SID), particularmente en las circunstancias en las que debió actuar independientemente, ha­ciéndolo con decisión y tenacidad, a la vez que manteniendo absoluto dominio de sí mismo y del personal a sus órdenes directas, aun en circunstancias de llevar a cabo operaciones de sumo riesgo”. Trabal concluyó que Gavazzo “constituyó un muy valioso colaborador para la mejor gestión” del SID.

    El libro describe una muy importante participación de Gavazzo en el quiebre institucional ocurrido en febrero de 1973, cuando los altos mandos del Ejército y la Fuerza Aérea, más Trabal, decidieron desconocer el 7 de febrero de ese año la designación del general (r) Antonio Francese como ministro de Defensa Nacional, dispuesta por el hasta entonces presidente constitucional Juan María Bordaberry.

    De acuerdo con su legajo, Gavazzo estaba de vacaciones pero “por su propia iniciativa” decidió suspenderlas para reintegrarse “a su puesto de lucha (…) en momentos que las Fuerzas Armadas afrontan el grave problema de mantener a toda costa la integridad de la República con medidas extraordinarias”.

    Gavazzo contó al autor que “Francese pensaba hacerse fuerte en el Batallón de Infantería Blindado 13” pero los generales golpistas llegaron allí para proceder a su arresto. “Lo iban a detener los generales y Trabal” y “estaban (Gregorio) Álvarez y (Esteban) Cristi”.

    “Ellos lo iban a arrestar y yo tenía que estar a 200 metros, en una camioneta Combi. Me iban a avisar por radio y yo tenía que llevar a Francese a la Escuela de Armas y Servicios, en Camino Maldonado”, narró el militar. Como Francese era “íntimo amigo” del padre de Gavazzo, este hubiera preferido no ser la persona que efectivizara el arresto. Pero igual lo hizo.

    Después de eso, el 14 de febrero, Trabal anotó en el legajo de Gavazzo: “este señor jefe participó con decisión y firmeza, en varias oportunidades, en distintas actividades requeridas por el desarrollo de los acontecimientos”.

    Gavazzo también recibió la orden directa del general Cristi para desbaratar una “entente” entre tupamaros y militares que se estaba desarrollando en el Grupo de Artillería 1 (“cuartel de La Paloma”), para que, en conjunto, arrestaran ilegal y clandestinamente a personas acusadas de “ilícitos económicos”.

    Cuenta Gavazzo en el libro: “Un día Trabal me dijo que me presentara en la División de Ejército 1. Me presenté y el general Cristi me dijo: ‘mire, Gavazzo, algo está pasando en el Grupo 1, que está mal’”. Gavazzo se hizo cargo de la situación, constató que militares y tupamaros “se habían pasado de la raya”, cortó “todo eso” en su primera recorrida por la unidad y retomó los “reinterrogatorios”.

    El libro también refiere a una misión que los mandos encargaron a Gavazzo para arrestar a militares antigolpistas, entre ellos el coronel Pedro Aguerre, padre del general del mismo nombre que fue comandante del Ejército entre 2011 y 2014 durante el gobierno de José Mujica. Aguerre padre afirma que lo llevaron ante Gavazzo y este le dijo: “Yo soy el mayor José Nino Gavazzo. Soy el jefe acá y estoy autorizado por el comandante del Ejército, el general (Julio César) Vadora, a hacer con usted lo que quiera. Lo puedo matar ahora. Lo puedo desaparecer. Pero yo voy a hacer otra cosa con usted. Yo a usted lo voy a seguir durante toda su estadía y dentro de 30 años, cuando usted salga de la cárcel, va a ser una piltrafa humana”. Aguerre asegura que le respondió: “Mire, yo seré una piltrafa en ese momento, dentro de 30 años. Pero usted ya lo es ahora”.

    En el libro, Haberkorn entrecruza la historia de Gavazzo con la de dos tupamaros desaparecidos: Roberto Gomensoro Josman y Eduardo Pérez Silveira.

    Ante los múltiples testimonios que desde hace décadas existen contra Gavazzo por apremios físicos a los prisioneros, el periodista dijo en un momento de su conversación con el militar que “las denuncias de torturas no pueden ser inventadas todas”. Gavazzo confirmó: “¡No! ¡Pero por supuesto que no!”. Y agregó: “si usted mañana me pregunta ‘¿usted torturó a Fulano?’ (…) o si me dice ‘¿asesinó a Fulano?’, aunque yo lo hubiera hecho, le tengo que decir que no. Porque al otro día, si yo le digo que sí, me aparece la (jueza Mariana) Mota al lado, o quien sea, para procesarme por eso. Y yo no quiero. El tema no es que yo tenga miedo a que me procesen. Es que se va formando cada día una figura peor. Y yo no soy así”.

    Gavazzo también negó haber utilizado picana eléctrica contra los presos. Pero luego relativizó sus propios dichos. “Usted se imagina la picana. Si yo no supiera lo que es la picana, yo me imagino un aparato enchufado al tomacorriente, ¿no? Este… nosotros nunca lo utilizamos porque no fue necesario… este… pero­ en los lugares donde lo utilizaron alguna vez, ¿sabe lo que era? Era un magneto”.