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    Hitler y las mujeres

    Extraña el empeño que los aliados pusieron en conocer la actividad sexual de Hitler durante los interrogatorios a los nazis detenidos. Hasta Stalin se interesó personalmente por la cuestión. Una de las preguntas más insistentes —además de saber si Hitler había tenido relaciones sexuales con sus parejas— era la que apuntaba a sus genitales, pues se creía que el líder nazi solo tenía un testículo.

    Esta pregunta ocupó buena parte de los interrogatorios que los rusos le hicieron a Heinz Linge, aunque el ayudante personal del Führer jurara que nunca le había visto los testículos. El médico Erwin Giesing, que asistió a Hitler más de 60 veces durante las semanas posteriores al atentado de julio de 1944, declaró ante los estadounidenses (junio de 1946) que había estudiado palmo a palmo al paciente sin encontrar nada especial.

    Los rivales y enemigos del jefe nazi echaron pronto a rodar datos falsos sobre su sexualidad. Algunos le adjudicaron hijos naturales, otros sostenían que era homosexual y un tercer grupo insistía en que era perverso. Pero quienes vivieron como una sombra de Hitler durante más de 10 o 15 años no estaban en condiciones de asegurar ni una cosa ni la otra. Los investigadores más serios no han llegado a una conclusión definitiva.

    La soltería de Hitler tiene, en parte, explicaciones ideológicas: no me puedo casar con una mujer de carne y hueso —decía— pues mi esposa es Alemania. Se apreciaba el valor mítico que un conductor (führer) soltero ejercía en las mujeres de todo el país: el día que ese hombre estuviese casado, la ilusión de ocupar el puesto de esposa se habría desvanecido. Miles de cartas de amor de mujeres alemanas apoyan esta teoría.

    Las mucamas estudiaban detenidamente las sábanas de Eva Braun —la amante secreta— pero nunca pudieron descubrir huellas de actividad sexual en ellas. Sin embargo, sabían que Eva tomaba pastillas para suspender la menstruación cuando estaba por llegar Hitler.

    Como su padre Alois, que tenía 39 años cuando inició una relación extramatrimonial con Klara, de 16, el hijo era 23 años mayor que Eva Braun.

    Pero a diferencia de su padre, Hitler parecía contentarse con el amor platónico. Jamás hablaba de sexo. Por el contrario, fue un gran defensor de la moral pequeñoburguesa: si veía o se enteraba de que entre sus colaboradores se estaba gestando una relación de pareja, apuraba el casamiento; si surgía la amenaza de un divorcio, intervenía rápidamente para impedirlo. Obligó a Goebbels a seguir casado con su esposa Magda hasta el final.

    La primera novia de Hitler fue María Reiter. Ella tenía 16 años y él 37. Cuando la relación terminó, María intentó ahorcarse con una cuerda. Su segunda “pareja” (entre comillas, pues si bien vivían juntos y juntos participaban en la vida social y cultural, nunca se supo que tuviesen una relación carnal), fue Geli Raubal, de 18 años de edad e hija de su media hermana Ángela.

    Hitler y Geli eran inseparables y en la vivienda común tenían los dormitorios pegados. En 1931, Geli tomó la pistola de Hitler y se suicidó. Fue la crisis sentimental más fuerte y duradera en la vida del Führer.

    En 1929, Hitler, con 40 años, conoció en el estudio de su fotógrafo personal a Eva Braun, de 17. Sabemos que, por lo menos hasta 1932, no tuvieron relaciones. Totalmente desinteresada de la política, Eva no entendía por qué su novio no pasaba más tiempo con ella. Las cinco campañas electorales de 1932, los cientos de discursos en más de 50 ciudades que dio Hitler ese año no eran motivo, según ella, para que él no la visitara más a menudo en Múnich.

    En agosto de 1932, Eva se disparó un tiro en la garganta. Hitler la visitó, vio que ya estaba mejor y regresó urgentemente a Berlín.

    Tres años después, Eva se volvió a quejar en su Diario por la ausencia de su novio. Se tomó un frasco entero de pastillas para dormir pero su hermana Ilse llegó a casa a tiempo para salvarla.

    Ese mismo 1935 llegó a Alemania la aristócrata inglesa Unity Valkyrie Mitford. Muy alta, muy rubia y muy joven (tenía 21 años), la enérgica hija de Lord Redesdale tenía la ambición de conocer personalmente a Hitler —de quien estaba enamorada— y de casarse con él. En su Diario, Unity detalló 140 encuentros con el Führer, quien la acomodó en Múnich y la llevó consigo en sus viajes, haciéndola incluso dormir en su cupé personal.

    En agosto de 1939, cuando Inglaterra le declaró la guerra a Alemania, Unity se disparó un balazo en la sien. Era la quinta vez que una mujer se suicidaba, o intentaba hacerlo, por Hitler.

    “Hoffmann”, le dijo el Führer a su fotógrafo y amigo: “le tengo miedo a las mujeres: cada vez que me acerco a ellas terminan mal”.