Montevideo, 20 de marzo de 2015 (De nuestras agencias). La primera sesión del Consejo de Ministros se llevó a cabo ayer de tarde entre las 18.30 y las 20 horas en la residencia presidencial de Suárez y Reyes, tras la suspensión de la que estaba prevista para el pasado 3 de marzo, y que debió ser postergada por el quebranto de salud —afortunadamente leve y pasajero— sufrido por la ministra de Defensa Nacional, del que se repuso satisfactoriamente.
La hora del encuentro fue determinada por la solicitud de varios secretarios de Estado, quienes, tras sus respectivas designaciones, solicitaron al presidente Vázquez que no hubiera reuniones matutinas, y que las vespertinas tuvieran lugar después de las 17 horas, ya que la mayoría de ellos duermen la siesta por requerimientos biológicos y recomendaciones de sus respectivos médicos de cabecera.
Hemos tenido acceso a la grabación del encuentro ministerial con el primer mandatario, gracias a la gentileza de un electricista freelance que nos hace algunos trabajos en el Semanario, y que fue convocado a la residencia oficial para arreglar un enchufe, oportunidad en la que descubrió un micrófono y un sofisticado pero bastante antiguo sistema de grabación instalado presumiblemente desde la época del proceso cívico-militar, que nunca fue descubierto por los presidentes democráticos que vivieron y/o trabajaron en ella con posterioridad.
Hay algunos tramos de la reunión que son verdaderamente aburridos e intrascendentes, pero hay otros de interés, que permiten no solo conocer la temática abordada, sino que también nos dan la oportunidad de refrescar los talantes de algunas personalidades que integran nuevamente el gabinete, de acuerdo con lo que anunció el Dr. Vázquez durante el proceso electoral, y que —fiel a su promesa— cumplió ulteriormente.
—“Tiene la palabra la señora ministra de Defensa Nacional Dra. Azucena Berrutti” —dice el Dr. Vázquez, y , ante el silencio que sigue a sus palabras, repite en alta voz, —“¡Azucena, tiene la palabra!”.
—Ay, Tabaré, macabra... yo no creo que haya sido tan macabra la retirada del doctor Lacalle Pou el día de la transmisión del mando… fue abrupta su partida, eso sí, pero macabra…”—expresa la ministra Berrutti.
—“¡Palabra, dije, Azucena, palabra, no macabra!” —replica el presidente alzando nuevamente la voz.
—“Ahora sí te entiendo, Tabaré, es que estoy escuchando poco, y la pila del audífono está medio gastada, lo que quería decir es que ayer le dije al chofer que me va a buscar que me llevara al ministerio, y no me entendió bien, o yo no lo escuché cuando él me dijo si le había dicho al cementerio, y me llevó al Buceo, y cuando llegamos ahí le dije que quería ir al ministerio y no al cementerio, y por eso llegué tarde a la reunión con el comandante en jefe, que quedó para mañana a mediodía, porque yo me estoy levantando sobre las once de la mañana, ¿entendés? Y entonces no tengo nada que informar…” —agregó la secretaria de Estado.
—“Azucena, queda para otro día tu informe, no te preocupes…” —replica Vázquez, a lo que la ministra responde de inmediato.
—“¿Cómo que no me ocupe? ¡Claro que me voy a ocupar! ¡Tengo 85 años pero estoy entera y no soy incapaz!”
—“Preocupes, no ocupes, dije!” —contesta Vázquez en alta voz, y le da la palabra al ministro Díaz, que ocupa la cartera del Interior, tras la sorprendente designación de la semana pasada del ex ministro Bonomi como nuevo embajador de Uruguay en Palestina.
—“Tabaré” —arranca don José Díaz— “lo primero que te digo es que ayer mandé suspender la construcción de la nueva cárcel esa que el Pepe había mandado hacer en asociación con el sector privado, en primer lugar porque es un gastadero inútil de plata que se llevan los capitalistas neoliberales esos con los que trataba el gobierno anterior, y en segundo lugar porque ya tengo un plan escalonado de liberación de presos, arrancando con los de hurtos, seguidos por los de rapiñas simples, luego los de las agravadas, y terminando en tres años con los homicidas, que son todos muchachos víctimas de la sociedad opresora que los lanzó a delinquir, y que me han prometido, todos ellos sin excepción, que se rehabilitarán de inmediato ni bien recuperen la libertad y no reincidirán” —informó el secretario de Estado.
—“Y me imagino que esa liberación programada incluye también a mis muchachos del INAU, que con Lorier, que ahora como perdió la banca trabaja de chofer y hace changas, los iremos a buscar para devolverlos a sus hogares” —dijo la ministra de Desarrollo Social Marina Arismendi, agregando —“¡avisame cuándo los sueltan así programamos ir a buscarlos!” —agregó.
—“¿Quién es el Carlos del que están hablando, que no entendí bien?” —dijo la ministra Berrutti, pero nadie le contestó esta vez.
—“¿Qué querías decir de lo de Pluna?” —le preguntó el presidente al ministro Víctor (el “Toto”) Rossi, quien regresó a la cartera de Transporte y Obras Públicas.
—“Quería contarles que anteayer fui a visitarlo a Campiani a la cárcel de Campanero, y que les manda saludos a todos, en especial a Astori, con quien entabló una relación muy cordial cuando armamos lo de Leadgate. Me dijo que tiene unos amigos que nos presentarán un proyecto muy interesante para asociarse con Alas—U, ellos compran el 75% de las acciones, y con la garantía del Estado uruguayo por el 100% les aportan 10 aviones nuevos, así despegan en serio estos muchachos que vienen con tantas dificultades con esa empresita…”
—“¡Si van a servir masitas que sea ahora!” —interrumpió la Dra. Berrutti —“y que traigan más té, que estoy muerta de hambre y de sed”, —pero nuevamente no obtuvo respuesta.
—“Les doy una buena noticia” —aprovechó para informar la Dra. María Julia Muñoz, nuevamente a cargo de la cartera de Salud Pública —“conseguí en ASSE que nos den un bono ministerial a cada uno de los integrantes del Poder Ejecutivo para un chequeo mensual, y ya los tengo acá conmigo, se los voy a repartir al final de esta jornada de trabajo, son todos para la Clínica Suiza de Buenos Aires, con pago de traslado de ida y vuelta incluido, y alojamiento del familiar que nos acompañe en el Hotel Alvear, así que vayan agradeciendo, que acá se promete y se cumple…”—concluyó.
Luego hubo un aplauso generalizado, y se levantó la sesión.
Gracias al sacrificio de estos hombres y mujeres públicos, el Uruguay no se detiene, no señor.