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    La Armada Nacional

    Sr. Director:

    ¿El salvavidas? Nuestra Armada Nacional obviamente forma parte de la institución Fuerzas Armadas de Uruguay, parte esencial del Ministerio de Defensa Nacional. A pesar de nombres tan guerreros, objetivamente tiene un fin no bélico. Somos profesionales de la guerra pero de antemano sabemos que ésta no se producirá, más allá de alguna escaramuza de baja intensidad, a lo sumo.

    Obviamente que quienes llevamos en los genes el amor a esta profesión naval soñamos una y mil veces con buques y tecnología que nos permitan ser cada vez mejores en las misiones que nos ha dispuesto la Constitución de la República. Comenzando por la defensa de nuestro Estado democrático-republicano.

    Volviendo al mar, el Uruguay tiene jurisdicción obligatoria en áreas del Atlántico Sur, áreas establecidas por la ONU a las que no podemos renunciar.

    Estamos obligados como nación a ser capaces de responder ante una emergencia, debemos ser creíbles y no podemos dejar ese espacio a nuestros vecinos (Brasil o Argentina).

    No se trata de una competencia de fútbol. Se trata de que si no estamos, no existimos. Así de sencillo.

    Por eso, algún elemento presencial del Estado —y generalmente se expresa en unidades militares— se necesita en ese vasto territorio.

    Debemos ser capaces de dar una respuesta seria siempre, debemos dar apoyo a plataformas y buques científicos que están estudiando nuestras aguas, debemos dar protección técnica y creíble para evitar la contaminación del mar, debemos defender las zonas ictícolas de las multinacionales que depredan nuestras riquezas y también debemos dar protección a los posibles yacimientos de minerales e hidrocarburos de nuestro suelo y subsuelo.

    También deberíamos estar preparados para participar en misiones humanitarias, de paz, dispuestas por la ONU.

    Nadie en su sano juicio puede pensar en tener una Armada Nacional con armas de destrucción masiva o elementos para atacar a nuestros vecinos.

    La lectura del artículo del periodista Javier Benech, en el Semanario Búsqueda de fecha 19 de setiembre de 2013, página 10, fue demasiado fuerte —justamente celebraba cumpleaños— con los comentarios de un ex amigo.

    Este fue el disparador: intentar saber (una difícil tarea) cómo se justifica un acto aparentemente de corrupción institucional generalizado.

    He buscado en la historia de la Armada acciones y/o actos destacables y de ofrenda de las propias vidas de nuestros hombres. Hay varios hechos destacables. Eso sí: no he podido encontrar uno solo en que, para “salvar vidas” se delinquiera previamente.

    He encontrado varias acciones heroicas pero ajenas a intereses económicos personales.

    A forma de ejemplo: el combate de Costa Brava, en el río Paraná, 16 y 17 de julio de 1842; estaban enfrentados nada más ni nada menos que Garibaldi y Brown en una guerra de hermanos argentinos y uruguayos. Este combate tuvo acciones heroicas extraordinarias.

    Tripulantes de los buques de Garibaldi, algunos de ellos menores de edad, en la noche, subidos a barriles de pólvora encendida, se dejaban llevar río abajo para atacar al “enemigo” que avanzaba río arriba. Ellos estaban dando su vida por la patria, sin otra convicción que la libertad.

    Ya en la época actual, ha habido acciones de ofrenda de vidas, solo pensando en el prójimo, y muchas veces éstas pasaron desapercibidas.

    En este sentido, hay que reconocer enfáticamente que la Prefectura Nacional Naval es la que más hombres aportó por otros compatriotas.

    Un hecho emblemático fue la llamada Tragedia del Banco Inglés, el 6 de agosto de 1954, con el hundimiento del pesquero Isla de Flores. Murieron 13 compatriotas, entre ellos cinco pescadores y ocho hombres de la Armada. Un duro precio.

    Otro hecho podría ser el hundimiento del buque mercante Harp en pleno temporal de julio de 1972, donde entre los varios cadáveres cuando se llegó al lugar del hundimiento se pudo recuperar con vida a algunos de ellos por la acción de tripulantes de un buque de la Armada (el 18 de Julio) que no dudaron en lanzarse al agua en plena tormenta.

    También ha habido evacuaciones de alto riesgo por helicóptero, el uso de embarcaciones neumáticas no adecuadas para la operación de rescate y creo que se le ha puesto el hombro muchas veces.

    Por suerte, los casos de “salvar vidas”, como dice el ex Encargado de Despacho del Comando de la Armada, no son frecuentes. Lo de salvar vidas es casi una excepción a la regla.

    Lo que no me cierra es que se diga que se salvaron vidas en Haití porque desde un buque nuestro se les dio algún alimento a refugiados que seguramente estarían hambrientos. Y entonces, a través de esta aseveración tan particular, se desata toda una trama de procedimientos que llevaron a juntarse con dineros del Estado de origen “dudoso”.

    Quiero detenerme un momento más en tratar de entender los dichos del ex jerarca: “Pero omisión en mi cargo no tuve pues el mío era un cargo estrictamente operativo. Otras áreas ajenas a mí eran quienes tenían funciones de control administrativo”.

    Es decir que el jerarca, en una emergencia de necesidad de “salvar vidas” solo se ocuparía de lo operativo. Es una definición muy, muy novedosa.

