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    Izquierda y derecha

    El sistema político uruguayo presenta peculiaridades que en más de una oportunidad han merecido la atención y estudio de políticos y politólogos de distintas partes del mundo. Una de ellas tiene que ver con su legislación electoral que durante décadas aseguró un funcionamiento democrático funcional a las mejores expresiones de la representatividad. Y todo eso se mantuvo hasta 1996 cuando se comenzó a toquetearla con lo que la ingeniería electoral, sabia e ingeniosa, se distorsionó motivada en realidades coyunturales. Para lograr la segunda vuelta en la elección presidencial se accedió a todo lo que solicitó el Frente Amplio, contumaz crítico de esa legislación electoral, en la esperanza que la coalición apoyara la reforma y esta tuviera su triunfo asegurado.

    Las cosas no salieron bien. El Frente Amplio logró todo lo que quería y terminó no apoyando la reforma. A excepción de la segunda vuelta, todo lo que se incorporó a esa nueva legislación electoral fue en perjuicio de los partidos fundacionales.

    Pero no es esta la particularidad que motiva esta nota. Por el contrario, la que genera este comentario no pasa por leyes ni sistemas. Pasa por las visiones que algunos líderes políticos expresan y a veces con particular frecuencia.

    Es común oír a connotados dirigentes afirmar enfáticamente que no hay izquierda ni derecha en el pensamiento político y a veces se entusiasman y con énfasis afirman que no las hay en el Uruguay ni en el mundo.

    En materia de particularidades, Uruguay registra la que en este país nadie se proclama de derecha. A diferencia de otras naciones donde las corrientes de pensamiento de derecha así se definen y presentan con el respeto de todos, aquí nadie quiere asumir esa condición. Creo que en una única oportunidad, el entonces diputado Daniel García Pintos proclamó públicamente esa condición. No se recuerdan otros pronunciamientos.

    Grave error cometen quienes proclaman la no existencia de la derecha y de la izquierda. Es cierto que esos conceptos han ido variando y evolucionando, pero jamás podrá decirse que desaparecieron. La izquierda y la derecha existen hoy en el Uruguay y en el mundo.

    Que hay más de una izquierda, es cierto. Que hay más de una derecha, también es cierto.

    Que unas y otras tienen hacia adentro sus diferencias, es una verdad palpable. Pero que existen, existen. Hay derechas liberales y derechas totalitarias. Hay izquierdas democráticas y las hay también totalitarias. Y puede decirse que muchas veces no son comunes, en unas y otras, las formas de pensar y actuar.

    En nuestro país, además, una parte de la izquierda, la que en realidad conforma la izquierda histórica de las fuerzas que integran el Frente Amplio, tiene la peculiaridad de que es una de las pocas de su tipo que quedan en el mundo luego de la caída estrepitosa de la Unión Soviética y los regímenes del llamado “socialismo real”. Esa izquierda, es electoralmente minoritaria (algo más del 6,5% de los votos del conglomerado y poco más del 3% del electorado nacional) pero es dominante dentro del Frente Amplio, tanto que, por lo general, logra aplicar su política. Coinciden hoy en el mundo con Corea del Norte y Cuba.

    En cuanto a la derecha extrema, no existe en nuestro país salvo en muy pocos elementos individuales. Lo que acá llamamos “derecha” en Europa son los conservadores (actualmente los gobiernos de España, Alemania, Inglaterra y algunos más).

    En nuestro país generalmente los que proclaman la no existencia de izquierdas y derechas son aquellos que con su pensamiento podrán ser ubicados entre el centro y los conservadores en cualquier parte del mundo. Ocurre que aquí, la autodefinición de conservador o de derechas tiene un costo político que no se está dispuesto a pagar y la dificultad pretenden salvarla negando la existencia de derechas y de izquierdas.

    Es cierto que unas y otras han cambiado. En Europa se dieron los primeros pasos. A finales de la década de 1950 (más precisamente en el año 1959 cuando el Programa de Godesberg) el socialismo alemán decide en su Congreso abandonar el fundamento marxista y proclama el principio que décadas antes desarrolló y plasmó José Batlle y Ordóñez de “todo el mercado que sea posible y todo el Estado que sea necesario”, pero jamás se planteó que renunciar al marxismo implicaba renunciar a la izquierda. Por el contrario, profundizaron su condición de izquierda y desde la Internacional Socialista reafirmaron su condición de Partido Social Demócrata o Socialista Democrático como se expresan indistintamente. Son los gestores del llamado “Estado de bienestar” en Europa (escandinavos, alemanes, franceses y británicos entre otros).

    En España la derecha expresada durante décadas en el franquismo tuvo su evolución y arribó a la democracia pero jamás se le ocurrió renunciar a su condición de derecha. Las multitudes españolas hoy se expresan en la izquierda y votan al PSOE o se expresan en la derecha y votan al PP.

    Bueno, en el Uruguay también hay izquierda y derecha. Distintas a las de hace uno años, sí. Pero hay ciudadanos, y no pocos, que se sienten de izquierda o se sienten de derecha.

    En las primeras décadas del siglo XX a Batlle y Ordóñez y a sus ideas se les consideró de izquierda. Así lo expresó entonces el Ing. José Serrato y así lo calificaron las figuras más notorias del Partido Nacional, por citar opiniones representativas de un lado y de otro.

    El Uruguay sigue registrando esas visiones.

    En nuestro país sigue habiendo izquierda y sigue habiendo derecha. De ahí que al batllismo, por ejemplo, nunca se le podrá ubicar en la derecha ni desde él, podrá proclamarse que la izquierda no existe.

    La izquierda no se agota en el Frente Amplio y el batllismo es ajeno a la derecha.

    El batllismo pudo haber generado un Estado de bienestar si el impulso de las tres primeras décadas del siglo XX hubiera mantenido su fuerza. Pero sufrió un freno a partir de mediados de siglo. Desde entonces se mantuvo un tiempo de buen pasar hasta que comenzamos a descender, descenso que se aceleró en los últimos años.

    Muy bueno sería entonces, en lugar de crear confusión, resaltar la izquierda democrática que expresa el batllismo y retomar por ese camino, con las correcciones que el tiempo impone, nuestra propia búsqueda del estado de bienestar que nos pertenece.

    Las condiciones existen. Debe generarse la decisión política.

    Prof. Yamandú Fau

    Convencional Batllista

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