N° 2002 - 03 al 09 de Enero de 2019
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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáHay una enfermedad que sufrimos por acá, que lastima y pone a un costado verdades históricas del arte popular que debieran enorgullecernos.
Es la mala memoria.
El 5 de marzo de 1894 nació en Bolívar, Canelones, y pasó años fermentales en Fray Marcos, Florida, dos poblaciones y departamentos separados por el río Santa Lucía, alguien a quien, como a ningún otro, cabe llamar “el gran cantor nacional”; un hombre que revolucionó la forma de hacer la milonga, que fue más un folclorista ecléctico que un tanguero y, sin embargo, entre sus mejores amigos y admiradores contaron, nada menos, Carlos Gardel, Irusta, Fugazot, Demare, Teófilo Ibáñez, Homero Manzi, Sebastián Piana y los hermanos Armando y Enrique Santos Discépolo.
Se llamó Néstor Feria, fue apodado El Gaucho Cantor, y compuso y grabó un puñado memorable de temas —milongas sobre todo, valses, estilos y solo unos pocos tangos— y también de otros autores prestigiosos, y brilló en la radio y el cine de la época, tras un comienzo, como todos los humildes, arduo y tropezado.
Murió en 1948 de un cáncer pulmonar en Buenos Aires y fue enterrado allá. Sus restos se repatriaron a Fray Marcos recién 40 años después, en un tardío acto de justicia; Ramón Figueredo y Margarita Russo crearon en su homenaje un aire de milonga:
—Gaucho que a pulso trajiste/ leyenda, historia y pasado,/ sos poncho, espuela, recado/ y lanza tendida en ristre./ Y si a la muerte te fuiste/ te he de decir sin dolor:/ donde abra el ceibo una flor,/ donde se envinche una china,/ donde una guitarra gima,/ estarás… ¡gaucho cantor!
Su madre se divorció y, con él aún niño, se mudó a la Unión, en Montevideo. El tiempo pasó rápido para que, ya hecho un jovencito inquieto al que gustaban la música y los caballos, se aquerenciara en Maroñas: fue peón y vareador de caballos; por las noches animaba los asados tocando la guitarra “de oído” y cantando temas criollos. Con 17 años se escapó a Buenos Aires y repitió la aventura en Palermo: ya había aplausos y entusiasmo, aunque duraron poco del otro lado del río, porque a los tres meses la madre logró ubicarlo y lo trajo de regreso. Pero la vida tiene giros inesperados, dolorosos: dos años más tarde murió su progenitora y Néstor Feria sintió que debía tomar otro rumbo: ya había conocido a Gardel, primero cantando solo y luego en dúo con Razzano: entre 1913 y 1916 aumentaron los encuentros, la amistad y la mutua admiración. No obstante, el inmediato paso del Gaucho Cantor no fue la capital argentina; antes pasó meses cantando en pueblos de Rio Grande do Sul, donde aprendió modos de milonga que desconocía y de cuya influencia supo sacar provecho para su modo de componer y cantar.
Después, sí. Tras un breve pasaje por Montevideo, viajó a Buenos Aires, apadrinado por Gardel y José María Aguilar.
En dúo con Ítalo Goyeche, entre 1921 y 1923, grabaron diez canciones para el sello Víctor y luego el Odeón, actuaron en el Teatro Nacional, en las radios Stentor y Belgrano y, entonces como solista y gracias a la gestión de otro artista que lo admiraba, el actor y recitador Fernando Ochoa, intervino en Juan Moreira, primera película sonora realizada sobre la novela de Eduardo Gutiérrez, y en el filme Los caranchos de la Florida.
Jamás dejó de volver, de tanto en tanto, a su país natal, donde se le vio asiduamente en el Café Vaccaro.
Su fama alcanzó tal estatura que Discépolo le escribió una bellísima zamba, Noche de abril; Lito Bayardo hizo igual con Mama vieja y Manzi y Piana —influidos por el estilo renovador del uruguayo— pensaron en él para estrenar Milonga triste, asociación que se frustró —quedando en el disco inicial la voz de Alberto Gómez— porque Feria, por esos días, había compuesto para grabar su más famoso tema, En blanco y negro, con letra de Silva Valdés, y no hubo acuerdo.
Feria fue autor, además, de varias celebradas canciones; entre ellas, De mí no esperes, Las carretas, Páginas íntimas, A todos y La bata de percal. Hizo, por otra parte, creaciones inigualables de obras de autores diversos: Quisiera escribirte, de Luna y el trío Irusta, Fugazot y Demare, Chumbale los perros, de Fleury y Martínez Payva y Los ejes de mi carreta, de Yupanqui.
El Gaucho Cantor nunca se casó; no dejó descendencia. En todo caso, siempre valdrá la pena recordar su espléndido recorrido artístico y aquella frase que cierta vez, luego de escucharlo, pronunció entusiasmado Gardel:
—Para estas cosas, Negro… ¡nadie como vos!