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    Grupo de cabañeros invirtió U$S 50.000 en genética ovina necoelandesa de las razas Corriedale, Hampshire Down y Border Leicester

    Alentados por la rentabilidad del rubro basado en los precios de la carne y la lana

    Con una inversión total cercana a los U$S 50.000, un grupo de cabañas productoras de ovinos importó recientemente de Nueva Zelanda ocho carneros de las razas Corriedale, Hampshire Down y Border Leicester de Nueva Zelanda.

    Se trata de cuatro carneros de la raza Corriedale, que fueron importados en conjuntos por las cabañas Rancho Blanco, Piedra Mora, Santa Luisa, Granja Roland, Los Pazos y La Estela, dos carneros de la raza Hampshire Down importados por la cabaña La Estela en forma individual y otros dos carneros de la raza Border Leicester, adquiridos por las cabañas San Carlos, Santa Teresita del Ceibal y Cañadón de la Palma.

    El promedio de precio para estos ocho carneros ronda los U$S 6.000, pero dos de los cuatro ejemplares Corriedale se ubicaron por encima de ese valor. Por concepto de gastos de importación se deben abonar un valor 130 % por encima del costos de los animales en origen, dijeron a Campo cabañeros involucrados en esta operación.

    Santiago Sáenz, de Los Pazos, y Jorge Rodríguez Britos, de La Estela, visitaron Christchurch en noviembre pasado, donde visitaron la exposición de esta ciudad y recorrieron cabañas de la zona criadoras de distintas razas durante varios días, oportunidad en que concretaron las compras que se presentaron el viernes 5 de febrero en la Rural del Prado.

    Jorge Rodríguez Britos, titular de la cabaña La Estela, dijo a Campo que en Corriedale las sangres importadas van a aportar calidad de lana, buenas carcasas y “muchos detalles secundarios” que consideró muy importantes para “completar” la raza. Puntualizó en que la importación de cada uno de los cuatro carneros tienen una justificación, y que fueron especialmente elegidos por sus condiciones para sumar cualidades.

    Refresco para las sangres locales

    Este cabañero consideró que son animales que van a “refrescar” las sangres locales y que por lo tanto constituyen un estímulo para la producción ovina en un momento “muy importante” para la producción. Aseguró que si el país pretende mantenerse compitiendo en el mundo con mejor producción de carne y lana, es necesario realizar este tipo de inversiones para continuar por el camino de la calidad, que se traduce, desde su punto de vista, en este “esfuerzo muy importante” de las distintas cabañas. “Creo que le van a hacer bien a la raza y dentro de unos años estaremos valorizando lo que realmente han producido estos animales”, señaló.

    No dudó en afirmar que la producción ovina es de los rubros más rentables en la producción primaria, porque “es el único en que invertís, y al año te devuelve la inversión y quedás con la máquina produciendo, mientras que entre el cordero y la lana se paga la inversión”. Rodríguez Britos señaló que es un rubro “muy especial” para los productores mediano y chicos, sobre todo para aquellos que viven en el campo y que pueden cuidar las majadas personalmente, con lo cual se minimizan o directamente desaparecen los problemas que aquejan hoy al sector como el del abigeato o el ataque de los depredadores como zorros, jabalíes o perros.

    Este productor sostuvo que “la apuesta” que encararon con esta inversión está basada en el valor de la carne ovina y en el buen precio de la lana Corriedale. “Creo que es una apuesta a la rentabilidad de un rubro que estuvo muy alicaído pero que hoy tiene sus mercados interesantes”.

    Border Leicester

    Por su parte, Federico Larrosa, titular de la cabaña San Carlos, una de las tres que importaron los dos carneros Border Leicester, indicó a Campo que la característica más importante de esta raza está determinada por sus condiciones reproductivas. La definió como una oveja que “señala bien”, que es “rústica”, “fuerte”, de “basadura negra mantenida” y que da muchos mellizos y “los cría muy bien”. Indicó que son animales grandes, del eje de los 65 a los 70 kilogramos, de cabeza y patas “destapadas”, que producen una lana gruesa similar a la Romney, “de vellón suelto, pesado, y con muy buen largo de mecha”.

    Los dos carneros importados pertenecen a la misma cabaña neocelandesa, Owen Scott, pero poseen líneas de sangre diferente. Ambos productos tienen un linaje de mellizos y trillizos, de alta reproductividad.

    Larrosa señaló que previamente a esta importación ya había ingresado al país genética australiana de una cabaña líder en la raza. Dijo que en los tres años que llevan en la crianza descubrieron sus beneficios, por lo que ahora decidieron “ponerle bastantes fichas” en función de los resultados experimentados.

    Sostuvo que el costo por animal ronda los U$S 6.000 y que no hubiera sido posible hacer la inversión si no hubiera encontrado otros dos “socios” para concretarla, y agruparse junto a otros cabañeros que importaron otras razas para hacer un volumen que justifique y licúe los costos de fletes y gastos de cuarentenas en origen y local.

    Larrosa contó que en la cabaña San Carlos comenzaron con Border Leicester a partir de la adquisición de una majada de sus vecinos de la cabaña Mangarú, de Otegui. Dijo que empezaron con 35 ovejas que eligió de entre las más puras, las cuales encerró con un borrego, “apretadas”, en el potrero de las mangas. El resultado fue entusiasmante: de esas 35 ovejas, 23 resultaron “melliceras”. Sobre esa base comenzaron a importar semen de Australia y a realizar trasplante de embriones. “Hasta ahora venimos a pura inversión”, sostuvo.

    Consultado al respecto de los argumentos muchas veces utilizados para justificar la reducción del stock ovino, como los problemas del abigeato y los depredadores, Larrosa afirmo que en la zona de Peralta, donde explota 1.700 hectáreas, ni él ni sus vecinos padecen de esas limitantes que para muchos productores es un verdadero flagelo.

    Sostuvo que tanto en sus campos como en los de sus vecinos, “la oveja anda muy bien”. Dijo que la de cordero es la carne que vale más y que la lana acompaña con buenos precios. Indicó que si se suma a esto un animal de “fácil cuidado” y “poco trabajo” no existen argumentos para no tener lanares en el campo. Reiteró que el ovino es “uno de los rubros que empuja más” y que piensa continuar avanzando en el crecimiento de la majada. “La oveja que tengo yo actualmente es de fácil manejo, y la verdad es que me deja flor de ingreso y me anda bárbaro”, aseguró.

    En el establecimiento, Larrosa mantiene, además de la población de vacunos, una dotación de un lanar por hectárea, “que no molesta para nada”. Dijo que las producciones se complementan totalmente en lo que comen y funcionan “realmente bien”.

    Aparte de los Border Leicester, la majada de Larrosa tiene base en Corriedale, Romney Marsh y Highlander. Los corderos son invernados a campo natural, sin el uso mejoramientos y, según señaló, “como son corderos pesados tradicionales, salen como de campo con un año, pesados, en setiembre u octubre y es un negocio que me cierra, no tengo mucho trabajo. No hay problema”.

    Además de la explotación de vacunos, donde trabajan con la raza Brangus colorado, en el establecimiento disponen de un tambo donde ordeñan vacas de la raza Jersey, que actualmente padece, al igual que el resto de los establecimientos lecheros, de los problemas de precio. Sin embargo, dijo que las vacas Jersey “andan bárbaro” y que por tanto, están “muy contentos”.