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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acá¿Uruguay en guerra civil? Si por guerra civil entendemos que dos o mas grupos están en lucha por el poder de un Estado, bueno creo que el enfrentamiento del MPP y grupos afines con el presidente Vázquez y los sectores que lo respaldan, está dentro de lo que podríamos llamar conflicto civil, para no utilizar el término guerra, aunque éste no se aleja mucho de lo que está sucediendo.
Debemos tener en cuenta la particularidad de que los dos bandos en pugna integran y comparten el gobierno. Esta disputa no es nueva; la estamos padeciendo desde la primera conquista de la Intendencia en el año 1990.
Convengamos que esto nos ocurre desde los albores de la patria. Parece que está en el ADN de quienes luchan por gobernarnos, pero debemos soñar e involucrarnos en busca de un gran cambio.
El Frente Amplio es la asociación de varios partidos políticos, que acordaron formar un lema común, cuya meta fue acceder al gobierno. Si bien lograron concordar con éxito la forma de presentarse a las elecciones, las diferencias entre sectores se han mantenido históricamente, llegando en algunos casos prácticamente al antagonismo. Estas dos visiones de país difieren en casi todo: en el enfoque económico, en el rol del Estado, en la interpretación del mundo globalizado, en las posibilidades reales de generar cambios que tiene el país, en la generación y distribución de la riqueza nacional, en el respeto al marco legal, en la inserción internacional y en general en todo, coincidiendo sólo en su necesidad de concurrir juntos a las urnas.
La gravedad de esta disputa radica en que el campo de batalla es el Estado. Por lo tanto, los que la padecemos somos todos sus habitantes, la sociedad toda, donde nuestras seguridades, modo de vida, derechos, presente y futuro pasan a ser objetivos tácticos de los bandos en conflicto.
“La barra” que gobernó los pasados cinco años, con la cual Mujica no pudo (confesión de parte), fue la que le impidió a Martínez acceder a la Intendencia en el 2010, pusieron a una heladera (Sendic dixit) y los que pagamos fuimos los montevideanos, que padecimos una muy pobre gestión, que si se la valorara por lo que debió y no fue recibiría nota de reprobación.
Luego, entre muchos, muchos otros hechos, vimos el ninguneo a Astori y a todo el equipo económico, asumiendo la conducción la OPP conjuntamente con los compañeros directores de las empresas públicas y la cúpula político-partidaria del PIT-CNT. Ahora la batalla se libra con el Antel Arena y las fuerzas de ambos bandos luchan por ver quién le dobla el brazo a la otra.
Martínez ya les pasó la cuenta expulsando a “la barra” de las direcciones de la Intendencia y todos los días nos enteramos de nuevas escaramuzas de este enfrentamiento. La ministra Cosse, que según dice se enteró por la prensa de la suspensión del futuro estadio, confesó que lo primero que hizo fue llamar a Lucía Topolansky (?). ¿Por qué no llamó al presidente?
Esto nos enfrenta a ciertas dudas: ¿a quién responde la ministra? ¿De quién recibe directivas? Los integrantes de los bandos están bien alineados detrás de cada estandarte: Vázquez, Astori, Muñoz, García, Bergara, Martínez, Rossi y sus lugartenientes por un lado; por el otro, Mujica al frente haciendo gala de su ironía, supuesta cultura de boliche y lenguaje lunfárdico, Topolansky, Sendic, De León, Cosse, los jefes sindicales que responden e integran elPartido Comunista o el MPP y los que accedieron a una parcela de poder en el último lustro.
Se vienen tiempos difíciles y debemos apoyar al presidente y su equipo, todos, aun los que no lo votamos, porque deberá lidiar con condiciones regionales y globales adversas, que no son más que etapas de los ciclos económicos y una feroz oposición de parte de sectores de su propio partido; dentro de cinco años tendremos nuevamente la posibilidad de cambiar o avalar la conducción. Ahora, a respetar y respaldar el veredicto democrático de las urnas.
Pero ¡qué lástima! Podríamos tener un mejor país, mejores condiciones de vida (superiores a las actuales) y un seguro y promisorio futuro para nosotros y más que nada para nuestros hijos, si todos empujáramos el carro sin ponerle palos a las ruedas. Pero no: la lucha por el poder, enfermedad que padecen algunos políticos e iluminados que quieren imponernos cómo debemos vivir, nos impiden ser una sociedad más justa, donde reine la igualdad de condiciones y posibilidades para todos.
Daniel H. Báez
CI 1.465.895-4