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    Haciendo boca

    Mientras los uruguayos nos entreteníamos discutiendo sobre una historia oral de una muchacha víctima de la vieja malvada que mediante un teléfono celular con droga subcutánea te desmaya y después te rapta (aclaro para tranquilidad de los lectores que en el caso al que se hace referencia, como suele pasar con quienes narran estas historias, no se llegó a perpetrar el siniestro plan, más siniestro que cualquiera de los planes que las empresas telefónicas tratan de inducir a sus clientes, así que la chiquilina que ni conocemos y que nunca más escucharemos hablar ni nos interesa, está bien, dentro de las posibilidades, si se puede decir que alguien está bien con esa tendencia a la sugestión); en Laaargentina aparecía un ex secretario kirchnerista del Ministerio de Planificación revoleando un bolso con 9 millones de dólares hacia el predio de un convento donde viven unas monjas nonagenarias. Dicho así no suena muy verosímil, pero después cuando a uno le empiezan a contar los detalles, ahí sí…más difícil de creer. Y esto es aplicable a cualquiera de las dos historias, aunque una sea cierta y la otra no.

    Lo de la vieja que te inocula droga por medio de un celular y te vende al exterior desmayado (desconozco si a cuerpo entero o por órganos) resultó ser una antigua leyenda urbana que llegó acá cuando ya pasó de moda en la región; esto se está tornando insoportable: ahora hasta lo que no existe llega tarde a Uruguay. Algunos se preguntaban qué plan siniestro habría tras el esparcimiento del tenebroso cuento. La respuesta es fácil: el esparcimiento, justamente, a causa de su opuesto: el aburrimiento feroz que nos acecha. Aunque no deberíamos descartar una movida estratégica de incitación a la gerontofobia para solucionar el drama de la previsión social uruguaya y alivianar las esperas en ASSE. Ancianas con celular: piensen dos veces antes de pedir ayuda; hoy el joven sale de su casa decidido: “la primera doña que se arrime con celular a pedirme que se lo desbloquee, la desmayo de una trompada, la arrastro hasta una volqueta y se acabó la vieja subcutánea”.

    El caso del ex secretario K, medalla de oro en lanzamiento de bolsos con guita a monasterios que últimamente no viene tomando buenas decisiones de vida, es parte de la más absurda e inverosímil realidad argentina, y ni siquiera se agota ahí: el monasterio tenía bóvedas en la capilla, tapadas por una alfombra, descubiertas por perros que olfatean billetes; y seguridad perimetral con cámaras de tecnología avanzada y un cerco de alambres de prisión de máxima seguridad. O las monjitas son agentes encubiertos del Mossad o ahí se guardaba algo más que hostias y vino. El convento de monjas —que al final no eran monjas propiamente dichas, pero sería largo de explicar— como aguantadero de la guita, es una obra de arte del delito que no deja espacio a la ficción. Último detalle: ¿cómo se llamaba el ciudadano que avisó a las autoridades de esta extravagante escena con el ex secretario tirando un bolso de billetes a un convento metralleta al hombro? Jesús. El guionista de Dios es muy superior a cualquier guionista de los mortales, pero no escribe capítulos para este lado del río.

    La realidad en Laaargentina se puede ordenar en dos etapas. Etapa 1: nada es lo que parece. Etapa 2: lo que finalmente es, no parece cierto. La realidad en Uruguay funciona por sustracción: nada es nada, o todo es nada; como que no nos pasan cosas, los acontecimientos no suelen suceder a menudo. El último evento relevante que tuvimos, sacando la vieja subcutánea, fue la confirmación de que no encontraron petróleo en nuestras costas. La revelación de la nada.

    Es bastante peculiar esto que nos sucede con los hermanos argentinos. Son el bicho más parecido a nosotros que hay en el planeta, al punto que para terceros somos imposibles de diferenciar, en la mayoría de los casos porque no están al tanto de nuestra existencia, pero incluso quienes tienen una vaga idea de que existe algo llamado uruguayo no consiguen distinguir. Y al mismo tiempo no hay nada más diferente a nosotros; hemos forjado personalidades por contraposición. Ellos son todo intensidad, creatividad, fervor, euforia, y nosotros lo contrario (no me hagan enumerar que me da una pereza horrible, no se me ocurre nada divertido y, además, me deprime).

    De un porteño cualquiera, el más tranquilo, hacemos 2 o 3 uruguayos. Si consigue 500 mililitros de argentino, le agrega agua hirviendo y revuelve bien, saca 2 litros de uruguayo tranquilamente, y hasta capaz que sobra un poco para hacer un uruguayo chiquito, un Lessa, un Amado, un Javier García.