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    La Confederación de Cámaras reclama un “paquete de medidas de urgencia” como “salvataje” para evitar que “caigan” más empresas

    Con orgullo, Gerardo García Pintos repasa la historia de la gremial ruralista a la que ingresó hace más de 30 años y cita de memoria a los dirigentes que llegaron a ocupar cargos de gobierno. En la actual carrera electoral, ya como presidente de la Confederación de Cámaras Empresariales, dice que lo invitaron a sumarse a partidos de la oposición para hacer campaña. Y aunque no aceptó, opina que hacen falta más empresarios en política porque el Estado precisa de su “sentido común” para la buena administración.

    En el despacho de la Asociación Rural (ARU), que presidió a mediados de los noventa, García Pintos se queja del “combo infernal” de costos que soportan las firmas y la sociedad en general. Y reclama un “paquete de medidas de urgencia” para “salvar” a las empresas y sectores que se “están cayendo por el costo país”.

    A continuación una síntesis de la entrevista que mantuvo con Búsqueda.

     —¿Qué temas analizó la última asamblea de presidentes de la Confederación?

    —La agenda fue variada. Estuvo presente la postergación del control obrero planteada en Montevideo Gas, que debería ser definitiva, por lo inconveniente y porque no tiene base legal. Además, tratamos el documento que está en elaboración pensando en el próximo gobierno, con los puntos que fueron elevados por las 25 entidades socias y que presentaremos dentro de algunas semanas a los partidos políticos, al gobierno y a la opinión pública.

    Pero hay una serie de puntos en los que el país no puede esperar un año. Queremos adelantar los tiempos en la búsqueda de soluciones, como en seguridad social, donde hay consenso —en el gobierno y los distintos partidos—, que es un tema a mejorar, porque es una de las causas del importante déficit fiscal que tiene Uruguay.

    —El resultado fiscal a enero trepó a 4,3% del Producto Bruto Interno (PBI) y el gobierno lo reconoce como una piedra en el zapato, en pleno año electoral…

    —Uruguay está entrando en un terreno muy peligroso con el déficit fiscal. Hace 20, 25 años el Estado pesaba en la economía cerca de 25%, ahora está en torno a 35% del PBI. Es una mochila demasiado pesada para la sociedad y para el sector privado. No estamos hablando de sacarle derechos a nadie. Hay 300.000 empleados públicos, 70.000 más que hace 15 años; esa cifra significa del orden de US$ 1.000 millones al año, en forma directa por salarios y cargas sociales. Más o menos un 3% de los funcionarios por año se retira, se jubila, fallece. Si de esa cifra se repusiera uno de cada tres, demoraríamos 12 años en volver a la situación de tener 70.000 empleados menos. Ese exceso va a la carga tributaria y al encarecimiento de la economía, en un país que se ha vuelto carísimo para vivir y producir.

    —En este período el Poder Ejecutivo bajó esa línea, de llenar menos vacantes, reducir las horas extra…

    'Uruguay está entrando en un terreno muy peligroso con el déficit fiscal. Hace 20, 25 años el Estado pesaba en la economía cerca de 25%, ahora está en torno a 35% del PBI. Es una mochila demasiado pesada para la sociedad y para el sector privado'.

    —Los esfuerzos que pueden haber hecho son bien valorados, pero son absolutamente insuficientes. Y cuando se tiene el déficit del tenor del que hay, se afecta todo, porque como para financiar al Estado tienen que echar mano al financiamiento, viene toda la batería de instrumentos que termina con papeles del Estado deprimiendo el tipo de cambio. Entonces, aunque repitan y repitan que no tiene nada que ver y que la flotación es libre, eso no se lo cree nadie. Eso lo dicen cuando están en el gobierno y cuando están en la oposición dicen lo contrario.

    Sabemos que el déficit fiscal es la madre del borrego, el primero de los males que tiene Uruguay y eso trae otros males, entre los cuales está el atraso cambiario y el endeudamiento. Es la famosa trilogía letal que el propio contador (Danilo) Astori, en la primera campaña electoral que luego ganó el Frente Amplio, nos dijo acá mismo en la ARU en una junta directiva, que había que evitar.

    —Astori plantea que Uruguay consolidó un camino de crecimiento de 15 años ininterrumpidos ¿Cree que eso también está en peligro?

    —Eso es positivo, pero con los números actuales no es sustentable. El Uruguay no es resiliente, porque ha agrandado tanto el peso del Estado que el PBI se va a resentir y el crecimiento va a ser menor. Ya hay visos de algún tipo de recesión, que no alentamos. Todo el crecimiento lo ha hecho el sector privado, que ha venido del exterior, de la región que nos mandó los agricultores argentinos, de los flujos de capital cuando en el mundo las tasas de interés eran muy bajas. Todo eso se está cortando y hay luces amarillas. Las exportaciones dejaron de crecer, y es magrísimo el desempeño del comercio en el interior, que entró en una competencia feroz con el contrabando y el informalismo.

    —Algunas empresas anunciaron el cierre de sus plantas, varias se presentaron a concurso y todo ello generó pérdida de empleo y actividad. ¿Qué propone la supragremial?

