En 1974 los tupamaros planearon el secuestro de generales para luego generar un intercambio con el Ejército, que había convertido en “rehenes” a nueve de sus dirigentes históricos, entre ellos el ex presidente José Mujica.
En 1974 los tupamaros planearon el secuestro de generales para luego generar un intercambio con el Ejército, que había convertido en “rehenes” a nueve de sus dirigentes históricos, entre ellos el ex presidente José Mujica.
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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáAl comienzo los “rehenes” eran nueve hombres y luego se agregaron presas mujeres. Los primeros fueron sacados del Penal de Libertad en setiembre de 1973 y distribuidos en grupos de tres, en diferentes regiones militares del país. Vivieron en condiciones extremas y sobre ellos pendía la amenaza de muerte en caso de que sus compañeros emprendieran alguna acción.
La estrategia de secuestrar a varios generales y realizar otras acciones comando habría sido dejada de lado debido a que algunos dirigentes con peso en la organización decidieron renunciar a la lucha armada. Muchos años después se enteraron de que fue la propia Inteligencia Militar la que indujo a la captura de uno de los generales, que había sido contrario al golpe de Estado, según sostuvo el ex tupamaro Luis Alemañy en el libro “La guerrilla innecesaria” de Luis Nieto, editado por Planeta.
Cuando se produjo el golpe de Estado de 1973, los tupamaros no contaban con una organización asentada en el país, porque desde mediados del año anterior la mayoría estaban muertos, presos o en el exilio.
Sin embargo, precisamente en el exilio en Cuba, un grupo significativo de militantes, que en su mayoría había pasado por Chile durante el gobierno de Salvador Allende, fue entrenado por fuerzas especiales para actuar en pequeñas unidades móviles.
“El proceso de renuncia a la lucha armada nació del conocimiento directo del socialismo real, y de la clara percepción de que era imposible reconstruir el MLN dentro del Uruguay, a menos que mediase un enfrentamiento muy cruento con las Fuerzas Armadas”, explicó Alemañy, un ex tupamaro que residió en Cuba, Argentina y Francia y que luego de la dictadura regresó a Uruguay, se incorporó al Partido Nacional en el sector del ex ministro Juan Andrés Ramírez y fue asesor en el Ministerio de Trabajo con Álvaro Carbone.
Según Alemañy, la capacidad técnica y el poder de fuego de los tupamaros entrenados en Cuba era muy superior al que había tenido la organización antes de la derrota de 1972.
“Si antes del 14 de abril de 1972 se contaban con los dedos los militantes tupamaros que hubieran disparado con armas de guerra, desde mediados de 1973 en adelante eran cientos los que podían disparar con armas modernas, con bazukas, morteros y se habían especializado en el uso de explosivos”, sostuvo el ex dirigente.
Alemañy y otros renunciaron durante una reunión clandestina del comité central del MLN que se realizó en 1974 en Buenos Aires, con apoyo del Ejército Revolucionario del Pueblo (ERP-PRT).
Según este ex tupamaro, “los planes para volver a actuar en Uruguay pasaban por el uso de pequeñas unidades móviles, no más de tres combatientes con gran capacidad de fuego y pertrechos como para hacer daño a las fuerzas de la dictadura”. Alemañy afirmó que entonces “el arsenal del MLN era tres veces mayor que el encontrado en casa del contador (Saúl) Feldman” en noviembre de 2009.
Alemañy dijo a Nieto que “en la práctica lo único que se podía esperar era un largo camino de sangre y los primeros ejecutados serían los rehenes” y explicó que en la reunión en Buenos Aires resultó sospechoso que se insistiera con la información que provenía desde dentro del Ejército para secuestrar a un solo general.
“La estrategia para liberar a los rehenes pasaba por el secuestro de generales que pudiéramos cambiar por ellos. La suma de generales secuestrados haría que en algún momento el canje fuera posible. Pero teníamos una estrategia y un solo militar con datos suficientes. La información nos había llegado desde adentro del Ejército. De haberlo secuestrado hubiera sido el primero, pero seguramente también el último”, ya que “hubiésemos empezado por ese que no hace muchos años vine a saber que se trataba de un general constitucionalista, que se había opuesto al golpe de Estado”, contó Alemañy en el libro. “Nos lo habían servido en bandeja de plata los servicios del Ejército a través de un infiltrado”.
A comienzos de 1974, el comandante del Ejército era Hugo Chiappe Posse, que había sido jefe de la Casa Militar del presidente Jorge Pacheco Areco y que no formaba parte del grupo golpista. Chiappe fue sustituido en un golpe de mano interno por Julio César Vadora, jefe de la logia de ultraderecha Tenientes de Artigas.
En diciembre de ese año fue asesinado en París el agregado militar Ramón Trabal, quien había sido desplazado de la dirección del Servicio de Información de Defensa (SID).
Alemañy, que habría sido entrenado en Cuba, entre otros, por el coronel Dariel Alarcón, un ex combatiente de la Sierra Maestra que también peleó con Ernesto “Che” Guevara en Congo y Bolivia en la década de 1960, sostuvo en el libro que “no se debió haber optado por la lucha armada en Uruguay” porque “no era necesaria”.
Lucas Mansilla, Kimal Amir (fallecido en 2014), William Whitelaw (asesinado en 1976) y el propio Alemañy renunciaron al MLN-Tupamaros y tomaron diferentes caminos políticos.
Durante la reunión del comité central que tuvo lugar en Buenos Aires temieron ser asesinados a manos de militantes de la llamada Tendencia Proletaria del propio MLN-T.
Luego de la dictadura, el dirigente tupamaro Eleuterio Fernández Huidobro acusó a los renunciantes de abandonar la lucha y quedarse con dinero de la organización.