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Julieta Lucena y Soledad Lacassy son actrices, directoras y dramaturgas formadas en las dos principales escuelas del teatro independiente montevideano y con una intensa actividad durante los últimos años. La primera, como integrante de El Galpón, la segunda, del Circular. Primero por separado, cada una en su compañía, y desde hace dos años en conjunto, vienen desarrollando un trabajo muy atendible. A ambas las mueve el deseo de llevar al escenario los cambios radicales que han ocurrido, ocurren y seguirán ocurriendo en torno a los vínculos de pareja, al menos en esta parte del mundo llamada Occidente. Si bien es claro que la óptica es femenina y la matriz ideológica desde donde se expresan es feminista, sus trabajos tienen la valiosa virtud de reflejar múltiples sensibilidades y puntos de vista respecto de la cuestión de género.
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En Mirame que nos miran, escrita por Lucena y dirigida por ella y Lacassy, estábamos en el dormitorio de una pareja hetero que, ante una fuerte crisis, emprende la inusual tarea de escribir una obra teatral inspirada en su propia historia. Esta comedia dramática se estrenó con gran éxito en la sala 2 del Circular en 2020, se repuso en las dos últimas temporadas y ganó los Florencio en Escenografía y Mejor actor de comedia (Sebastián Martinelli). Tiene mucho que ver en esta pieza la experiencia de Lucena como terapeuta de pareja. Su protagonista, interpretada por Lucena, podría perfectamente integrar el grupo de amigas que ahora se nos presenta en Vaciar chat. Comparten círculos y códigos sociales, se visten igual, hablan del mismo modo. Podemos ver esta historia como una secuela (o precuela también) de aquella.
Estrenada en octubre, nuevamente en la sala 2, Vaciar chat nos introduce en el grupo de WhatsApp de cuatro amigas. Cada una está en su casa. El estrecho escenario rodeado de público alberga los cuatro hogares. Espacios cotidianos como el dormitorio, la cocina, el comedor o el living son el territorio íntimo de cada una de ellas, el feudo confesional donde son quienes realmente son, sin las máscaras sociales que cada quien se coloca a diario en el exterior. Las cuatro actrices comparten la escena y se alternan en esos cuatro ámbitos. El dispositivo escénico —muy acertado, por cierto— ideado por las directoras consiste en que tanto los mensajes escritos como los orales —audios— son representados verbalmente por las cuatro actrices.
Así se presenta la cuarteta de personajes (en la pantalla vemos sus perfiles en redes) y se plantea el conflicto. Bruna (Ana Lucía dos Santos) cuenta, muy feliz y esperanzada, que está en una nueva relación. Pero resulta que una de sus amigas conoce un reciente antecedente complicado de ese hombre, vinculado a la violencia de género. El dilema de contárselo o no acapara la conversación de las otras tres (Emilia Palacios, María Eugenia Puyol y Lucena). Entre las tres sostienen un arduo debate en un nuevo grupo que abren para considerar el asunto.
La virtualidad al palo. La hiperconectividad. La ubicuidad. La vida misma. Vaciar chat (sábados 20.30 y domingos 19.30, hasta el domingo 11) también refleja el impulso de esta generación para rebelarse ante un abuso y buscar que se haga justicia. Orbitan en torno al escenario la pertinencia en estos tiempos del amor romántico, los pros y contras de los escraches en redes, el derecho de una persona a la autodeterminación, las consecuencias de hacer una denuncia y también la falta de amor y ternura en la que puede caer alguien por querer ayudar a un ser querido. Quedan dos fines de semana para verla. No lo duden.