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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acá“Enchastrar la cancha”, ajustada frase utilizada cuando se quiere aprovechar determinada situación, con el ánimo airoso de embarullar conceptos.
Como consecuencia de un homicidio cometido la semana pasada, en el cual resultó muerto, con un tiro en la cabeza, un “grafitero” en Punta Gorda, se disparó la noticia en forma por demás rauda y luego complicada.
La perspicacia de algunas figuras políticas pretendió orientar a la opinión política tuiteando o declarando por los medios que aquella muerte debe haber surgido como consecuencia del ambiente de temor creado por un grupo político que hoy utiliza la frase Vivir sin Miedo, que pretende introducir algunos cambios en la Constitución de la República.
Quiere decir que, este hecho en apariencia resulta en la decisión consentida para llevar a un hombre de 77 años a cometer tremendo dislate.
Por suerte, autoridades de ese partido político que iniciaron los cuestionamientos declararon públicamente que hay que evitar
“ensuciar la cancha” porque, de lo contrario, el año que viene la normalidad necesaria en el ambiente se verá afectada por acciones no deseadas que “en nuestro país nunca se vivieron”.
Desde hace muchos años venimos observando, los más veteranos, cómo se fue creando un manto político de dos caras.
Por un lado, los cuestionamientos al proceso de facto, remarcadas en forma permanente en todas las áreas de interés y por otro lado el olvido de las múltiples actividades que en mayor o menor medida fueron creando el ambiente político-social que, muy bien orientado, fue depredando psicológicamente a nuestra gente.
No voy a abundar en detalles, por respeto al espacio otorgado. Pero, yendo a la prensa del año 1971, es necesario citar hechos que “enchastraron la cancha” antes de las elecciones.
El clima sociopolítico se venía recalentando y se gestaban cuestionamientos al sistema democrático que es similar al actual.
Es decir, los tres poderes ejerciendo sus facultades en forma independiente.
Libertad de reunión, de expresión y, lo más importante, libertad de prensa.
No obstante, un movimiento guerrillero actuaba militarmente, es decir, con violencia, fundamentando su accionar en el propósito de “alcanzar el poder mediante la lucha armada”.
Volviendo a la prensa de 1971, quiero reiterar que “enchastrar la cancha” en aquella época no fue complicado, por el contrario, se logró sin mucho esfuerzo, simplemente torciendo hechos y luego trasladándolos a los medios . Así de fácil.
Se publica:
-ataques a propiedades: 19
-robos: 38
-atentados: 32
-secuestros e intentos de secuestro: 13
Por supuesto, lo detallado fueron hechos realizados con objetivos netamente políticos y no de carácter ordinario.
Omito la serie de muertos y heridos en estas operaciones.
Recordemos que esto sucedía en el año de elecciones y por lo tanto de intensa campaña política.
En ese ambiente, suceden dos hechos que trascienden “la normalidad” por la violencia destacada y por las trágicas consecuencias.
El día 7 de agosto de 1971dos jóvenes de 16 años, estudiantes de la Facultad de Agronomía, se encuentran realizando una “pintada” en un muro de la calle Francisco Miranda 4315 (Prado).
Esa pared era de un local del Frente Amplio (FA); al escuchar ruidos salieron varias personas a la vereda y esto produjo la huida de los dos jóvenes infractores.
Uno de los asistentes a la reunión, Sr. Héctor María Rodríguez Estévez, poseía un taxi y también un arma. Suben varios, incluso mujeres, y comienzan a perseguirlos.
Los detienen y en lugar de conducirlos a la Seccional Policial, “los llevan a golpes y empujones” (según la prensa) hasta el comité de base.
Discuten sobre el procedimiento a seguir y a pesar de encontrarse con los jóvenes de espalda y contra la pared, uno de ellos, Zapicán Arhancet, recibe un disparo de arma de fuego por la espalda, por lo cual se produce su muerte en el lugar.
Finalmente, el homicida fue procesado por “homicidio culposo” y en pocos meses recuperó la libertad.
Y el otro caso que “enchastró la cancha” fue protagonizado el 7 de noviembre de 1971 —a pocos días de las elecciones nacionales— en la ciudad de San Carlos.
Fue en momentos que una caravana del FA atravesaba el centro; se produce un abucheo por parte de algunos ciudadanos, lo cual motiva que un integrante del ómnibus efectuara un disparo que penetra por una ventana y da muerte al niño Roberto Almonte de ocho años de edad. Nadie fue procesado al no encontrarse el arma homicida (?).
Por lo dicho, estos son hechos que se enfrentan a la hipocresía reinante y a la tergiversación que se traduce en mentiras.
Ya que se habla, se escribe y se honra la memoria, sería necesario desentumecer algunas neuronas y retroceder un tiempo para tomar la historia reciente como punto de partida sin adherirse a un partido político.
Cada vez más necesario es hacer conocer toda la verdad.
Seguramente la gente cambiará su actitud.
Creo muy importante difundir estos hechos que permanecen en el olvido y se omiten en los programas de enseñanza, en el ambiente cultural y en los medios de comunicación, cosa que no sucede con las doctrinas antagónicas.
Rodó
CI 2.779.031-1