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    Historias de piel dura

    Cuentos con perros: 15 relatos de autores clásicos

    La televisión representó su bondad o heroicidad con Lassie, la perra collie más famosa, o con el ovejero Rex, más hábil que la policía. Los dibujos animados los han creado tiernos o ingenuos, cuando no bastante tontos, y por el cine han pasado también los que meten miedo o los que fueron marginados, como los personajes de la última película de Wes Anderson (ver recuadro). El perro ha sido especialmente atractivo como personaje literario y aparece en los textos más antiguos, como en la Odisea. Allí está Argos, el perro de Ulises, que esperó 20 años a que su dueño regresara a Ítaca y murió a sus pies el día en que lo volvió a ver. Un momento breve y emotivo que aparece al final de la obra.

    Para conocer algunas de las historias que los tienen como protagonistas, hay que leer Cuentos con perros (Alfaguara, 2018), un libro que reúne 15 relatos de autores clásicos de todas las épocas. Por ellos deambulan canes tan fieles que pueden pasar meses llorando en la tumba de su dueño, o tan sabios que huelen la muerte y la maldad cuando andan cerca, o tan salvajes que se vuelven asesinos.

    El nombre de Jack London remite a tierras frías, hombres curtidos y perros de piel dura como el acero. Justamente uno de esos perros es Buck, protagonista de Por el amor de un hombre. Cuando su dueño lo rescató, Buck estaba al borde de la inanición. Si bien había pasado por varios dueños que lo habían tratado bien, solo con John Thornton, su salvador, “conoció el amor, el verdadero amor”. Pero Buck es un perro salvaje de colmillo blanco y largo pelaje, y su adoración la expresa de una forma bastante salvaje: muerde la mano de su dueño con las mandíbulas tan cerradas que sus dientes quedan impresos en la carne del hombre. Con los días, su fortaleza se irá incrementando hasta convertirlo en un perro indestructible, el más temible del helado pueblito de Alaska. Un cuento que habla de lealtades y de miserias. Las primeras son caninas, las segundas, claro está, son humanas.

    Varios perros son protagonistas de La insolación, de Horacio Quiroga, que integra su famoso libro Cuentos de amor, de locura y de muerte. Todo el ambiente quiroguiano aparece en esta historia que se desarrolla en el Chaco, en un campo reseco por el sol infernal del verano. Allí vive mister Jones, cuyo destino ya está marcado. Y sus perros, Old, Milk, Dick y Prince, se dan cuenta cuando lo ven aparecer en la esquina del rancho: “Tenía aún la mirada muerta y el labio pendiente tras su solitaria velada de whisky, más prolongada que las habituales”.

    El relato está narrado desde la perspectiva de los perros, que hablan entre ellos y lloran en coro en la puerta del rancho cuando intuyen que su amo va a morir. Ellos han visto rondar la muerte entre el sopor del calor como una figura fantasmagórica que los engaña y les eriza los lomos. Igual le sucede a quien lee este cuento, que termina con los pelos de punta.

    Toutouque es el título de la historia de Colette, una de las más destacadas escritoras francesas del siglo XX. En este cuento, relata la historia de una perra de pelo amarillo, encantadora: “Nunca hubo perro o mujer en el mundo que recibiera, en su lote de belleza, unos ojos comparables a los de Toutouque”, dice la narradora. Además de bella, la perra es muy inteligente, aprende a distinguir más palabras que los de su especie y puede cuidar cachorros ajenos. Todo es espléndido hasta que aparece la perra del vecino con la oreja desgarrada, y entonces los dueños de Toutouque se dan cuenta de que hay un ser siniestro encerrado en el envase de “la más dulce de las criaturas”.

    Uno de los mejores cuentos del volumen es de Ray Bradbury: El emisario. El protagonista se llama Perro, así de simple, y es la mascota de Martin, un niño que está muy enfermo, postrado en una cama. Perro es quien le trae noticias del exterior y se las cuenta con su propio cuerpo: “Martin movió los dedos, buscó en el pelo largo, leyó el largo viaje. Por campos de rastrojos, sobre los centelleos del arroyo en la cañada, las extensiones de mármol del cementerio, en los bosques”.

    Hasta que un día “el emisario” desaparece durante un tiempo demasiado prolongado, tanto que para Martin “el mundo estaba muerto”. Pero el perro regresa, aunque con algo extraño: “Era un olor de noche dentro de la noche, el olor de la tierra cavada en las sombras, una tierra donde había habido cosas estropeadas, mucho tiempo”. Una narración poética para contar una historia escalofriante. Y de nuevo los pelos de punta.

    Otro perro inteligente en la pluma de otra mujer: Patricia Highsmith. La genial escritora norteamericana fue maestra de historias de suspenso y crimen, y justamente su cuento Allí estaba yo, atrapado con Bubsy, integra un volumen titulado Crímenes bestiales. En esta historia hay un perro viejo, Barón, que odia a su nuevo amo llamado Bubsy, con quien deberá acabar sus días. Hay una mujer llamada Marion a quien el perro adora y quiere convencer de que lo adopte. Y al final lo logra, pero antes ocurrirá una verdadera carnicería.

    El perro que vio a Dios se titula el cuento del italiano Dino Buzzati. Ambientado en un pueblo llamado Tis, cuenta la historia de un panadero miserable que lucra con el hambre de los más pobres. Pero un día aparece un ermitaño y tras él un perro y con ellos otro destino para Tis. Cuando el ermitaño muere, el perro se queda en el pueblo y será el vigilante silencioso de ladrones, estafadores y seres mezquinos, hasta que convierte a la aldea en un pueblo mejor. Un cuento espectral, de tiempo lento y de sabiduría profunda.

    Antón Chéjov, Doris Lessing, Tobias Wolff, George Steiner y Daniel Moyano están entre los otros autores que aparecen en Cuentos con perros. El primero de sus relatos es breve y anónimo, de esos de tono legendario, que encierran una moraleja. Se remonta al origen de la creación, cuando Dios creó primero al hombre y luego a otros animales. Según este relato, Dios le dijo al perro que entre los otros seres había uno que iba a ser su amigo “para toda la vida”, pero que tenía que descubrirlo. Y el perro va y lo descubre. Una historia que ya perdió toda la gracia.

    Si los gatos hicieron lo mismo, no se sabe. Habrá que leer Cuentos con gatos, un volumen que salió en paralelo al de los perros, también con diversos autores. Pero esas son otras historias.

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