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    Gúguel.com

    Si se hubiera hecho una medición de opinión pública acerca del conflicto entre las Ceibalitas y Google, seguramente el 98% hubiera respondido “no sabe, no contesta”.

    Pero si se sube un (gran) escalón entre la plebe de los que caminamos con la pata en el suelo y los iluminados cerebros del Comité Directivo Central de la Universidad de la República, allí uno se encuentra con las verdaderas raíces del drama, de sus inesperadas (y, aparentemente por suerte) superadas terribles consecuencias, así como de los detalles de cómo el Uruguay se ha salvado, y ha preservado a su infancia, de los malditos designios del espionaje neoliberal, transnacional y vendepatria.

    Si bien el Gran Portavoz de la Decencia Informática y la Soberanía Cibernética fue el Rector Roberto Markarián, la Gran Descubridora de los Enormes Riesgos, y Propulsora de la Salvación Final fue la Decana de Ingeniería, doña María Simón, quien, en una sesión del Consejo Directivo Central (CDC) de la Udelar, les contó a sus azorados colegas que, mientras estudiaba vida y milagros del gran matemático don José Luis Massera, con motivo del centenario de su nacimiento, había detectado que los espías norteamericanos habían incluso fotografiado los documentos que Massera tenía sobre su escritorio. Ojo: como me está ocurriendo con frecuencia en esta columna, tengo que aclarar que esto no es broma, y que doña María se basó en estos argumentos para bombardear el posible acuerdo entre el Plan Ceibal y Google, porque, dijo textualmente, te lo juro por la memoria de la Vieja, “queda en cuestión la protección de los datos personales de los menores de edad alumnos de la ANEP en clara discordancia con la normativa vigente”.

    Después de la alarma señalada en el CDC por Markarián y Simón, tras descartar llamar a los bomberos informáticos, y de avisarle de estos peligros al Gran Jefe del Plan Ceibal, Miguel Brechner, que dijo que lo dejaran trabajar tranquilo y que prefería no hacer declaraciones públicas sobre el tema (me imagino que para preservar su relación con el CDC y sus directivos), hubo varias reuniones de altísimo nivel para analizar el tema, y todo terminó en lo que todos los uruguayos esperamos cuando se presenta un drama de esta magnitud: “¡qué Google ni Google!, ¡¡¡si hace falta un Google uruguayo y seguro para nuestros párvulos, lo hacemos nosotros!!!”.

    Y doña María (Simón) se ofreció generosa a poner manos a la obra. Y agregó que, en un par de semanas, el buscador oriental, celeste quenoninó y a prueba de espionajes transnacionales, estaría listo.

    Así nació el Gran Buscador Uruguayo “Gúguel.com”, el cual será incorporado a las ceibalitas a la brevedad, para tranquilidad de padres, madres, abuelos, abuelas, hijos, hijas y demás deudos y deudas. Nadie podrá espiarnos desde el Pentágono, el FBI, la CIA, el Fondo Monetario, el Banco Mundial, ni de ninguno de aquellos lugares horribles delante de los cuales Astori se sacaba fotos antes de ser ministro por primera vez con el Taba.

    Gúguel.com les permitirá, eso sí, a los alumnos de la ANEP, entrar en contacto con los verdaderos inventos que importan, sin que nadie desde el otro extremo les esté robando su identidad. No sea cosa que, mientras a alguno de los guachos se le da por averiguar, un suponer, cómo funciona un satélite, a través de los espías de Google les estén registrando “atención, Hermenegildo Minarrieta, domiciliado en Batoví 326, pueblo de Mariscala, Departamento de Lavalleja, anda averiguando cómo funcionan los satélites. Tomar nota de este potencial imitador clandestino de un invento norteamericano, para venderle los secretos al enemigo, tal vez Ejército Islámico, uruguayo peligroso registrado, over”.

    No señor. Eso no ocurrirá.

    En cambio, cuando el Herme (como le llaman en la Escuela Nº 23 de Mariscala “Maestra Adelfina Gutiérrez” al pobre Hermenegildo, a quien no le gusta nada su nombre, y hubiera preferido llamarse Luis, como Suárez) entre ahora en el Gúguel a buscar cómo funcionan los satélites, nadie le va a andar hurgando en los detalles de su nombre y su dirección, y los datos que le van a salir en la pantalla son los del satélite uruguayo aquél, el que amadrinó doña Carolina Cosse cuando mandaba en Antel, y que dio tres vueltas olímpicas al planeta, nunca transmitió más datos que los de la hora (“la señal indicará que al pasar el satélite uruguayo por arriba de la Antel son las doce horas, tres minutos”), y después se quemó como una bombita de luz de esas a las que se le saltan los alambrecitos incandescentes y quedan chamuscadas y listas para el cambio.

    La soberanía a salvo, muchachos.

    Y cuando los gurises anden buscando definiciones y significados, el Gúguel criollo no los transportará a la tramposa y nada confiable Wikipedia, donde cualquier fantasma neoliberal puede escribir lo que quiera, para confundir y lavarles el cerebro a nuestros niños.

    Ahora, el Gúguel.com los llevará a la Mujipedia, una enciclopedia especial, absolutamente uruguaya, y a salvo de la penetración intelectual de la derecha deformante.

    Si un niño pone, un suponer, “Calloia”, la Mujipedia le contestará: “En realidá  ejta palabra tá formada por dó palabra, a shabé, callo, por un lao, y por el otro, ia, y lo que quiere deshí é que shi tené un callo en un dedoelpié, te vadolé, y vó, cuando te pregunten shi eshacá que te duele, vashadeshí iá, eshacá, ¿tamo papá?”. Y a continuación aparecerán otros comentarios complementarios, como por ejemplo “Dísheshe tamién de un antiguo jerarca de lajminitrashión que fue injustamente prosheshao por emití unoshavale per-fec-to, ¿ta?”.

    En una palabra, cuando uno comprueba que a los niños uruguayos, para que no los espíen, les cambiaron Google por Gúguel, uno piensa si no hubiera sido mejor que el  rector de la Universidad, en lugar de ser don Roberto Markarián, hubiera sido su hermano Sergio, que al menos es director técnico.

    Hubiera sido un cambio mejor que los que nos viene haciendo el Maestro Tabárez, con los que no ganamos una.