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    Jurassic Park

    Los dos hombres iban callados, uno atento a la ruta, porque conducía el blindado ruso en los polvorientos caminos de la isla, el otro entrecerrando los ojos por el cansancio del viaje y el calor de los trópicos.

    El coronel del ejército del pueblo cubano Ibragilardo Estévez era un moreno alto, de mediana edad, pero no llevaba uniforme, sin duda para que no lo reconocieran. Don José Mujica Cordano, el otro ocupante del vehículo, no necesita presentación.

    Ya habían dejado atrás el pueblecito de Coconey del Mar, y progresiva y progresistamente se iban internando en los manglares del sureste cubano.

    —“¡Loparió que lo tienen tapao al hombre!” –dijo el presidente uruguayo, sorprendido por los recovecos y las curvas de aquellos caminos semiocultos en la selva tropical.

    —“Don Pepe, usted se imaginará que por razones de seguridad, el comandante tiene que estar en un lugar oculto y desconocido” —replicó el coronel Estévez, con voz serena.

    Pasaron por un túnel cavado en la tierra seca, y emergieron en medio de un oasis de palmeras y cafetos, en cuyo centro se alzaba un bohío de amplias dimensiones.

    En una reposera que se hallaba al frente de la confortable cabaña de techo de hojas de palma, un anciano de blanca barba rala y endeble figura apenas entreabrió los ojos, como saliendo a duras penas del sopor de la siesta. Algunos insectos revoloteaban en torno a una cesta con papayas y chirimoyas frescas. Un par de tucanes revoloteaba en lo alto de un frondoso tamarindo de generosa sombra.

    —“¿Quién eres tú? ¿Qué quieres? ¿Eres Dios y estoy muerto?” —pregunto con cierta ansiedad el anciano, desde su duermevela.

    —“¡Jatejodé, Fidel, shoy yo, el Pepe Mujica!” —replicó el visitante— “¿tan jodidojtá que no me conoshé?” —agregó.

    —“¿Cómo? ¡No te oigo bien! ¿Qué eres quién? ¿Elpemujica? ¿Y qué es eso? ¿Eres un cacique azteca? ¡Ayudante!, ¿a quién han traído?, ¿corro peligro?” —dijo con voz temblorosa y con evidente ansiedad el anciano.

    Una enfermera que llevaba una túnica azul se acercó. Ninguna enfermera en Cuba lleva túnica blanca, para evitar ser confundida con una dama de blanco, peligroso grupo de terroristas que amenazan la seguridad y la paz interior del primer territorio libre del Caribe. Le dio una pastilla al anciano, la que ingirió con un vaso de agua fresca. La nurse le explicó al visitante que el frágil paciente estaba un poco sordo, y le recomendó que le hablara en alta voz.

    —“Shoy el-Pe-pe, Fidel!” —gritó entonces el presidente uruguayo.

    —“¿Qué se acabó el papel? ¡Que lo repongan, que esto no es Venezuela!” —bramó el viejito, dando signos de que tan mal informado no estaba —“¡a ver, Florisbel!” —dijo, dirigiéndose a la enfermera –“repongan el papel higiénico en el baño, que acá el señor visitante dice que se acabó! ¿Qué otra cosa puedo hacer por usted, señor…? ¿Me dice su nombre, por favor?”

    —“¡Pero qué jodidojtá ejte tipo!” —dijo en voz baja y como para sí mismo el Pepe Mujica —“¡Fidel, shoy el tupamaro más famosho del mundo! ¡A ver shi me conoshé ahora!” —vociferó como para que lo escucharan desde la Habana.

    —“¡A mí, ayudantes! ¡Nos invadieron los tupamaros! ¡Son unos tipos peligrosísimos! ¡Abandonaron la lucha armada para votar en democracia! ¡A las trincheras! ¡Estos son capaces de revisar los libretos y llamar a elecciones libres!” –gritó desesperado el viejito, irguiéndose en su reposera y mirando con los ojos vidriosos y cansados a su visitante.

    —“¡No corré ningún peligro, carajo!” —lo tranquilizó Mujica —“vine a shaludarte y a ver cómo andaba, con lo sheshentanio del ashalto al Cuartel Moncada, vo! ¡Vengo delculoelmundo pa abrasharte y vo me armá ejte quilombo, papá!” —gritó de nuevo el Pepe, medio desilusionado por la falta de receptividad de su esfuerzo.

    —“¿Cuándo es el asalto al Cuartel? ¿Mañana?, ¡A mí, mis hombres, el uniforme verde oliva, sáquenme este piyama vergonzoso con el que me tienen disfrazado! ¡Mi metralleta, mi metralleta! ¡La Kalashnikov, con el cargador lleno! ¡Y la pistola nueve milímetros!” —pidió el anciano, logrando en cambio que le dieran una segunda pastilla con agua alimonada, tras lo cual recuperó la calma.

    —“Te traigo loshaludo del pueblo uruguayo, revolushionario y comprometido con loshideale de tu penshamiento libertario, ¡shoshunídolo pa noshotro, comandante!” —dijo el Pepe, con los ojos humedecidos por la emoción y la tristeza.

    —“Coronel Estévez ¿a quién me ha traído? No lo reconozco a este visitante…¿De dónde viene?” —le preguntó el comandante a su subalterno, quien se mantenía en silencio en un segundo plano.

    —“Comandante, se trata del presidente del Uruguay, don José Mujica, a quien llaman el Pepe, él dice que ya había estado en Cuba antes, en otros tiempos, entrenándose como guerrillero, cuando era joven, y ahora ha regresado, como presidente electo de su país, para saludarlo en su nombre y en el del pueblo de su país…¿se da cuenta ahora de quién se trata?” —explicó a viva voz el solícito militar.

    —“¿Y dice que ahora es presidente electo? ¡No puede ser! Si estuvo aquí entrenándose como guerrillero, debería regresar como presidente vitalicio, tras haber triunfado en la revolución! ¡Que se marche, que derroque algún gobierno constitucional y que entonces sí que vuelva, que lo saludaré como guerrillero y revolucionario, pero que si ganó unas elecciones es un traidor a la causa, y no me interesa para nada hablar con él! Que hable en todo caso con Raúl, y que haga negocios, si trae petróleo como Chávez entonces sí hablamos, porque a Maduro en cualquier momento le cortan el chorro, y que me dejen descansar, por favor, que estaba durmiendo la siesta y me despiertan para hablar con un mequetrefe constitucional, ¡por favor! ¡Vigílenme mejor las entrevistas, coño!” —bramó el anciano, tras lo cual se recostó y cerró los ojos, somnoliento.

    En una conferencia de prensa brindada por el presidente uruguayo en La Habana, antes de partir de regreso a su país, don José Mujica contó acerca de su entrevista privada con el comandante Fidel Castro.

    —“¡Ta muy bien el comandante, ta, de ánimo y de shalú! —expresó el mandatario uruguayo —“she intereshó mucho por la eshelente marcha del gobierno progreshijta uruguayo, y she congratuló por el cordial relashionamiento entre Cuba y el Uruguay, hashiendo voto paquel Frente shiga al mando del dejtino del paí. Nojvamo con la shatifashión de verlo mejor que nunca” —dijo al concluir sus declaraciones.