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    Hogares del sur viven menos hacinados y con más bienes de confort

    Más allá de que muchos departamentos aún no registran contagiados, las familias uruguayas han estado, durante algo más de un mes, resguardadas en sus domicilios como parte de la estrategia para contener la expansión del Covid-19. El confinamiento se realiza en condiciones distintas, no solo desde lo laboral —entre aquellos que pueden teletrabajar y los que cortaron temporalmente su vínculo—, sino en cuanto a las comodidades que poseen.

    La Encuesta Continua de Hogares (ECH) del Instituto Nacional de Estadística (INE) para el año 2019 muestra que, tanto respecto a los niveles de hacinamiento como de confort, los hogares que viven al sur del país están en mejores condiciones para enfrentar el encierro.

    Por un lado, los hogares en contexto de hacinamiento tienden a ser más frecuentes en los departamentos del norte, donde 16 de cada 1.000 familias viven en esta situación. En el sur, la relación es de 1,3% (13 de cada 1.000). 

    Por otro, los electrodomésticos y otros artículos de confort que contribuyen a mejorar las condiciones de vida —y en particular en plena cuarentena— no se caracterizan, en general, por ser de fácil acceso y, de hecho, su distribución es bastante desigual por departamentos.

    Hacinamiento

    De acuerdo con la definición del INE, una familia se encuentra hacinada si en la vivienda residen más de dos personas por habitación, sin contar el baño y la cocina. A partir de los microdatos de la ECH de 2019, divulgados por el INE el miércoles 1º, Búsqueda calculó el porcentaje de hogares que vive en esas condiciones por departamento y por región geográfica.

    En el centro-norte (Paysandú, Río Negro, Tacuarembó y Cerro Largo) era de 1,7% de los hogares. En el norte (Artigas, Salto y Rivera) 1,4% vivía hacinado, igual que en el sur (Colonia, San José, Montevideo, Canelones y Maldonado), en tanto que en el centro-sur (Soriano, Flores, Florida, Durazno, Treinta y Tres y Rocha) era 1%. Los departamentos con menos proporción de hogares en hacinamiento fueron Flores y Florida (ambos con 0,5%), mientras Canelones y Montevideo (1,7%) empujaron al alza el promedio de la región meridional.

    Por departamentos, la mayor proporción de hogares en condiciones de hacinamiento se registraba en Paysandú, con 2,5%.

    Sin embargo, si se hila más fino, Flores es el único departamento en el que, según la ECH, en ningún hogar vivían más de tres personas por habitación, lo que podría verse como un segundo grado de hacinamiento. Del otro lado, en Cerro Largo, Paysandú y Montevideo se registraban hogares con más de seis personas conviviendo bajo el mismo techo.

    Confort

    Otro factor que en general —y más durante estos días de aislamiento social— contribuye a mejorar las condiciones de vida son los denominados “elementos de confort”, entre los que el INE releva el calefón, el lavarropas o el lavavajillas, así como los servicios de telefonía e Internet y ciertos vehículos a motor (autos y camionetas, por un lado, y ciclomotores por otro).

    Considerando una “canasta” de estos artículos confeccionada con microdatos de la ECH de 2019, los hogares de los departamentos sureños eran los que tenían un mayor acceso. Además, a mayor distancia de la capital, la cantidad promedio de elementos de confort con los que contaban las familias disminuye progresivamente. 

    Electrodomésticos

    Sea porque hacen más sencillas las tareas domésticas o porque contribuyen al bienestar familiar, los electrodomésticos son, entre los “elementos de confort”, los que están presentes en mayor proporción de los hogares. Una vez más, la región centro-norte es donde menos familias los poseían en 2019; la excepción son los calentadores instantáneos, aunque esto, quizás, se deba a un menor acceso a calefones o calderas (apenas uno de cada dos hogares cuenta con uno, mientras que en el sur prácticamente todas las familias tienen).

