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El antes y el después en la carrera de Martín Buscaglia
El cantautor celebra los 20 años de El evangelio según mi jardinero con un concierto en formato banda extendida, con los Bochamakers All Stars, el jueves 4 en Sala del Museo
Brain brain go away. / Come to play another day. Martín canta esta tonadita infantil en inglés y en falsete. A continuación, hace una frase pegadiza y envolvente en el bajo, que se repite varias veces con el pulso marcado por un palmeo de manos. El redoblante hace un rulo y Martín vuelve a cantar: Cerebro, cerebro, gracias por estar en mi cabeza y no en mis rodillas. / Si no, no podría hincarme a rezar ni cumplir esa promesa que no puedo revelar. / Gracias, cerebro, por dejarme en paz. Sobre el groove permanente del bajo, que repite ese leitmotiv como un mantra, entra un banjo sutil, apenas pulsado, se oye el balido de una oveja y a continuación irrumpe el vozarrón imponente del brasileño Arnaldo Antunes, que proclama: Orgasmo. Martín y el brasileño cantan la segunda estrofa: Orgasmo, orgasmo, gracias por estar dentro de mi piel y no en mi alcancía. / Si no, no podría ahorrar, me fundiría. / Gracias, orgasmo, por dejarme en paz. Entran entrelazados una guitarra y un saxofón, que juguetean divertidos por unos pocos compases. Vuelven los cantantes, cada uno en su registro, uno en español, otro en portugués: Envidia, envidia, operas la radio del pueblo fantasma, y esa frecuencia no logro escuchar. / Mis pies son de viento, mi mente de ámbar. Hasta que se escuchan, sampleados, los icónicos golpes de batería de Phil Collins en In The Air Tonight y el tema explota en su clímax rítmico, instrumental y vocal. Es el más reconocible de una multitud de samples que adornan la canción y el disco.
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Así comienza Cerebro, orgasmo, envidia, Sofía, el tema que abre El evangelio según mi jardinero. Así comienza el tercer disco de Martín Buscaglia, su obra consagratoria y más recordada. Un disco que plasmó una sofisticada y personalísima mezcla de funk, pop, psicodelia, candombe, tropicalismo y canción rioplatense, y que se transformó en un clásico de la música uruguaya del siglo XXI. Tanto es así que este jueves 4 de junio su autor celebrará los 20 años de su publicación con un recital especial en Sala del Museo (Museo del Carnaval) junto con Los Bochamakers, la banda que lo acompaña desde, precisamente, la aparición de este disco. Será a las 20, con entradas en RedTickets, y según se anuncia, será con banda extendida (Bochamakers All Stars), integrada por Nicolás y Martín Ibarburu (guitarra y batería), Matías Rada (guitarra), Nacho Mateu y Mateo Moreno (bajo), Herman Klang (teclados) Coby Acosta (percusión) y el Coro Canana, integrado, entre otros jóvenes cantantes, por Juana Buscaglia, hija de Martín, que incursiona como artista. Un dream team.
El repertorio consistirá en el disco completo, con sus 15 canciones tocadas en el mismo orden: la que acapara el comienzo de esta nota, la que da nombre al disco y una rocambolesca sucesión de nombres que bien podría ser la letra de una sola canción de este disco impredecible, imaginativo, surrealista e inefable al extremo: Ante la duda todo, Lavapiés-Jesus is my coach, Trivial Polonio, Chúpame la mente cable, El toscano del papa, Lovin’ you, Vagabundo, Presiento que esta noche soy un lirio, Ocelote alondra, Jim Bean Dream, Viajar contigo es como escuchar la vida secreta de las plantas, La momia gitana y Budismo tropical.
Martin Buscaglia 2
Martín Buscaglia.
Alejandro Persichetti
Cerebro, orgasmo, envidia, Sofía, la canción más conocida y más trascendente del disco, encierra en su poesía algo que según Buscaglia es “una obsesión, un interés que no caduca”: “Intentar que lo que es sencillo parezca complejo y que lo que es complicado parezca sencillo, y que lo que es profundo parezca leve y lo liviano, profundo. Eso lo veo en los arreglos, en las letras, en las armonías. Que una canción de dos acordes parezca llena de cosas, y al revés también. Por ejemplo, en la canción que se llama igual que el disco, Sí puedes…, hay una complejidad rítmica muy sutil pero al mismo tiempo traté de que fuera lo más fácil posible de cantar. Me fascina esa contradicción”, dijo Buscaglia a Búsqueda cuando contó la historia de este disco. “Esa canción es algo cercano a una poesía concreta mía, un género del que Arnaldo es un maestro, y por eso lo invité a cantar; él es de San Pablo, que es una ciudad donde proliferan los poetas concretos”. Y destaca un detalle revelador: la batería, bien funk, la toca Nico Ibarburu.
El evangelio según mi jardinero es un álbum más español que uruguayo. Buscaglia lo grabó en Madrid, fue publicado por el sello español Lovemonk (en Uruguay, licenciado a Ayuí) y el nombre alude a un escritor español, amigo de Buscaglia.
