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    Gerardo Alegresa y la vitivinicultura uruguaya

    Ante el fallecimiento de Gerardo Pedro Alegresa Solari, hay que poner las cosas en su sitio. Hace pocos días, un grupo de amigos, compañeros de trabajo y su familia despedimos de este mundo a Gerardo Alegresa.

    En lo personal, lo conocí a Gerardo por el año de 1976. Por aquel entonces integrante de una firma bodeguera muy reconocida en el Uruguay que además, en su condición de viticultor, integraba el primer grupo CREA de viticultores.

    El conocimiento se dio en una reunión donde un experto francés, el Prof. Denis Boubals, daba una conferencia en la que presentaba su informe final relativo a su diagnóstico de la viticultura uruguaya.

    Ese informe fue el disparador de la transformación de la vitivinicultura uruguaya.

    Por aquel entonces yo tenía apenas 16 años, era estudiante de la Escuela de Enología e integraba la comisión de jóvenes de la Sociedad de Viticultores de Villa Rodríguez. Encontré en Gerardo Alegresa a un hombre amable, sencillo y con la tolerancia de dar sus puntos de vista sobre la uva y el vino pero sabiendo escuchar y apreciar los de otros.

    A lo largo del tiempo nos seguimos encontrando. En 1978, al recibirme como enólogo, fui contratado para trabajar en la Dirección de Contralor Legal del MGAP y Gerardo integraba, en representación del Centro de Bodegueros del Uruguay, un grupo de apoyo a esa repartición.

    Luego nos encontramos muchas veces en las discusiones anuales por la fijación del precio de la uva. Por cierto estábamos en sectores opuestos: yo defendiendo a los viticultores y él a los bodegueros. Sin embargo, siempre supimos ambos ayudar a que hubiera acuerdos.

    Creo más en las causalidades que en las casualidades y fue así que en 1987 nos volvimos a encontrar, en ese entonces conjuntamente con representantes de todas las gremiales vitivinícolas del país. El objetivo era crear un Instituto Nacional de Vitivinicultura donde se pudiera articular entre las gremiales y el Poder Ejecutivo la ejecución de la política vitivinícola del sector.

    El 10 de noviembre de 1987 la iniciativa se concretó. El Parlamento, por unanimidad, creó el Inavi como un organismo público que se regía por el derecho privado. Toda una novedad.

    El 23 de junio de 1988 se constituyó el primer Consejo del Inavi, presidido por Ángel Mutio. Gerardo Alegresa era el delegado titular del Centro de Bodegueros del Uruguay y yo el delegado de la Mesa Nacional de Cooperativas vitivinícolas. Había que hacer la transición del contralor legal del MGAP al Inavi. Fue Alegresa, con el apoyo del resto de los consejeros, que me designan para representar al novel Consejo de Inavi en esa transición.

    Pocos meses después, Ángel Mutio renunció a la Presidencia y por unanimidad todos los representantes de las gremiales vitivinícolas le propusimos al MGAP la designación de Alegresa como presidente, lo que se concretó el 12 de diciembre de 1988 conjuntamente con el inicio de las actividades del Inavi en la ciudad de Las Piedras como mandataba la ley 15.903. Primero en la sede del Centro de Viticultores, para en los primeros meses de 1989 trasladarse a su actual sede de la calle Dr. Pouey 463.

    Se designó la primera Mesa Ejecutiva del nuevo Instituto integrada por el presidente Alegresa, el Ing. Quím. Adalberto Villanueva y yo.

    Comenzó un estricto control de la genuinidad del vino en el Uruguay, pero con una premisa fundamental en la que Alegresa hacía especial hincapié: “la docencia”. Se formó un cuadro de funcionarios formidable, donde todos tenían puesta la camiseta. Se logró una integración tal entre las autoridades y los funcionarios que daba gusto trabajar en ese ambiente. Esa fue la fortaleza principal para lograr una exitosa gestión. Las diferencias entre los distintos intereses gremiales se superaron merced al diálogo y la articulación que se logró en la gestión del Inavi.

    A fines de 1990 y comienzos de 1991 se formalizó un estrecho vínculo con la Oficina Internacional de la Viña y el Vino. En abril de 1991 se realizó la primera cata de vinos uruguayos en París para los principales expertos de la vitivinicultura. Fue en esa instancia que se designó al Uruguay por primera vez en la historia como sede del Congreso Técnico y Asamblea anual de la OIV.

    Surgió en la misma época el Tratado del Mercosur. Se iniciaron las acciones para que nuestra vitivinicultura se pudiera integrar con éxito.

