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    Jardincitos de cuartel

    Mientras limpio mi casa, enciendo la tele para escuchar noticias. Los canales uruguayos transmiten una información paupérrima sobre el mundo, pero lanzan cataratas de información futbolera. Entonces sintonizo la Deutsche Welle en español. Sus periodistas, españoles y latinoamericanos, parecen bastante progresistas.

    Cazo un debate: especialistas hablan de la fabricación de armas en Brasil, que crece. Según ellos, Brasil, para convertirse en una potencia mundial, sabe que debe desarrollar su industria armamentística.

    ¿A quién le vende sus armas Brasil? Escucho: “A Venezuela y a otros países de Latinoamérica”. Con inquietud, mientras refriego una olla, pienso en la posibilidad de que Uruguay le esté comprando armas a Brasil. Y me horrorizo.

    ¿Qué necesidad tendría un país como Uruguay de comprar bombas? ¿Granadas? ¿Ametralladoras?

    Días más tarde escucho por azar a Miguel Nogueira analizar la decadencia tecnológica de la Armada.

    Qué disparate gastar el dinero de los uruguayos en modernizar un ejército que en un conflicto bélico no serviría de nada. (¡Tabaré confesó que la tensión fue tanta por la planta de Botnia que manejó pedir ayuda a Bush!).

    He escuchado, intramuros, a frenteamplistas que creen que el ejército está de más. Que los soldados están ociosos. Que los mandos ganan dinero. Que habría que ponerlos a construir escuelas.

    Pero no hay debate sobre la necesidad de un ejército. Y menos ahora que el Ministerio de Defensa lanza avisos publicitarios como el que emitió a raíz del Centenario de la Fuerza Aérea meses atrás. Un caro comercial publicitario que, como los avisos de cremas de belleza, me resultaba un cuento de hadas.

    Los “verdes”, de niña, me inspiraron terror; de adolescente, odio; y de adulta, resentimiento. Hoy, es verdad, ayudan en las inundaciones.

    Mis amigos frenteamplistas abominan la posibilidad de que se transformen en policía. Nada que venga de un “milico”. Aunque también tienen temor… “un país sin ejército… mmm… mirá ahora Costa Rica con Nicaragua”.

    Y si Costa Rica tuviera ejército, ¿cómo se solucionarían los conflictos? ¿Con una guerra?

    La dictadura del ejército hizo daño a inocentes y desarmados uruguayos. Más: cuando enseño Florencio Sánchez a mis alumnos sale a relucir la guerra de la Triple Alianza (¡los ejércitos de Uruguay, Argentina y Brasil en triplete genocida contra Paraguay, un hermano del sueño bolivariano!).

    Pero aunque muchos de los que hemos votado al Frente Amplio pensemos así, nadie lo dirá en público. Como tantas cosas.

    Si lo decimos, solo lograremos irritar a Huidobro. Conozco mucha gente enojada con él. He escuchado al respecto opiniones demoledoras: “tiene el síndrome de Estocolmo”, “defiende la teoría de los dos demonios”, “algo habrá tenido que ver con la destitución de la jueza Mota”. A mí no me preocupa el ministro.

    Sí me muero de envidia cuando veo esos edificios tan pintaditos y ajardinados que hoy pertenecen al ejército.

    ¡Cómo me gustaría que fueran liceos públicos de tiempo completo!