    —Los empresarios hace años que hablamos del gasto público y del déficit fiscal como predicando en el desierto. Si se empezaran a hacer todas las reformas estructurales que el país necesita hoy —del Estado, las empresas públicas, la seguridad social, la educación—, sin un paquete de medidas para salvar a las empresas uruguayas, todo el producto de esas reformas llegará tarde. Tiene que haber en paralelo a las reformas un paquete de medidas de urgencia para salvar a las empresas y sectores que están en dificultades, porque es mucho más caro para la sociedad perder esas empresas y organizaciones. Uruguay tiene mala experiencia en esto, por no haber tenido el liderazgo y la valentía de hacer un salvataje de empresas que murieron en la mitad de la correntada. La última vez fue en la crisis del 2002: murieron un montón de empresas, de productores agropecuarios, donde hablo con más propiedad.

    Hay dificultades de rentabilidad y endeudamiento en la lechería, en la citricultura, en el arroz, y no son los únicos. Hasta la industria de la carne está amenazada. Al final del día, el costo exagerado del país, que va en la carga tributaria, las tarifas públicas, los combustibles, es un combo infernal.

    —¿Cuáles serían esas medidas urgentes?

    'Por supuesto que es natural que mueran empresas, pero lo que hay es un clima artificialmente en contra que atenta y hace que se mueran antes de lo que deberían morirse'

    —Reducir el atraso cambiario, bajar el costo de combustibles y tarifas, mayor devolución de impuestos a sectores en problemas, alivio tributario y créditos especiales, reducción de gastos en todas las oficinas públicas y revisión del patrimonio del Estado, dígase inmuebles abandonados, para su posible venta o reutilización.

    —Eso aumentaría el déficit fiscal…Por ahora, las medidas del Poder Ejecutivo fueron al estilo de lo que se prevé hacer con Caputto, darle un préstamo.

    —Lo que sé es que Pili no vuelve más y que Caputto, si se pierde, no vuelve más. Le compete al gobierno, pero no hay rumbo de urgencia, sino una especie de defensa de la situación actual. Uruguay está mucho mejor en muchas cosas que hace años, pero no está lo suficientemente bien como para que estas empresas no se caigan. Y se están cayendo por el costo país.

    —¿En esas crisis de empresas no hay también errores propios, de gestión, de inteligencia comercial, o hasta factores climáticos o de precios internacionales?

    —Puede haber casos. Pero cuando ves que hay todo un sector en dificultades deja de ser la empresa, el gerenciamiento, sino el marco. Los mercados internacionales de la mayoría de los productos que produce Uruguay, en general, están con precios razonablemente buenos, el problema no es el mundo.

    Si Uruguay atenuara su déficit fiscal, si atenuara la manera en que lo financia, sería la medida más fuerte: la menor afectación del tipo de cambio. Sería la vía más directa, la más impactante. Y no estamos alentando macrodevaluaciones, pero un peso o dos pesos más en la ecuación vaya si sirven.

    Ha sido casi una política de Estado del Uruguay tener atraso cambiario y es el peor de todos los impuestos para el sector exportador.

    —El presidente Tabaré Vázquez habló de un proceso natural de muerte y nacimiento de empresas. ¿Usted no lo interpreta así?

    —Por supuesto que es natural que mueran empresas, pero lo que hay es un clima artificialmente en contra que atenta y hace que se mueran antes de lo que deberían morirse. ¡Es artificial! ¡Es el Uruguay! Es un “ambiente Uruguay”. El que tiene atraso cambiario es Uruguay, el que tiene déficit fiscal de 4,3% es Uruguay, el que tiene una carga tributaria pesadísima es Uruguay, el que tiene dificultad para abrir una empresa es Uruguay. Uruguay tiene una cantidad de cosas fabulosas, pero tiene una cantidad de cosas que son muy malas, en comparación con el mundo.

    —Sin embargo, en el vecindario Uruguay no está entre los peores ambientes de negocios...

    —Argentina y Brasil tienen sus artificialidades también… Nueva Zelanda tiene las suyas y son favorables; las nuestras son como en contra. Además, está el ambiente del Ministerio de Trabajo, de los Consejos de Salarios, en el cual el Estado, debiendo ser árbitro, ya se sabe para qué lado va a cobrar. Y en cosas parecidas el sector empresarial siente la Justicia laboral. Entonces, ante esas situaciones el empresariado reacciona,  junto a la tendencia internacional de automatización, a la sustitución de personas por máquinas, robots, etc. Se perdieron 50.000 puestos en los últimos años y mucho tiene que ver con ese clima adverso. Desde el gobierno casi se festeja la cantidad de acuerdos en los Consejos de Salarios.

    —¿Está mal?

    —Sí, está mal, porque hay una enorme cantidad de situaciones en que los sectores firman porque no hay más remedio, porque se siente que es una manera de tirar para adelante a la espera de una situación mejor. Ese es el clima. Hacés una verdadera encuesta a nivel empresarial y casi nadie festeja los acuerdos de los Consejos. Creo que hay que madurar mucho su funcionamiento, son viejísimos en su concepción y les falta sentido de no tomar ventaja unos u otros.

    ?? “Somos mejores administradores”