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    Invadidos por el peor enemigo

    N° 1889 - 20 al 26 de Octubre de 2016

    El anuncio de la creación de un grupo de especialistas en educación, que reúne a expertos de diferentes orígenes y simpatías partidarias, es un saludable esfuerzo ciudadano que se propone generar aportes para una “transformación estructural del sistema”y contribuir a superar los pobres resultados que hipotecan el futuro de generaciones de jóvenes y limitan las posibilidades del país de avanzar hacia nuevas etapas de desarrollo.

    Al anunciar la constitución de la Fundación Eduy21, el ex subsecretario de Educación y Cultura Fernando Filgueira, destacó (“El País”, 18/10/2016) que se trata de “una iniciativa ciudadana, no partidaria, ni opositora, ni alineada con el gobierno, ni de un grupo o sector social organizado, ni del sindicato, ni de empresarios”, que “congrega y convoca al espectro político todo, (…) a los actores que están trabajando en el sistema educativo”.

    Doctorado en Sociología en Estados Unidos, Filgueira fue presentado por Tabaré Vázquez en la campaña electoral del 2014 como su referente en materia de educación. Tras un breve pasaje por el MEC y luego de trascender diferencias con la titular de la cartera renunció por considerar que no existían las condiciones políticas y presupuestales para llevar a cabo los cambios que deben ser impulsados.

    Según declaró, Eduy21 se propone encaminar debates, definir estrategias y propuestas, generar masa crítica, trabajando “con las comunidades educativas, con las familias, los estudiantes”. Adelantó que técnicos como Renato Opertti, Pablo da Silveira, Juan Pedro Mir y el sindicalista Richard Read han comprometido su participación en la Fundación.

    Filgueira alega con razón que en materia de educación al país le faltan “instituciones que puedan pensar técnicamente a mediano plazo sin las urgencias de la gestión cotidiana”.

    Eduy21 es una iniciativa constructiva, innovadora, a la que cabe desear el mayor de los éxitos. Está claro que la suya no será una tarea fácil porque los obstáculos, los intereses y la cultura que habrá que remover están muy arraigados.

    Los malos resultados del proceso educativo que se quiere superar son en gran parte resultado de años en que la educación ha sido campo de batalla de intereses políticos, ideológicos, burocráticos, en el que sindicatos politizados quieren controlar el proceso educativo. Una lucha en la que no le han dado tregua a gobierno alguno. Pero por otra parte, no puede ignorarse que esos malos resultados son consecuencia también de profundos cambios sociales que el país ha tenido en las últimas décadas.

    Ahora bien, pese a la compleja problemática educativa, sorprende la escasa repercusión que han tenido declaraciones que el profesor español de Filosofía de la Universidad de Barcelona y licenciado en Ciencias de la Educación, Gregorio Luri Medrano, concedió al semanario “Voces” (29/9/2016) en las que hizo interesantes reflexiones sobre su experiencia docente.

    El entrevistado, que se define como “un conservador de derechas”, asegura que no hay país que no tenga problemas en su sistema educativo”, que “serán más grandes o más pequeños”. Alertó entonces sobre el error de tratar de imitar modelos o experiencias. “Los sistemas educativos no se caracterizan ni por compartir métodos, horarios, ratios, calendarios, ni gasto escolar, sino (…) porque han sabido generar un círculo virtuoso de confianza”, afirmó. Asegura que“no hay solución (…) si de una manera u otra no se apuesta por la confianza”. En virtud de ello, “por lo que estoy viendo” y dadas “las recriminaciones” que cruzan los actores del sistema, cree que Uruguay “corre el riesgo de acabar sumido en un círculo vicioso de desconfianza”.

    Consideró, por ejemplo, “absurdo” el sistema de distribución de horas de los profesores “porque imposibilita que haya equipos coherentes en los centros, impide la creación de trayectorias educativas, no hay grupos pedagógicos y no puedes aprender de tus errores. ¿Cómo un centro va a aprender de sí mismo si el personal va variando constantemente?”.

    Resulta interesante su afirmación de que “el fracaso escolar es identificable a los ocho años”, porque en la escuela se identifican los problemas de los “niños culturalmente pobres”. Al responder ¿por qué fracasan los niños de ocho años? ¿cuál es la causa?, el docente español afirma que el origen del problema radica en el lenguaje, porque “las diferencias entre una familia culturalmente rica y una culturalmente pobre se pueden evaluar bastante bien por la cantidad de palabras que un niño oye cada hora”.

    Cuando ese niño llega a tercero de primaria, asegura, ha escuchado millones de palabras y para comprender un texto necesita dominar el 90% de su vocabulario. “En tercero de primaria el niño hace una metamorfosis intelectual asombrosa, pasa de aprender a leer a aprender leyendo”. “Pequeñas diferencias en el dominio del lenguaje determinan trayectorias muy distintas. Cuanto más rico es tu lenguaje, más rápido aprendes”. Si lo podemos identificar, añade, “entonces tenemos la obligación de formar a los profesores extraordinariamente bien (…) porque sabemos que hay niños que no escucharán en ningún sitio el lenguaje que no escuchen en la escuela”.

    El aporte más provocativo del entrevistado refiere a la forma de evaluar la eficiencia de un sistema educativo. Señaló que “hay muchos criterios y los técnicos tienen formas muy complejas” para hacerlo. Un criterio sencillo y plausible es basarse en los datos de los resultados en matemáticas de las pruebas de PISA, que a su juicio son los “más equiparables entre países”.

    “Lo que hago es tomar las dos franjas superiores y las inferiores y restarlas. (…) Si el resultado es positivo, el país genera más excelencia que deficiencia, y si es negativo genera más deficiencia”. Cuando genera más excelencia, destaca, el país “está produciendo capital humano”.

    Y añade, “en una sociedad como en la que estamos, el saber, crear capital social, es esencial”. Y no solamente “es una causa justa, (...) son sus cimientos”, remarcó.

    Aplicando este procedimiento, concluye que Corea tiene 31% de excelencia y 9% de deficiencia: 22% de crecimiento de capital social. Japón (24% menos 11%) tiene 13%, Finlandia (16% menos 12%) 4%. Para Uruguay el resultado es fuertemente negativo: en 2003 menos 45%, en 2006 menos 43%, en 2009 menos 45% y en 2012 menos 54%. Resultados que no duda en calificar de “drama nacional, de “emergencia”. Algo “tan grave como si el país estuviese siendo invadido por vuestro peor enemigo”.

    “Hay países, añade, que pueden permitirse el lujo de tener estos resultados porque después importan talentos. Pero no creo que países pobres, y Uruguay, estén en condiciones de importar mucho talento”.

    Mientras, la ministra asegura que no existe una crisis en la educación y en la reciente interpelación en Diputados sostuvo que la oposición exagera en sus críticas.

    Los resultados a la vista están.