    Permítanme tomar como ejemplo a una Institución que respeto y admiro profundamente, para ayudar a entender este tema. Me refiero a la Dirección Nacional de Bomberos, uno de los orgullos de nuestro país.

    Intentaré un paralelismo entre las dos instituciones (Armada y Bomberos) para explicarme mejor. Según el jerarca naval, su función sería “mandar operativamente la emergencia”. Es decir, una orden muy simple: “que salga la emergencia”.

    ¿Y después qué? ¿Me voy a dormir? ¿Me voy a mi condominio en Miami? ¿O a ver los partidos de la Liga Universitaria en Tailandia?

    Porque si el buque de rescate o carro bombero no tenía agua en el tanque, combustible, el personal adecuado y suficiente para la tarea, las mangueras, las sirenas, si había apoyo sanitario complementario, si la coordinación con otros organismos estaba en marcha, eso no era analizado por el jerarca. ¿Eso no era su tema? ¿Era otro oficial, quien generalmente era un subalterno, así, si algo salía mal el de abajo era el que se hacía cargo?

    A esta situación le agregamos que “alguien, de abajo también”, previamente ya había armado una trama que le facilitaba dinero dulce, miles de dólares, que no se sabía de dónde salían y se usaban en cosas que nada tenían que ver con salvar vidas y las emergencias.

    Mi viejo amigo: estoy convencido de su honestidad personal, absolutamente convencido. Pero sí creo que le hizo la “vista gorda” a varios corruptos.

    Como perlita, durante el gobierno del Dr. Batlle el salón de almirantes, llamado “Alcázar” en su momento, en honor encubierto al dictador Franco, costó más de 300.000 dólares.

    Eso sí: teníamos unidades sin siquiera un salvavidas individual para cada tripulante.

    Otra perlita más: en la Base Naval del puerto de La Paloma, en Rocha, se inauguró a toda pompa, nuevamente durante el gobierno del Dr. Batlle, con un costo de miles de dólares (más de U$S 120.000), un nuevo salón “operativo”. Bienvenido sea el mejorar instalaciones. El punto es que no era un local para facilitar las tareas “operativas”, como pregonaban los jerarcas de turno. No era un local para los radares ni un local de apoyo electrónico, ploteo o tantos equipos modernos que facilitan las tareas de apoyo y control. No. Inauguramos un quincho muy coqueto para jerarcas. Lo importante era y fue las bondades del nuevo aire acondicionado para las celebraciones familiares, el tamaño de la parrilla, las reposeras, los equipos de música, etc.

    Es vital que nuestro país tenga una base naval frente al Atlántico Sur. Dije base naval, no gran trampolín con un administrador del camping de jerarcas.

    Históricamente, de gestionarse bien, atendiendo mayordónicamente las diversas solicitudes de familiares, desde el inflado de la pelota de voley hasta quién se haría cargo de las mascotas, el jefe naval a cargo de la base “operativa”, finalizaba su gestión con el premio de ser diplomático en el exterior. Generalmente, agregado naval.

    Muchas veces, el mal llamado “espíritu de cuerpo” nos impone ser cómplices de todo, no importa lo que sea. Hay que tapar todo y llegamos a desconocer al propio Poder Judicial, pilar de nuestro sistema.

    Basta con leer las actas del Juzgado de Rocha para que cualquier profesional del mar vea cómo se mintió descaradamente.

    Una pregunta interesante sería saber qué consecuencias institucionales o penales tuvo el responsable del operativo de rescate en el choque y hundimiento del Barreminas Valiente.

    La Armada tuvo 11 fallecidos, cumplían con una misión de patrulla, de presencia en nuestro mar y murieron de frío, esperando que alguien hiciera algo, a solo 10 km de la costa. Yo les doy la respuesta: fue designado diplomático en Estados Unidos. En cuanto a qué parte de la base naval era una “escuela de modelos”, eso formaba parte de lo “operativo”.

    Aprender de los maestros no vendría nada mal. Decía Sun-Tzu en su obra “El arte de la guerra”, 2.500 AC, “Provisiones”, párrafo 28: “Un ejército sin provisiones ni productos alimenticios está perdido”. Es la tropa lo importante.

    Lo difícil (párrafo 87): “Cuando adviertas peligros y dificultades no olvides a las tropas”.

    Al lado de Sun-Tzu pongamos al general alemán von Clausewitz en su tratado “Sobre la guerra” y la importancia de que el general o almirante debía atender todos los temas de la acción. No había ni puede haber dos, tres cabezas; ¡los soviets no funcionan!

    En las estructuras militares, el jerarca es uno y solo uno, con toda la responsabilidad.

    Si sale bien, no hay que justificar nada. Si sale mal, no habrá mil volúmenes que lo puedan explicar.

    Una dulce para el final: este gobierno ha designado, sin lugar a dudas, a su mejor oficial a cargo del Comando General de la Armada, el almirante Ricardo Giambruno. Conozco en detalle su trayectoria desde el mismo momento de su ingreso a la Escuela Naval, donde fui uno de sus oficiales instructores. Su hombría de bien, honestidad y coherencia en las decisiones que ha tomado hasta ahora nos motivan mucho.

    Sin dudas, la Armada volverá a ocupar el sitio que nunca debió dejar.

    Capitán de Navío (r) Alex Lebel