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    Haciendo boca

    ¿En qué se parecen Donald Trump, Eduardo Bonomi y Pedro Bordaberry? En que los tres casos nos recuerdan que, como humanidad, nos sigue gustando más el linchamiento público que faltar al trabajo. Demuestran que no estamos dispuestos a restringir nuestra interpretación a lo que estrictamente digan los actores, por el contrario: le vamos a agregar y/o recortar todo lo que sea necesario para que sus palabras confirmen nuestros prejuicios.

    En orden cronológico:

    Eduardo Bonomi.

    El problema no es lo que dijo (“conviene no resistirse ante una rapiña armada”), lo dicen las madres, los curas, las ONG de familiares de víctimas de la violencia, el Polígono de Tiro, y el club de amigos de George Almendras, y no pasa nada; lo inconveniente es el momento y quién lo dice. Se entiende. Pero pregunto: ¿alcanza para generar tal repudio virulento y manifestaciones en su contra o es que la gente se quiere sacar las ganas nomás? Seamos honestos: nada de lo que diga Bonomi va a caer bien. Su silencio tampoco: le van a recriminar que no da la cara. Y si solo aparece para dar sus condolencias públicas, dirán que el ministro del Interior es un hipócrita que cobra por dar el pésame en conferencia de prensa. Si se pone un chaleco antibalas, agarra el bufo y sale a patear ranchos será visto como un golpe de efecto para hacer comer a la gilada, y así ad infinitum. Creo que a Bonomi no se le valoró que está mucho más medido, por lo menos en este caso no acusó directamente a la víctima para sacarle responsabilidad a su Ministerio, simplemente lo sugirió mediante un consejo válido.

    Pedro Bordaberry

    Lo que hizo fue de una torpeza única, tanto que pasó Bonomi por el Parlamento y dijo que Pedro no sabe declarar, que se entierra solo, y que mejor se consiga un amigo que le avise cuándo callarse la boca. Bordaberry no solo puso la cabeza en la guillotina, sacó la cabeza del propio Bonomi, y metió la suya ahí sin que nadie se lo pidiera, por nada. Por formular una hipótesis que requería una concatenación de situaciones imposibles (los votos legislativos del FA para censurar a Bonomi, sabiendo que lo hacían para que el presidente lo respaldara y hubiera que disolver las Cámaras y llamar a elecciones legislativas), y que nadie que estuviera viéndolo en la tele iba a entender. Cuando quiso acordar estaba hablando de disolución de las Cámaras y elecciones legislativas anticipadas, la demostración de que su ingenuidad, el desconocimiento de las masas, y la negación de su apellido no tienen límites. Me imagino al resto de la oposición mirándose entre sí y preguntándose: ¿Pero qué pasó? ¿Cómo fue que cambió el eje de la indignación popular así repentinamente? ¿Si teníamos al FA en la picota, con toda una semana por delante para expresar y convencer mediante ese placer que los dioses reservaron al ser humano que es la indignación? Respuesta: pasó Pedro haciéndose aPedrear como de costumbre. Una gilada indigna de un político mayor de 16 años, pero de ahí a decir que mostró su esencia golpista, o “quiso disolver las Cámaras” (algo privativo del Poder Ejecutivo), es una burrada inconcebible que no repara mínimamente en el contenido de las palabras ni de la Constitución.

    A Pedro no se le valoró que, justamente, quería hacer lo que se le olvidó al cabezotas de su padre: llamar a elecciones legislativas anticipadas. Esa parte del Art. 148 debe ser la que más veces leyó Pedro en su vida.

    Donald Trump

    Antes que nada: Trump es un error del sistema democrático que va a arreglar Hillary en la votación del 8 de noviembre. No debió llegar tan lejos. Pero el vuelco final en esta campaña lo genera un diálogo captado en el 2005 por un micrófono prendido en una conversación privada (aunque no exista más la noción de lo privado y es bueno ir admitiéndolo), en donde dice unas ordinarieces acerca de una mujer que espera para entrevistarlo. El tipo dice, más o menos, que cuando sos una estrella las minas te dejan hacerles de todo, pone un ejemplo soez, y pide unas pastillas tic-tac por las dudas de que la tenga que besar. Me quieren convencer de que este diálogo hay que tomárselo en serio y condenarlo desde la solemnidad para hacer una sociedad mejor. Un tipo que habla como un mono adolescente recién salido del “Planeta de los simios” (un boliche de monos y algunos integrantes de la Guardia Republicana), en el que no consiguió levantarse nada. ¿Y entonces es un sexista violador en potencia? ¿Es un apologista del abuso a las mujeres? No, o al menos no se desprende de sus palabras. Es apenas un idiota diciendo gansadas. Pregunto: alguien que dice “si este no hiciera goles se moría virgen”, ¿está planteando que habría que prohibirle las relaciones sexuales a Tévez? ¿Le está deseando la muerte al puntero de la selección peruana? No, usa el derecho a hacer comentarios estúpidos que tiene cualquier ciudadano.

    Estamos tan desesperados por hacer juicios de valor sobre sus personas que tomamos de forma lineal y arbitraria sus palabras, con el apuro del linchamiento urgente antes de que nos cierren Twitter y Facebook sin condenar a este violador potencial, golpista encubierto, o ministro cínico. Ellos serán lo que quieran, pero nosotros somos alérgicos al pensamiento, acelerados, y oportunistas. ¿No somos graciosísimos?