“Después de pasar varias temporadas tocando en cruceros por el Caribe, en los primeros años del siglo, empecé a ir a España con (el trombonista) Martín Morón. Tocábamos en bares, boliches, teatritos, y si no conseguíamos dónde tocar, lo hacíamos en la calle, de un modo muy amateur, en el parque del Retiro o en la calle Preciados. En uno de esos toques nos vio el dueño de Lovemonk, un sello español con el que sigo sacando discos hasta hoy. Primero me propusieron reeditar allá Plácido domingo, mi segundo disco. Me resultó muy estimulante que se entusiasmaran así con ese trabajo. A esa reedición le sumé un tema nuevo, Ir y volver, y le fue muy bien allá. Entonces me quedé a vivir un tiempo allá y los de Lovemonk me ofrecieron grabar un disco nuevo”.
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El evangelio según mi jardinero fue el primer disco que Buscaglia grabó en un home studio, un estudio casero, un formato que en ese momento era novedoso. “Era el advenimiento tecnológico, cuando se democratizó el acceso a los equipos para grabar. Desde entonces siempre grabé en estudios caseros, hasta ahora, que voy a volver a grabar en un estudio grande, en Sondor. La música es una cinta de Moebius. Todo vuelve. En ese momento aquello era novedoso, y hoy lo es volver al estudio”.
La boca del metro de Lavapiés
El home studio pertenecía a un tal Pablo Jones, un percusionista que tocaba en la banda de rock Radio Tarifa y estaba situado en el barrio Lavapiés (en la calle Mira el Sol). A ese histórico barrio, el más cosmopolita de Madrid, Martín le dedicó una de las canciones del disco, Lavapiés. La segunda parte de ese tema —Jesus is my coach— retrata a Jesús Carrasco Jaramillo, un escritor español que hoy goza de un importante prestigio, pero que en ese entonces era un incipiente productor musical, amigo de Buscaglia, por supuesto, a quien Buscaglia homenajea como a un gran maestro de la vida. “Lavapiés es una intersección entre dos tipos de canción que cohabitan en este disco: el lado más cancionero, que es Lavapiés, y el lado más funkero, más rítmico, que es el de Jesus is muy coach. Es como un animal mitológico, una mezcla de dos bichos. Primero es una postal del barrio y después es un funk bien fiestero. Es un grifo: cabeza de león y alas de águila”.
Qué pena me da la mujer de los altavoces. / Que informa que por reforma va a estar cerrada la línea tres. / Con lo que a mí me gusta cada vez / sentir el viento que sopla en la boca del metro de Lavapiés. Así comienza la canción, con el sonido sampleado del anuncio sonoro de los metros madrileños y una grabación del abrir y cerrar de puertas de un vagón. Es una letra completamente inspirada en las calles de ese barrio popular, de clase trabajadora y habitado por inmigrantes de todo el mundo, muy cercano al casco histórico madrileño.
El evangelio según mi jardinero fue grabado por un tridente compuesto por Buscaglia, Nicolás Ibarburu, quien se instaló en Madrid durante los dos meses que insumió la grabación, y Campi Campón, un músico catalán y sonidista que debutó como productor en este disco y hoy es un renombrado productor ganador de premios Grammy con varios discos de Jorge Drexler.
Martin Buscaglia 3
Martín Buscaglia.
Alejandro Persichetti
Algunas canciones del disco son preexistentes. Otras fueron compuestas por Martín durante la grabación. “Algunas las cantábamos en las calles y los boliches con Morón en esos años previos, como Ante la duda todo, que era una milonga con infinitas cuartetas. Elegí algunas para grabarlas. Trivial Polonio, hecha en décimas, ya la tenía hecha en Uruguay, y El toscano del papa, tema muy psicodélico que tocaba desde hacía varios años con Cheche Etchenique, a quien por eso invité a grabar la batería”.
Buscaglia cuenta que la grabación fue “bastante concreta”, durante dos meses, en el verano boreal de 2005. Después Martín volvió a Montevideo a fines de ese año para acompañar a su padre, Horacio Buscaglia, en sus últimas semanas de vida. “Mi viejo ya estaba mal. Me volví y se murió muy poco después. Lo mezclé acá, con Daniel Báez, en su estudio Octopus, y viajé a Buenos Aires a grabar a Juana Molina, que hace los coros en Trivial Polonio, y a San Pablo a grabar a Arnaldo Antunes (Cerebro...). En esas vueltas el viejo llegó a escucharlo, pero tristemente se fue antes de que se publicara”.
Así explica Buscaglia el abundante uso en este disco del sample, recurso que en ese momento era novedoso: “Son todos samples pequeños. Ninguno está usado como esqueleto de la canción. Ninguno es usado como lo usan el rap y el hip hop. Es un gesto sentimental y un guiño a los años 80. Ese recurso era muy interesante, porque permitía hacer música con swing a gente que no dominaba instrumentos, pero siento que hoy es algo muy reiterativo y aburridísimo. Me aburrió hace mucho, y a mí me gusta encontrar la novedad siempre en la creación musical”.
Para el concierto del jueves 4 Buscaglia solo hace dos promesas: “Vamos a tocar El evangelio… de principio a fin y va a ser una linda fiesta de música”.