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    Hablando de corrupción

    N° 1856 - 25 de Febrero al 02 de Marzo de 2016

    Casi todos bajo sospecha.

    Lo del Partido Popular en España recuerda al relato de Alí Babá y los 40 ladrones. Cada día aparece  una nueva “trama” con “populares” involucrados, por decenas. Y no se trata solo del PP; en España pasan el millar los casos de corrupción política  e implican a gente de todos los partidos. En estos momentos pos, y quizás preelectorales, y de “investiduras” exprés y contra natura, existe como un acuerdo para que el PP sea el “pagarín de la boda”. Con un gran aporte de material de los “populares”, por cierto.

    En Francia se ha abierto una nueva investigación judicial contra el ex presidente —y uno de los favoritos para repetir en el Eliseo— Nicolás Sarkozy. En Brasil parece que se cierra el cerco en torno a Lula —una “anguila muy resbalosa” difícil de asir, según dicen los brasileños— y la situación sigue bien difícil para la presidenta Dilma Rousseff.

    En todos estos casos hay algo en común: se trata de investigaciones del uso —o mal uso o abuso— de dineros y bienes públicos para la financiación de las campañas electorales y actividades proselitistas de sus fuerzas o partidos políticos.

    No se los acusa de “enriquecimiento ilícito”, de tener cuentas en Suiza o en “paraísos financieros” o propiedades millonarias fuera o dentro de fronteras. Por supuesto que no están libres de eso tampoco, pero lo concreto es que se los investiga y juzga por abuso de poder y uso de recursos públicos para financiar ilegítimamente su acceso o permanencia en el gobierno. Para continuar con la hegemonía del poder.

    Esto es, se los acusa de hacer trampa en las elecciones.

    Se los acusa de corrupción; de usar los bienes públicos en función de sus intereses particulares, o los de sus familias, o los de sus socios y amigos o empresas, las que luego “colaboran” y les financian “las campañas”.

    Todo está muy claro, pero no todos lo entienden y muchos lo justifican y defienden con el argumento de que “no se pusieron un peso en el bolsillo”.

    ¿Que no? Veamos.

    Sarkozy, durante su presidencia, cobró salarios por 1.300.000 dólares, a lo que se deben sumar las extras (dietas, estadías, viáticos, que nunca se sabrá cuánto). Más casa, comida y transporte. Ocupó el Palacio del Elíseo, espacioso y con muy buena ubicación en un París donde la vivienda es cara. Tuvo  entre secretaria, asesores, consejeros, choferes, valets, custodios, no menos de una cincuentena de empleados. Automóviles a discreción, casa de campo o de vacaciones y avión y helicópteros para uso exclusivo.

    ¿Cuánto debió haberse metido en los bolsillos Sarkozy para darse todos esos lujos?

    Iguales cálculos se podrían hacer con lo que gana —y cuesta— un diputado, un senador o un ministro. Muy buenos sueldos, secretarias y secretarios, autos con chofer, lugares de estacionamientos siempre libres y gratis, café, viajes, recepciones, viáticos, influencia y facultad para premiar (según lo que se necesita o se quiera) y castigar a amigos y enemigos. Más todo el gasto de administración y sin ningún problema con los organismos de seguridad social, fiscal e impositiva.

    ¿Cuán rica debería ser una persona para poder financiar un régimen de vida y de trabajo (sin horario ni control, a piacere y con largas licencias y vacaciones) de ese tipo? ¿Cuánto se necesita en “mordidas”, “cometas”, “sobornos”, para conseguir el dinero para pagar todo eso?

    Se dirá, y con razón, que eso es lo que el pueblo decide y que les paga por dedicarse full time a administrar sus asuntos. Pero eso solo vale cuando el pueblo lo decide libremente, en pleno ejercicio de sus derechos y sin ningún tipo de limitaciones para poder elegir.

    Aquí de lo que se trata es de “trampas”, “fraudes”, “engaños”, “abusos” para acceder a una posición muy privilegiada a la que no pueden llegar ni los muy ricos, y sin los problemas y los riesgos que apareja.

    Es mucho, entonces, “muy mucho” lo que se meten en los bolsillos a costa de la gente, de la que se burlan y a la que engañan y trampean.

    Se trata de corrupción mayor.

    Imagínese el lector el día en que les toque ser investigados a los Ortega, a Correa, Maduro, Evo, Kirchner (aquí parece que la cosa se pone en marcha, de la misma forma que para Lula se ha encaminado) y cuando se sepa lo que les ha costado a los cubanos mantener el nivel de vida y los gastos de Fidel Castro y sus familiares y amigos en estos 57 años en que ha sido el dueño de Cuba.

    © Danilo Arbilla. Derechos reservados. (Especial para Búsqueda)