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    INÚtiles METeorólogos

    Fue apenas un pequeño error humano —dijo en la conferencia de prensa la directora del Inumet, doña Madelén Delpapp Elón—, con la finalidad de explicar las causas de la falta de aviso del temporal de lluvia y viento que destruyó la mitad de la ciudad de Durazno. Lo que ocurrió, en realidad —prosiguió—, fue que cuando tuvimos la evidencia de que se venía la turbonada, el funcionario que tenía que marcar la alerta roja, marcó la verde, y nadie se dio por enterado, todo el mundo creía que volvería el buen tiempo, que las nubes esas pasarían, y lamentablemente no fue así —concluyó la funcionaria—.

    ¡Pero eso es una barbaridad! —dijo una periodista asistente a la conferencia de prensa—. ¿Cómo es posible que alguien tenga que marcar un botón rojo de alarma y apriete el verde?—enfatizó, esperando una respuesta lo más cercana posible a una buena excusa—.

    Lo que hicimos de inmediato fue iniciar una investigación administrativa al funcionario, que incluyó un minucioso examen médico, y tras el mismo constatamos que el funcionario involucrado es daltónico, y confunde los colores —dijo la Directora, sin que se le moviera un pelo de su abundante y ondeada cabellera—.

    ¿Y no se habían dado cuenta antes de que esa persona tenía ese defecto determinante para la función que le habían encomendado? —dijo otro asistente a la conferencia de prensa, levantando las cejas en señal de incredulidad y asombro—.

    Bueno, en realidad lo sospechábamos, porque fue este mismo empleado el que se comió la alarma en el caso de Dolores, pero pensamos que podía haberse equivocado sin querer, y resolvimos darle otra oportunidad —expresó la directora, sin convencer demasiado a la concurrencia—.

    Me imagino que ya no estará más a cargo de señalar las alarmas de colores ahora —afirmó la misma periodista que había hecho la primera pregunta­—.

    No, naturalmente que no lo dejamos allí —replicó con firmeza doña Madelén—, ahora lo trasladamos a una función en la que no están involucrados los colores y en la que también puede ser muy útil —prosiguió—: lo pusimos a cargo del control del anemómetro, que como es de 1923, una donación de los descendientes de un explorador inglés que pasó en esos tiempos por Montevideo, es un aparato muy fiel, pero medio viejo, y necesita que le den cuerda cada media hora. Ahí lo pusimos a González, que es el funcionario involucrado en este episodio —concluyó la funcionaria—.

    ¿Y qué otras medidas piensan tomar, frente a un caso tan dramático como el que se ha generado con esta barbaridad, que ha dejado más de 120 viviendas destruidas en Durazno, y casi 2.000 evacuados tras las inundaciones que trajo la lluvia torrencial? —preguntó otro periodista—.

    Bueno —dijo doña Madelén—, iniciamos una colecta interna acá con los funcionarios, a voluntad, y además vamos a hacer una kermesse con tortas que vamos a preparar nosotros mismos, el viernes que viene después de terminado el horario de trabajo, y vamos a rifar…

    ¿Cómo después del horario de trabajo? —la interrumpió otro asistente al encuentro de prensa—. ¿Ustedes no tienen horario continuo, monitoreando las 24 horas del día los fenómenos meteorológicos? ¡Los tornados no ocurren de 9 a 18, señora, no tienen horarios laborales! —la interrumpió en voz enérgica a la directora un veterano periodista que cubre esta información para su medio desde los tiempos de Flammarion—.

    ¡No, sí, claro! —se atajó la funcionaria—. Nosotros tenemos un rato que llamamos fuera del horario de trabajo, pero es cuando dejamos una guardia de dos personas con las pantallas, por si pasa algo grave, y los demás nos tomamos un rato de descanso, ahí es que vamos a hacer las rifas y la colecta, para ayudar a las víctimas del tornado de Durazno, y…

    Señora —dijo el periodista—, yo me refería más bien a qué medidas piensan tomar para mejorar el servicio, en términos de equipamiento, coordinación interna, supervisión más severa, hasta mire lo que le digo, un examen médico a los demás empleados, ¡capaz que hay algún otro daltónico y lo tienen frente a la máquina de las alertas de colores! —enfatizó—.

    Bueno, hemos pedido un refuerzo de rubros presupuestales para incorporar algunos instrumentos nuevos —dijo la directora—, como por ejemplo un radar que nos permita captar lo que están prediciendo los del Metsul en Brasil o los de Buenos Aires, porque ellos tienen una tecnología que nosotros no tenemos, ¿sabe? —explicó la funcionaria—.

    ¡Pero eso es una barbaridad! —exclamó otro de los asistentes—. ¿Cómo un radar para averiguar lo que están prediciendo otros? ¿no sería mejor que coordinaran con ellos lo que cada uno está viendo, y así cooperar para mejorar todos el servicio? —inquirió el periodista, con una pregunta que no parecía tener más de una respuesta—.

    No, mire, la cosa no es tan sencilla —dijo doña Madelén—. Aquí nosotros tenemos que respetar órdenes, y el prosecretario Roballo nos ha informado que hay una cosa que se llama soberanía, y un pool de información con otros países nos debilitaría en nuestra autonomía, y estaríamos compartiendo información sensible con potencias extranjeras, que después podrían afectar nuestra autonomía —dijo para sorpresa de todos la funcionaria, y prosiguió explicando—: miren lo que le pasó a Hillary Clinton en los Estados Unidos, que Rusia le hackeó los servidores para que ganara Trump, hay que andar con mucho cuidado en estos tiempos, fíjese que andan diciendo que tenemos que hacer un tratado con los chinos, no, no se crea, hay que defenderse de todos esos peligros —señaló la directora, fiel ejemplo de la claridad de criterios con la que nos gobiernan estos inútiles meteorólogos, y sus jefes igualmente inteligentes—.