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    Imposible un Sendic en Nueva Zelanda

    N° 1926 - 13 al 19 de Julio de 2017

    Es casi imposible que en Nueva Zelanda (un verdadero “país de primera”) un tipo como Sendic (con pocas luces, sin experiencia ni formación gerencial y mentiroso) llegue a ocupar destacados cargos en el Estado “kiwi”.

    Es que en Nueva Zelanda hicieron la “madre de todas las reformas” (la incumplida promesa de Tabaré Vázquez de reformar el Estado uruguayo) y se votaron leyes para inocularse de los inútiles, los charlatanes y los corruptos.

    Dos de esas leyes son la State Sector Act de 1988 y la Public Finance Act de 1989, donde se establecen las condiciones y requisitos para ejercer la función pública y cómo serán seleccionados y evaluados sus jerarcas.

    Establecieron un sistema de evaluación del desempeño donde pesa enormemente la figura del chief executive, una suerte de gerente general que es elegido por empresas de selección de profesionales y evaluado por el logro de objetivos y el desarrollo de competencias actitudinales.

    El sistema se basa en tres pilares: 1) un “contrato laboral” por cinco años con posibilidad de extenderse si tuvo un buen desempeño, 2) un “acuerdo por resultados”, donde el CEO se compromete al logro de los objetivos políticos para lo cual lo contrataron y 3) un “acuerdo de compras”, para asegurarse que los gastos están bien direccionados y controlados.

    Por eso es impensable que un Sendic en Ancap, un De León, en Alur, no sé quién en Pluna, otro en la regasificadora y los jerarcas de todas las empresas fundidas del Fondes, lograran pasar siquiera por el primer filtro de cualquier proceso de selección.

    En Nueva Zelanda todas las oficinas y empresas públicas se fijan metas claras, las publican para que todos puedan verlas y hacen una continua evaluación de los avances.

    Ponen el foco en las “ex anteespecificaciones del desempeño”, en vez de esperar a los controles ex post, para ver si los resultados llegan, o no. Y cuando no llegan, siempre encuentran una excusa para justificarse.

    Así lo destaca el informe Performance Evaluation of Government in New Zealand del doctor Prajapati Trivedi, cuando dice: “La experiencia muestra que los controles ex post son mucho menos efectivos que aquellos que ponen el foco en las especificaciones de desempeño ex ante”, y esta ha sido una de las claves del éxito del modelo de gestión adoptado.

    Uruguay está a años luz de aplicar algo parecido. No lo hace ninguna repartición pública; ni del gobierno central, ni de los gobiernos departamentales (muchos gestionados por partidos de la oposición) y tampoco lo hacen las empresas públicas (tal vez con alguna excepción).

    El problema que provoca poner mentecatos al frente de la gestión pública causa un daño mucho mayor que el económico. Es un llamado a los menos capaces para que se sumen a la actividad política, donde podrán encontrar buenos salarios, fama y confort.

    Y, por otra parte, repele a los mejores que se niegan a sumarse a ese “Cambalache”, donde “resulta que es lo mismo ser derecho que traidor, ignorante, sabio, chorro, generoso, estafador” y da “lo mismo un burro que un gran profesor”.

    Por todo esto, lo del título: es casi imposible que un Sendic gestione nada en Nueva Zelanda.

    Pero la gran pregunta a hacerse es: ¿cuándo vamos a imponernos estos mismos criterios de evaluación? Y si tal iniciativa no la toma un gobierno “de izquierda”, acaso ¿lo hará “la derecha” desde la oposición?