    Los hogares montevideanos tenían, en promedio, casi cinco electrodomésticos diferentes, cifra que los ubica en la posición más cómoda de todos los departamentos. Pero incluso entre los sureños hay ciertos electrodomésticos que mostraban una distribución poco uniforme: los lavavajillas (5) y secarropas (3) presentaban coeficientes de variación bastante más altos que los de los elementos de confort en conjunto (0,3), lo que evidencia una mayor desigualdad. Esta diferencia se hace aún más notoria en las regiones de más al norte. Esta medida estadística —definida como el cociente entre la desviación estándar y la media— da una idea de cuán representativa del conjunto de datos es esta última: cuanto más cercano a cero el coeficiente de variación, más homogénea es la muestra.

    Además, la diferencia se hace más notoria en las regiones más al norte. En el caso del lavavajilla se ven los peores registros: en Montevideo (6%) así como en Canelones (4%) y Maldonado (3%), los hogares tenían mayor acceso a esos artículos que —siempre en la zona sur, pero al oeste— Colonia (2%) y San José (1%). Al norte, Tacuarembó (0,5%) y Cerro Largo (0,6%) son los que tenían el menor registro.

    Ocio

    Durante los días que lleva el confinamiento sanitario aumentó el consumo de energía eléctrica y el uso de la conexión a Internet, en parte debido a que las personas cuentan con más tiempo para entretenerse. Para eso precisan ciertos dispositivos y servicios que no tienen todos los hogares.

    En lo que respecta a estos artículos, la diferencia entre las regiones más al norte y las sureñas se mantiene. 

    Montevideo resalta como aquel en el que los hogares tenían acceso, en promedio, a la mayor diversidad de elementos de ocio, seguido por Flores, San José y algo más atrás Colonia. Además, si lo que se cuenta es la cantidad total de estos aparatos, la diferencia a favor de la capital era algo mayor.

    Aunque en todo el territorio el promedio de los hogares contaba con más de una TV, las familias del sur tendían a tener aún más (casi dos, para la media). A su vez, la relación se repite en favor del sur si se diferencia entre televisores comunes y de alta definición: la posesión de estos últimos era más frecuente en departamentos como Montevideo (40%), Maldonado o Canelones (24%) que en Rivera (6%) o Artigas (7,5%), donde predominaban las TV clásicas.

    Por otro lado, el número de hogares que contaba con recepción a TV digital abierta era del 20% en el sur del país, mientras que en la norte apenas uno de cada 100 lo tenían. En contrapartida, estas familias contrataron en 2019 más suscripciones a TV cable que las sureñas.

    Mientras el reproductor de DVD sigue la tendencia general, la radio rompe con eso: entre los departamentos del norte, el 83% de las familias contaba con una, frente al 76% del sur.

    En lo que refiere a computadores portátiles —que en este contexto de coronavirus también cumplen un rol importante en las posibilidades de teletrabajo, además de recreativo— la diferencia vuelve a ser en favor de los hogares del sur, donde el porcentaje de familias que contaban con al menos un ordenador era prácticamente del 70%, frente a 55% en el norte. La brecha aumenta si se toma la cantidad de computadoras por hogar: en el sur había, en promedio, más de una por familia, frente a algo más de 10 de cada 100 familias de la frontera septentrional que no contaban con ninguna.

    En cuanto a la conectividad a Internet de los hogares, los del sur vuelven a superar al resto de las regiones; además, este elemento de confort tiene una distribución menos desigual en los departamentos próximos a la capital.

    Vehículos

    En el caso de los autos y camionetas, el mapa muestra un degradé casi perfecto: cuanto más al sur, más acceso tienen a estos bienes los hogares.

    A su vez, en Salto, Soriano y Treinta y Tres, más de la mitad de los hogares contaba con al menos una moto; son la región norte y la centro-sur aquellas donde la proporción es más elevada. La diferencia es aún mayor si se considera la cantidad de motocicletas por domicilio: en el promedio de los departamentos septentrionales había un ciclomotor cada dos familias, mientras que en los del sur, se precisaba tocar cinco puertas para, estadísticamente hablando, estar seguro de encontrar una.