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En un nuevo capítulo de una pesadilla que ya se arrastra por más de dos años, el gobierno apartó de su cargo al comandante en jefe de la Armada y a dos contraalmirantes pero, enredado en una incómoda trama que implica aspectos judiciales, administrativos, políticos, militares y hasta personales, debió manejar en público una explicación diferente de los motivos que lo llevaron a tomar la decisión, coincidieron fuentes del Poder Ejecutivo consultadas por Búsqueda.
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El jueves 10 habían pasado poco más de 19 meses desde el día en que Alberto Caramés asumiera como comandante en jefe de la Armada. En aquel momento —1º de setiembre del 2010— la institución ya enfrentaba la peor etapa de su historia, luego de la caída de dos comandantes en jefe y la apertura de una causa judicial por irregularidades. Las investigaciones habían surgido por denuncias anónimas con alto grado de detalle, lo que a su vez evidenció la feroz interna que ya estaba instalada.
Designado por el actual gobierno en un contexto de desconfianza generalizada en los mandos de la Armada, Caramés pareció enderezar el rumbo de la fuerza, aplacar —al menos— la interna, y desplazar los casos de corrupción con una agenda de ambiciosas reformas.
Sin embargo, el jueves 10, la noticia de que la fiscal Mónica Ferrero pidió el procesamiento de varios oficiales de la Armada por la misma causa (Búsqueda Nº 1.661) puso en alerta al Ministerio de Defensa, y entonces comenzó una cadena de hechos que derivaron en la caída de Caramés, de los contraalmirantes Manuel Burgos y Federico Lebel, y en el nombramiento de Ricardo Giambruno como nuevo jefe de la fuerza.
Lo que no se puede decir.
El ministro, Eleuterio Fernández Huidobro, debió lidiar con una delicada situación. Por un lado, la gestión de Caramés al frente de la Armada le resultó satisfactoria en el plano profesional militar. Por otro, en lo personal no hay autoridad política ni castrense que crea que Caramés se benefició con manejo irregular de dineros públicos, según distintas fuentes. Por el contrario, es un oficial bien considerado por el gobierno.
El problema es que, desde hace tiempo, las autoridades evalúan como probable que la Justicia procese a Caramés ya sea porque entiende que incumplió procedimientos o porque considera que tiene pruebas de que el oficial tuvo conocimiento de casos de corrupción pero no los denunció.
Sobre esa base, el gobierno empezó el jueves 10 —a contrarreloj— una difícil tarea. Por un lado pretendió evitar que un comandante en jefe en actividad sea procesado por la Justicia —algo que generaría una conmoción interna y que caería aplastante sobre la moral del personal de la Armada— y por eso se hacía necesario que Caramés abandonara su cargo. Por otro lado, debía hacerlo respetando su consideración personal por Caramés. Pero además, el gobierno no podría manejar de forma pública su “percepción” de que el oficial está en una comprometida situación ante la Justicia, explicaron las fuentes gubernamentales.
Es por eso que el lunes 14, en el Parlamento, Fernández Huidobro desarrolló la versión oficial sobre el “pedido de pase a retiro anticipado” que supuestamente planteó Caramés, para que constara en la versión taquigráfica, pero luego sugirió pasar a régimen de sesión secreta para poder relatar lo que el Poder Ejecutivo no podía decir en público. “Los motivos que lo llevaron a pedir su pase a situación de retiro son suyos y no míos. Puedo imaginar cuáles fueron, pero para decirlos tendría que pedir que la sesión fuera secreta”, sugirió el ministro en la Comisión de Defensa del Senado.
Su planteo fue aceptado por los legisladores minutos después, y allí el jerarca pudo explicar la situación. En síntesis: el Ministerio de Defensa le indicó a Caramés que debería pedir su pase a retiro anticipado —lo que a su vez le permitiría a su esposa recibir la totalidad de su jubilación—, y al mismo tiempo se aprovechó la situación para sacar de escena a los contraalmirantes Burgos y Lebel, ambos enfrentados en la interna de la Armada y también investigados por la Justicia.
A estos dos contraalmirantes, a quienes Defensa consideraba generadores de conflicto en la institución, se los pasó “a disponibilidad”. Eso significa que mantienen su grado y su sueldo, pero quedan sin destino militar, o sea sin función, hasta que se les asigne alguna o deban pasar a retiro obligatorio por cumplir ocho años en su grado.
“Se corta acá”.
El lunes, en conferencia de prensa, el presidente José Mujica comunicó que el gobierno aceptaba un pedido de pase a retiro anticipado de Caramés, quien a su juicio desempeñó “una jefatura de transición en tiempos difíciles”.
Durante su anuncio, admitió que los problemas en la fuerza de mar se mantienen; hay una “grave crisis en la Armada, un problema moral”, lamentó.
Sin embargo, transmitió su “íntimo convencimiento (de) que la cadena se corta acá”, con el pase a retiro de Caramés, el apartamiento de Lebel y de Burgos, y la asunción del nuevo comandante Giambruno.
Pocas horas después del anuncio de Mujica el lunes 14, consultado por Búsqueda, Caramés justificó su apartamiento sobre la base de que su “ciclo está cumplido”.
El almirante afirmó que su gestión se inició en un “proceso complejo”, y que se había comprometido a “revertir” procedimientos internos de la Armada que no se ajustaban a las normas contables y financieras que rigen a las dependencias estatales.
Además, reivindicó el “proyecto estratégico” que dejó en marcha. Durante la comandancia de Caramés la Armada impulsó la industria naval nacional e inició las tratativas para instalar en el Cerro su base principal; también acordó el reacondicionamiento del buque escuela Capitán Miranda y abrió una licitación para la compra de un avión de patrullaje, mientras que están abiertos algunos contactos con miras a la compra de un patrullero oceánico. Esos son algunos de los aspectos centrales de la gestión de Caramés, de quien el gobierno también destacó su perfil “pacificador” en la interna de la fuerza.
En esa misma tarde, Fernández Huidobro informó en el Parlamento la versión pública con registro taquigráfico y la versión que no puede reconocer de manera formal en régimen de sesión secreta. Asimismo, el ministro participó en la ceremonia de asunción de Giambruno, que se realizó sin periodistas (el Ministerio publicó fotos y registros de los discursos en su sitio en Internet, www.mdn.gub.uy).
Allí también los discursos fueron austeros. Fernández Huidobro remarcó el carácter de la Armada como una “fuerza imprescindible” para el Estado uruguayo, y transmitió la “confianza” que el Poder Ejecutivo siente por el nuevo jefe de la institución. Giambruno es integrante de una familia con tres generaciones de marinos, algo que destacó en su discurso; ingresó a la Escuela Naval en 1974.
“Trabajaremos sin descanso para recuperar la confianza y lealtad entre camaradas, y mantener los principios de mando y subordinación, pilares fundamentales en una organización vertical”, afirmó Giambruno.