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Ta fea pal borracho, el Dr Mormusulmán empezó a apuntar para ahí. Choborra: se te vino la cheno. Aunque en el caso del borracho es al revés, la mala noticia es el día, corrijo: se te vino el día, beodo, llegó la Dra. Queen of The Texas y se acabaron los cobóys en la cantina después de las 22hs.
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El problema no es la medida de no vender alcohol en lugares que no sean bares después de las 22hs (¿los clubes de básquetbol también?, si es así terminan de matar el deporte). El problema es que las autoridades estatales piensen que eso va a mejorar la convivencia y disminuir el alcoholismo, y que el Estado quiera protegernos de nuestras conductas alienantes y autodestructivas, estamos desconociendo la naturaleza humana, negando nuestra condición, emborrachándonos con el dulce aroma del buen pensamiento voluntarista.
Ojo, a todos nos preocupan las consecuencias del consumo problemático de alcohol: el borracho que provoca un accidente de tránsito, el que hace desmanes, el que se te agarra del cuello en los asados del trabajo y no te suelta (uno de los flagelos más terribles que provoca el alcohol), el que queda en loop repitiendo durante toda la tarde lo mismo como si fuera la primera vez, el borracho retentivo que no te deja irte de los lugares y se ofende si amagás a levantarte de la silla, el que se le da por cantar murga a los gritos, el tío que se pasa de rosca en el casamiento y termina tocándole el culo a una amiga de la novia, etc. Pero no es por ahí que se soluciona.
Lo que tiene que hacer el Estado es enseñar a tomar. ¿Cómo? Fácil: hay que mandar a los botijas (o adultos, pero mejor agarrarlos de chicos) que tienen problemas con el alcohol a clases prácticas. Meten a dos o tres de estos problemáticos con el alcohol en un boliche a las 9 de la mañana —los de turno matutino, los del vespertino arrancan a las 3 de la tarde— a tomar ahí con parroquianos previamente seleccionados para la tarea, van durante dos semanas, se les pasa lista y si no concurren se les pone la falta en el liceo o se les descuenta del sueldo de su trabajo. En dos semanas aprendieron a tomar, se los aseguro. Hay que armar una buena cátedra con exponentes de primer nivel: un Bahíllo, un Tolios, un Kesman, un Cachete Espert, una pena no tener al Sabalero porque era grado 5 el sabalero en saber tomar. Les nombro gente conocida pero hay un montón de anónimos que pueden cumplir ese rol que está buscando el Estado a la perfección: enderezar alcohólicos disfuncionales enseñando a tomar. ¿Por qué son problemáticos? Porque no saben tomar. En estas aulas de la vida (llámese cantina del Rápido Sport, El Perro que Fuma, o cualquier bar del interior que esté enfrente a la plaza) si no aprendés a tomar te volvés a tu casa con los bolsillos vacíos, con la cara llena de dedos, con un taco de billar en el esfínter, o con un pedo triste-traumático porque te agarraron de gil toda la jornada y te hicieron bullyng hasta hacerte sangrar el hígado.
Un ejemplo rápido: ¿se pone violento y cuando llega a su hogar le pega a su mujer?, un caso difícil, muy bien, a tomar durante dos semanas a la cantina del Montevideo Basketball Club, y después dos semanas más con Richard Read y un equipito de camioneros que él elija especialmente. Van a ver cómo a ese señor se le va el pedo violento al tercer o cuarto día. Un mes de clases de bebida con esos dos equipos armados a medida, y al hombre no le queda ni un atisbo de violencia vinculada al alcohol. Al día 12 ya vuelve a la casa con un ramo de flores, al día 15 lava los platos borracho sin romper ni un vaso, al 22 la invita a ir al Ballet del Sodre, y al día 29 les da de comer a sus hijos, los baña y los acuesta. ¡Y sin dejar de tomar!