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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáEn Búsqueda Nº 1.918, del 18/5/17, se publica una carta titulada Juan Pablo Terra y el Claeh. No me interesa, en absoluto, entrar en el contrapunto entre el Sr. Esteban G. Los Santos y el Dr. A. Lalanne. Aprovecho la oportunidad que sale al tapete un perfil del Arq. Juan Pablo Terra para complementar su figura con su legado político, hoy descuidado.
Lo hago espontáneamente con el solo respaldo de la memoria sin recurrir a auxilios hermenéuticos.
J.P. Terra cumplió una extensa y profunda gestión política como exponente de la Generación de los 60, especialmente en la gestación del Frente Amplio.
Desde las elecciones de 1962 la izquierda nacional votaba dividida entre la Unión Popular y el F.I.De Liberación. Existían grupos progresistas dentro de los partidos Nacional y Colorado pero votaban dentro de sus propios lemas. La identidad de pareceres y actitudes que se daba en los parlamentarios no era posible trasladarla al ámbito electoral por las trabas de la legislación electoral vigente. Aquí residía el problema para profundizar una más efectiva acción política y parlamentaria frente al gobierno de Pacheco Areco.
Construir un frente opositor que además tuviera un programa político a realizar en el futuro era un desafío de ingeniería y arquitectura política que requería personas con prestigio, reconocimiento e ideas claras y práctica para ser concretado.
Este fue el empeño de J.P. Terra. Persuadió a Michelini, tenaz opositor a votar junto con los comunistas, también a grupos católicos, socialistas y blancos. Les propuso caminos concretos para formar un frente político posible en aquellas circunstancias complejas.
En 1968 lanza su propuesta de la renuncia del presidente Pacheco para que asuma su vice Abdala y desde allí recorrer un camino hacia una política nacional y popular. La iniciativa fracasa. Propone, entonces, la alternativa b: que el presidente disuelva las Cámaras por el procedimiento constitucional habilitando la convocatoria de nuevas elecciones. La propuesta no prosperó pero generó el diálogo necesario entre blancos, colorados, católicos, socialistas y comunistas para buscar otra salida.
Para esto era necesario que blancos y colorados se retiraran de sus lemas tradicionales. Aclaraba que quienes dejaran sus cintillos no renunciaban a sus tradiciones y doctrinas políticas. Se unían en búsqueda de un acuerdo político que sacara al país de la profunda crisis política, económica, educativa, social y económica.
Bruschera, desde “Marcha”, se incorpora a la generosa propuesta de J.P. Terra y propone que la 99 de Michelini, el Movimiento Popular y Progresista de Rodríguez Camuso podían formar un Frente del Pueblo que luego invitara a otros partidos y sectores a incorporarse. El punto resistido por muchos era la incorporación del Partido Comunista en esta amplia alianza.
El proceso de discusión “frentista” con todos siguió su curso hasta madurar en 1969. Allí J.P.Terra generó una acción decisiva, en la plaza de Cagancha, frente a la sede del PDC, plantea la necesidad de crear un Frente Amplio, Nacional y Popular. Aquí surgió el destrabe de la situación que precipita el surgimiento formal del llamado Frente Amplio.
El problema consistió en que aquella “colcha de retazos” pudiera presentarse a las elecciones nacionales. La ley vigente no permitía acumular votos por sublemas en los lemas “transitorios”, solo era posible en los lemas “permanentes”. Esto era un obstáculo insalvable pues nadie aceptaba votar con lista única. Nuevamente sale J.P. Terra para destrabar el problema, ofrece el lema Partido Demócrata Cristiano, como manto que cubriera la multiplicidad de opciones.
Recuerdo la amplia y entusiasta adhesión de Bruschera a esta posibilidad. Argumentaba que sería aceptable por todos los grupos políticos de izquierda, pues a nadie agrede y a todos incluye. La palabra “partido” es en nuestra tradición el nombre de las divisas y los lemas con que se designan las formaciones políticas para su postulación en las elecciones; “demócrata” es la palabra en que todos coinciden de modo tal que rechazarla impide entrar a la coalición; y “cristiano” se refiere al ámbito cultural propio de los orientales, es una designación aglutinante y no excluyente, salvo para aquellos que no tienen la perspectiva amplia que este frente se plantea. La patria nació cristiana y se refiere a sus valores radicales, a nadie excluye y a todos integra sin otro compromiso que ser leal al programa político que se dé la nueva fuerza.
Creo que es oportuno recordar estos orígenes cuando el pensamiento correcto tiende a disimularlo. Es importante destacar el trabajo y la ilusión de quienes dejaron su vida en esto que hoy vemos en el escenario político. Aquí J.P. Terra tiene un lugar destacado que se le oculta con frecuencia.
En 1989 conversamos mucho sobre la “ley de caducidad” y el voto amarillo. Tuvimos opciones distintas pero no dejo de recordar su pensamiento disidente como muy serio, fundado y abierto al diálogo. Falleció dos años después, a los 67 años, por una mala praxis médica realizada en la mutualista a la que perteneció toda su vida.
Lic. Jorge Scuro