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    La Cárcel de Seregni

    Sr. Director:

    Hace 13 años, el día de su último cumpleaños, cuando se celebraba con sus más cercanos amigos en La Spezia, Seregni dijo: “Y recuerden que cuando esté en el ropero, cada vez que no esté de acuerdo golpearé la puerta desde adentro para señalarlo”. El texto no es exacto y no lo podrá ser pues ninguno de los historiadores que escudriñaron la vida de Seregni logró rescatar ese testimonio de aquella noche.

    Sabemos que en la dura interna del FA tantas veces hubiera dado el “portazo”, pero no lo hizo para no desalentar a los que habiendo sufrido en la larga dictadura tenían depositada en él su mayor esperanza. El general no claudicó en los encierros.

    Seregni en su último cumpleaños ya era un símbolo de la patria. Había salido de la arena política partidaria y era el referente de todos. La crónica narra que en sus últimos años, era más fácil que lo atendiera Jorge Batlle que las autoridades del Frente/Encuentro de la época.

    Fue ejemplo cívico y humano para todos, sin exclusiones y lo acrecentó el día que fue liberado de la cárcel de la dictadura. Desde su balcón, dejó una imagen que perdurará para siempre. Con un megáfono a pila, que se hizo icónico, reiteró su vocación de paz y llamó a la unidad de todos los orientales. Así, quedó en la historia grande de la patria, tan explícito, como vibrante. Dijo lo que pensaba e hizo lo que decía.

    Fue gestor del Pacto del Club Naval a contracorriente de muchos. Señaló caminos decisivos, como su convocatoria al voto en blanco en las internas. Quienes votamos en blanco, fieles a su propuesta, no fuimos muchos. No lo apuntalaron todos los que hoy pretenden perpetuarse en el monumento recién inaugurado. El mismo consta de columnas que simbolizan los partidos del FA, esas columnas confluyen en la altura y en el centro cuelga un elemento, como un largo badajo de campana, pero que no suena.

    La nueva cárcel, que veo en ese monumento, lo representa limitado por quienes los cercaron entre esas columnas simbólicas que se interpretan erróneamente como su sustento. El único sustento del general Seregni fue su lealtad a la Constitución y las instituciones de su patria, la patria de todos.

    Los monumentos perpetúan la imagen de los hombres, su semblante, representando el ser real, de carne y hueso. La imagen de Seregni, que abrazó, que sufrió, que emocionó, que mantuvo una sonrisa sin exclusiones y una mirada penetrante siempre interpelante y abierta, la ocultaron nuevamente entre barrotes, como los que la hicieron invisible tanto tiempo.

    Hijo de libertarios, Líber fue siempre un hombre libre, único en toda su trayectoria; al elegir el Ejército, su vida política, su prisión, sus múltiples intentos de reconstrucción del FA para servir a la patria y su destierro partidario. Todas sus etapas son Seregni, pues para ser ejemplo de vida, hay que haber sido ejemplar toda la vida.

    Por toda esa vida, Seregni es honrado por todos y así lo escuchamos en la Asamblea General en la voz emocionada de referentes de todos los partidos, el día que hubiese cumplido sus 100 años.

    A pocos metros de ese monumento, está el balcón donde luego de su prisión, todos volvimos a ver a Seregni libre, genio y figura. 

    Ayer me imaginaba que tal vez un bronce en esa altura, saludando, con Lili a su lado, hubiera dado a esa esquina la vigencia histórica, que quisiéramos que las próximas generaciones recuerden.

    Hoy, para los que pasan por el malogrado monumento y para los ocupantes del edificio privado que le da el marco a esa escultura, la imagen tendrá significados diferentes. Al edificio lo engalana, pero no puedo imaginar cuál será el significado que le transmita al transeúnte común. Por más que quisieron explicarlo, dudo que vean en él, al general Seregni.

    La plaza con su nombre seguirá siendo el mejor recordatorio, un lugar cívico de encuentro. Un lugar cada vez más hermoso, con su arbolado y los miles de ciudadanos de ese barrio que tienen un momento de paz en el entorno que lleva su nombre. Eso fue lo que el general regalaba, momentos de paz y esperanza cada vez que uno estaba con él, en lo privado o en los actos masivos. Él era vida familiar, vida institucional, vida política, vida de barrio, de amigos, de entrega. 

    En el ruidoso cruce de los dos bulevares, Artigas y España, el recuerdo del general seguirá en el balcón.

    Seregni fue único y su monumento debe mostrarlo a él, como se hizo con los demás que fueron honrados por la patria.

    Fue un general artiguista, libertario, fiel a la patria y defensor de sus instituciones.

    Quienes estuvimos en ese último cumpleaños lo recordaremos como el líder que no admitía ser encerrado nuevamente y que con su visión casi profética lo anticipó.

    J. L. Díaz Rossello