La directora había dejado sin recreo a una alumna por mala conducta. La madre de la niña se presentó en la escuela, acompañada por otra mujer, y recriminó a la maestra por haber sancionado a su hija. La docente fue encerrada en la propia dirección de la escuela, donde recibió insultos y varios golpes de puño. Mientras la madre castigaba a la maestra, la otra mujer trancaba la puerta para que nadie pudiera auxiliarla. La maestra fue trasladada a un hospital con lesiones graves y el caso es investigado por la Justicia.
Los maestros rochenses propusieron hacer un paro de actividades. Sin embargo, la propia docente agredida, aún afectada física y psicológicamente, sugirió al sindicato convocar a una “jornada de reflexión” en la escuela. Según dijo a Búsqueda el secretario general de la Asociación Magistral Rochense, Daniel Cardozo, también le pidió una entrevista a la madre de la niña para “explicarle que lo que hizo fue aberrante”.
Pese a las jornadas de reflexión que propone el Consejo de Educación Inicial y Primaria (CEIP) de la Administración Nacional de Educación Pública (ANEP), la tarea de equipos de psicólogos, asistentes sociales y abogados, la paralización de los cursos y la “judicialización” de los hechos, las agresiones a maestros se repiten año a año.
Cambio de roles.
Para la directora general de Primaria, Irupé Buzzetti, las situaciones de violencia en las escuelas se dan porque cambió la familia y con ello los roles en la sociedad. “Antes el maestro era un referente social, y el padre lo defendía porque sabía que la escuela era un factor de bienestar fundamental para el desarrollo de sus hijos. En tu casa te decían: ‘Tenés que ir a la escuela, hay que aprender’. Y no cabía otra”.
“Hoy estos padres que andan a los golpes desconocen que la educación es un factor de movilidad social”, dijo Buzzetti a Búsqueda. Para ellos, la escuela es “un mojón estatal” y “un lugar donde pueden descargar un montón de problemas”. Y, además, es “un lugar vulnerable”, porque la mayoría de quienes trabajan ahí son mujeres. De hecho, agregó, muchas agresiones provienen de mujeres. Son “madres contra maestras”, lamentó. “Mujeres que a su vez fueron agredidas de mil maneras, física, psíquica y simbólicamente”.
Si bien considera legítima la paralización de actividades como medida de expresión pública y solidaria con las personas agredidas, Buzzetti opinó que hay que pensar en un espectro más amplio de acción, acorde a la evolución de los cambios sociales.
Para la directora general de Primaria, Irupé Buzzetti, las situaciones de violencia en las escuelas se dan porque cambió la familia y con ello los roles en la sociedad.
En 2014, Primaria resolvió crear una jornada de reflexión en aquellas escuelas donde los actos violentos alcanzan “situaciones extremas de agresiones físicas y hasta lesiones personales”. Porque en ese centro “no hay condiciones para dar clases con normalidad, no hay clima de aula”, dijo Buzzetti.
Según la directora de Primaria, el mensaje es: “Cierren por hoy, compañeros, reflexionen y acompañen a las familias”.
La ministra de Educación, María Julia Muñoz, opinó en julio que agredir a un docente es “una pérdida de valores muy grave y muy repudiable”, pero se plantó contra la suspensión de actividades en las escuelas. “El paro aleja a los chicos de los centros de estudio”, dijo y apoyó la jornada de reflexión “para ver cómo se maneja el enojo o la ira” en la comunidad educativa afectada.
Por su parte, la asociación de maestros de Montevideo ha discutido alternativas a su decisión de paro automático por 24 horas ante cada caso de agresión, resuelta en 2014. En agosto, este sindicato se reunió con el presidente Tabaré Vázquez y acordaron lanzar “una campaña audiovisual de bien público por la convivencia en la escuela”, enmarcada en la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual, de pronta emisión, según supo Búsqueda.
Otra agresividad.
El consejero de Primaria y exsecretario general de la Federación Uruguaya de Maestros (FUM), Héctor Florit, entiende que suspender automáticamente las clases ante cada agresión a un colega “no soluciona nada”. “Yo estoy absolutamente en contra (del paro). Es entendible la reacción emocional y emotiva de los maestros ante cualquier acto violento. Pero considero un exabrupto y un sinsentido cerrar todas las escuelas de Montevideo por una agresión”, dijo Florit a Búsqueda.
Además, continuó, “si sumamos los cientos de miles de dólares que pagan los maestros por día de descuento, lo que pagan los niños en términos de interrupción de clases y lo que queda estigmatizada la colectividad educativa agredida, es algo muy malo para la escuela. Asumir una conducta sin la libertad de poder pensarla caso a caso es autoflagelarse en forma excesiva”.
El consejero de Primaria y exsecretario general de la Federación Uruguaya de Maestros (FUM), Héctor Florit, entiende que suspender automáticamente las clases ante cada agresión a un colega “no soluciona nada”.
El consejero lamentó que muchas veces los padres no envían a sus hijos a clase “confundidos” porque se anuncian paralizaciones “sin explicar” que se trata de acciones resueltas “exclusivamente” por ciertos gremios de la capital y no a escala nacional.
Florit también se opuso a quienes plantean que agredir a un maestro sea considerado un agravante de la pena. “Eso va por la vía de la judicialización y del castigo penal. Yo tengo una visión exactamente opuesta, porque todo eso amplifica y estigmatiza a la escuela, que de ahí en más pasa a ser ‘aquella donde la mamá le pegó a la maestra’. Y eso también hace mucho daño a la escuela”.
“¿Qué pasa después? Porque la escuela no se muda y la familia tampoco; la mamá sigue en el barrio y los niños en la escuela, junto a la maestra y la directora. Tenemos que darnos la oportunidad de construir la reparación, y eso implica una reconciliación para sanar el vínculo familiar, algo muy complejo por el estigma generado”, afirmó.
Por año, en Uruguay se denuncian una decena de casos de agresiones en escuelas. Primaria toma como medida de referencia las denuncias policiales. “Es una cantidad ínfima”, indicó Florit, tomando en cuenta los 240.000 niños, 22.000 docentes y 2.200 escuelas que integran este sistema. Pero el problema, dijo, es serio.
Por año, en Uruguay se denuncian una decena de casos de agresiones en escuelas. Primaria toma como medida de referencia las denuncias policiales.
El tema de fondo es “un cambio del trato hacia los maestros, del concepto de autoridad, por razones de ignorancia, intolerancia y frustración de muchos padres”, comentó a Búsqueda Elbia Pereira, reelecta este mes como secretaria general de la FUM. Pereira coincidió con Florit en que “ni la paralización ni la judicialización resuelven el problema”, porque luego “sigue todo igual”.
La sindicalista explicó que “el paro es un derecho legítimo, pero en ciertos casos es también una medida que no reúne el consenso social y no resuelve”. De las 30 filiales que integran la FUM, la única que tiene la resolución de paro automático es Ademu Montevideo.
A la directora de Primaria le sorprende el nivel de violencia actual, si bien dijo que siempre se dieron episodios de agresión en las escuelas. “Antes la violencia era más de palabra; no pasaba de la madre que agarraba del brazo a la maestra, y quedaba por ahí. Tampoco digo que estuviera bien. Pero ahora ves otra agresividad”.