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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáNo es triunfalismo. Hay que seguir cuidándose y no hacer estupideces (como las que se vieron el Día de la Madre). Pero la flecha está indicando para la salida.
Y sería una macana que nos agarre despreparados.
Se habla mucho de la pospandemia, pero casi todo en lugares comunes (“nada va a ser igual...”). Hay que empezar a encarar la cosa seriamente, sistemáticamente y a fondo.
Todos:
Primero, obviamente, el gobierno (que capaz ya lo está haciendo): la realidad –no solo nacional– ha cambiado enormemente, pero, además, como que el período se le ha reducido a tres años:
La reforma de la educación: necesidad imperiosa y bandera fundamental. No ha podido encararla.
La reforma del Estado: menos.
En materia económica, los condicionamientos fiscales se triplicaron para enfrentar una realidad de actividades debilitadas y empresas comprometidas en su viabilidad, inmersos todos ellos en viejas estructuras de baja productividad y altos costos. ¿Podrá el gobierno plantear la necesidad de ajustes dolorosos después de lo que la gente ha padecido a manos de la pandemia? Aun sin ella, el conservadurismo crónico de los uruguayos siempre ha sido un freno para cualquier reforma.
Para peor, el panorama de inserción internacional del país ha empeorado. La globalización parece haber tropezado, el eje de la atención del primer mundo nunca estuvo más lejos de nosotros y la región nos tiene atrapados, entre el empantanamiento, la inestabilidad y la hostilidad de Argentina.
¿Resistirá el Uruguay con sus actuales niveles de competitividad?
También los partidos políticos tienen que hacer un encare: la democracia está sacudida en buena parte del mundo y aquí, la pandemia, en vez de generar un vínculo heroico, ha profundizado la grieta de distancia y animosidad.
Por ese camino, nuestro sistema democrático será cada vez menos funcional.
También entre empresarios y sindicatos: la realidad obliga a enfrentar temas y situaciones. Sin ciertas reformas estructurales, no saldremos de un relativo estancamiento, con poco crecimiento y mucho desempleo.
Hay desafíos insoslayables: la reforma de la seguridad social y una adaptación del esquema regulatorio laboral, sin ir más lejos.
Por último (porque está en la base de todo lo demás): la sociedad en su conjunto debe ser consciente de que la cultura del reclamo está abroquelada y de que sin apoyo, ningún gobierno podrá mover al país.
Ignacio De Posadas