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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáJuan Marchini, contralmirante peruano en retiro, refiriéndose a la actual situación en Chile decía:
“La guerra cultural es la más silenciosa de las que ha emprendido la izquierda. En los últimos años, la izquierda se adueñó de los derechos humanos, tanto del discurso como de las instituciones. Esto llega incluso a niveles de vergüenza en las Naciones Unidas.
Luego se apropiaron de la memoria histórica. Los académicos de izquierda se han encargado de contar la historia desde su propia perspectiva. No solo la han contado, sino que la han reforzado con museos de la memoria, películas, documentales, obras de teatro y toda clase de arte representativo, además de las efemérides que a la izquierda le encanta rememorar, y en las que los delincuentes y criminales han sido transformados en héroes o víctimas.(…)”.
Para ejemplo de lo anterior basta con la película de Kusturika sobre Mujica, las conmemoraciones anuales de la toma de Pando, las marcas de la memoria colocando placas en lugares de supuestos hechos ocurridos en dictadura en que las víctimas fueron del bando subversivo, ninguna donde las víctimas fueron defensores del estado de derecho o simples víctimas civiles a mano de los delincuentes sublevados, etc., etc.
El martes 18 próximo pasado se colocó la piedra fundamental en donde fuera el Penal de Punta Carretas para, según sus impulsores, recuperación, construcción y transmisión de memorias de los centenares de luchadores sociales, políticos y gremiales presos en dicho penal en el convulsionado período 1968-1985. Obsérvese que el período comienza en 1968, época de democracia plena hasta junio de 1973, donde los allí detenidos habían sido juzgados por la Justicia civil ordinaria, con pruebas conforme a derecho, resultando procesados con prisión.
Por tanto, no eran ni luchadores sociales, ni luchadores políticos ni luchadores gremiales… Eran simples delincuentes.
Todos los 20 de mayo se realiza la marcha del silencio encabezada con las fotos de quienes dicen desaparecieron en dictadura, las mismas son de decenas y decenas de fotos; lo mismo sucede con un memorial construido en el Cerro de Montevideo, donde en una estela de vidrio están inscriptos los nombres de casi 200 supuestos desaparecidos, incluso en Wikipedia figuran los nombres de 195 desaparecidos, pero la realidad es que en la República Oriental del Uruguay fueron 32, cifra a la que llegó la Comisión para la Paz luego de años de investigación. En estos días, y a raíz de declaraciones del futro subsecretario de Defensa, se ha dicho que el número de desaparecidos no hace al fondo de si las FF.AA. actuaron bien o mal en el período de facto, lo cual puede ser cierto, pero sí lo es en esa construcción desfigurada de la historia de un período oscuro de nuestro pasado.
Todo lo anterior se inscribe en lo que la izquierda llama memoria histórica, o sea, contar la historia desde su perspectiva, pero veamos lo que dos prestigiosos historiadores han opinado al respecto: “Yo creo profundamente en la diferencia entre la historia y la memoria; permitir que la memoria sustituya a la historia es peligroso. Mientras que la historia adopta necesariamente la forma de un registro, continuamente reescrito y reevaluado a la luz de evidencias antiguas y nuevas, la memoria se asocia a unos propósitos públicos, no intelectuales: un parque temático, un memorial, un museo, un edificio, un programa de televisión, un acontecimiento, un día, una bandera. Estas manifestaciones mnemónicas del pasado son inevitablemente parciales, insuficientes, selectivas; los encargados de elaborarlas se ven antes o después obligados a contar verdades a medias o incluso mentiras descaradas, a veces con la mejor de las intenciones, otras veces no. En todo caso, no pueden sustituir a la historia” (Tony Judt).
Stanley Payne, autor de La represión durante la guerra civil y bajo el franquismo: historia y memoria histórica, sentenciaba, en 2006, en una entrevista para ABC:
“‘Memoria histórica’ ni es memoria ni es historia. Lo que se llama memoria histórica o colectiva no es tal cosa, sino una versión, o versiones, creadas por publicistas, patriotas, activistas políticos, periodistas o hasta por algunos historiadores interesados. Se trata esencialmente de mitos o leyendas creados acerca del pasado. Pueden tener alguna dosis de verdad empírica, o ninguna. La memoria es individual y subjetiva, nunca es “histórica” o “colectiva” como tal.(…)”.
Lo del principio, afrontamos una guerra cultural en que el objetivo son las mentes y corazones, ignorarla o eludirla nos llevará a convertirnos en una Cuba o Venezuela. Thomas Jefferson en dos de sus frases nos indica el camino a seguir: “Nada sobre esta tierra puede detener al hombre que posee la correcta actitud mental para lograr su meta. Nada sobre esta tierra puede ayudar al hombre con la incorrecta actitud mental. Confiemos en nuesra fuerza sin alardes y respetemos la de los otros sin temor”.
Roque Gallego