    Nacieron las catas regionales y nacionales de vinos.

    En junio de 1992, terminó su primer mandato al frente del Instituto.

    Volvió en junio de 1995 a presidir el Inavi y permaneció en el cargo hasta abril de 2005.

    Se hizo con total éxito la Asamblea de la OIV en noviembre de 1995: descubrieron la vitivinicultura uruguaya más de 500 expertos de todo el mundo.

    Se inició el Programa de Reconversión Vitivinícola incluyendo la viticultura y la industria bodeguera.

    En 1996 se culminó y aprobó el Reglamento Vitivinícola del Mercosur.

    Se desarrollaron programas con la FAO, el BID y otros organismos internacionales.

    Alegresa participó por primera vez en una gira con el presidente de la República y se logró a partir de ese momento que siempre en esas actividades se lleven vinos uruguayos para las cenas que se ofrecen en el exterior.

    Hay un programa de apoyo a la participación de los vinos uruguayos en las principales ferias mundiales y en los principales concursos internacionales.

    En el Uruguay nació el orgullo por la calidad de nuestros vinos y en el mundo se habla del Uruguay como ejemplo de cambio y reconversión vitivinícola.

    En el año 2000 se propuso a Gerardo Alegresa como candidato a la Presidencia de la OIV.

    Fue condecorado por el gobierno francés con la máxima distinción al “Mérito Agrícola”.

    En 2002, con motivo de realizar la Cata Nacional de Vinos en la ciudad de Salto, se redescubrió la antigua bodega de Pascual Harriague.

    Bajo su Presidencia —en 2004— se compró, acondicionó e inauguró la Casa del Vino Uruguayo ubicada en la Ciudad Vieja de Montevideo.

    En abril de 2005 fue sustituido como presidente de Inavi.

    Podríamos señalar muchísimas cosas más, pero como muestra de lo que significó Gerardo Alegresa para la vitivinicultura uruguaya creo que es suficiente.

    Del 2005 hasta su fallecimiento fue una etapa muy difícil en su vida.

    Saber que sus cuadros que estaban en el Consejo de Inavi con las fotos saludando al rey de España o con el director general o presidentes de la OIV y tantas otras fueron a parar a un rincón de un galpón, fue un gran disgusto.

    Y tal vez lo peor fue que se le ignorara en todos los eventos que organizaba Inavi y esencialmente en aquellos organizados por funcionarios a los que Alegresa impulsó para que fueran reconocidos a nivel mundial y les dio todo su apoyo y luego le dieron la espalda.

    Sin duda, ver cómo se destruyó parte de aquel Instituto creado bajo determinados principios le pegó muy duro y no me cabe duda que fue un factor desencadenante para el deterioro de su salud.

    Me llamaba y me preguntaba: “¿Te enteraste que hay tal cata o evento del vino organizado por Inavi? ¿A ti te invitaron?”. La respuesta era “no, no me invitaron” y se generaba del otro lado un silencio de asombro y dolor. La última llamada al respecto que recuerdo fue cuando se enteró por la prensa —al igual que yo— que estando el director general de la OIV en Uruguay, se realizó un evento en Salto en la vieja bodega de Harriague. No podía creer que no se lo hubiera invitado.

    Hay algo que no se compra en los shoppings o en las mejores tiendas, ni se aprende en la mejores universidades y eso es el amor impregnado en el alma por la vid, la uva y el vino. Se pueden hacer los mejores cursos de degustación, saber apreciar características, aromas, sabores, etc. Pero expresar ese verdadero amor, solo lo pueden sentir y transmitir aquellos que desde pequeños crecieron dentro de un viñedo o una bodega.

    Y esto es la que nos trasmitía Gerardo Alegresa permanentemente.

    Nos pareció oportuno escribir esta nota para ayudar a la memoria de muchos que han olvidado estas cosas.

    En lo personal, como mucha gente que queremos la uva y el vino desde lo más profundo de nuestro ser, estaremos eternamente agradecidos a todo lo que hizo por el sector Gerardo Alegresa y, como lo dijimos al despedirlo en el cementerio, acá estaremos de pie y a la orden para “refrescar la memoria del los que se olviden”. Se podrán tirar o esconder los cuadros o los documentos pero la gestión de Gerardo Alegresa perdurará para siempre y deberá ser motivo de orgullo para su familia, sus amigos y sus leales compañeros de trabajo.

    Por eso lo del comienzo. Hay que poner las cosas en su sitio.

    Francisco Zunino

    Enólogo

    San José