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    La Escuela Militar intenta recuperar el “prestigio perdido” para captar “más y mejores” cadetes tras años de caída en la matrícula

    El instituto contrató una agencia de publicidad, promueve competencias deportivas, flexibilizará requisitos académicos, dará clases de protocolo, remueve tatuajes y organiza visitas al teatro

    Son las 11 de la mañana del viernes 22 y en la Plaza de Armas de la Escuela Militar del Ejército 265 cadetes visten su uniforme de gala. Desfilan ante la mirada de las máximas autoridades de las Fuerzas Armadas y del Ministerio de Defensa, conmemorando el 129º aniversario de la creación del instituto.

    Esos oficiales y altos mandos que hoy son espectadores desfilaron hace 30 años por esa plaza tras competir entre 800 aspirantes a 100 cupos que se abrían cada año para entrar a la escuela de oficiales del Ejército.

    Hoy, si bien sigue existiendo examen de ingreso, la realidad es diferente: la matrícula viene cayendo desde hace años, según los datos oficiales. En 2012 los matriculados fueron apenas 99, según el anuario estadístico del Ministerio de Educación.

    A esa situación se suma que la Escuela Militar “está fallando a la hora de captar jóvenes de niveles socioeconómicos” medios o altos y eso “también preocupa”, según el general Marcelo Montaner, director de ese centro.

    Montaner, que asumió en febrero al frente de la institución, emprendió una serie de cambios con el fin de aumentar su poder de captación “para tener más aspirantes, y de todas las clases sociales”, dijo a Búsqueda.

    “Si yo capto mayor cantidad, puedo tener mayor calidad. Puedo captar un individuo que tenga valores básicos de familia para que su adaptación sea más sencilla a los valores castrenses, de abnegación, valor y honor, que toda la sociedad debería tener, pero en los militares no puede faltar”, sostuvo.

    “Un cuidacoches puede tener valores, no es un razonamiento lineal, pero si logro captar mayor cantidad de gente, a través de un buen examen de ingreso puedo seleccionar los mejores candidatos, cosa que hoy no puedo”, añadió Montaner.

    El general señaló que la baja de la matrícula “acompaña la baja de ingresos en la educación en general” pero que “está claro que hoy no se capta a un joven del British, o del Colegio Alemán”.

    “Yo fui al Alemán”, contó.

    “Quiero romper con ese cliché de que los militares tenemos una formación relacionada con un bajo nivel social. Un cliché que además es relativamente reciente”, agregó.

    “Si yo puedo convocar individuos con una formación en valores básica, puedo elevar el nivel de la propia escuela. Hoy los aspirantes llegan de los niveles socioeconómicos más bajos y eso también hay que trabajarlo”, dijo.

    Para Montaner, la caída en los aspirantes y el desinterés de los jóvenes de sectores socioeconómicos medios y altos también puede deberse a que “cuesta ver” cómo se posicionan los militares “después de ciertos períodos de la historia reciente”.

    Agencia, publicidad y tatuajes.

    Empeñado en cambiar esta realidad, Montaner promovió un rediseño del plan de captación, “mucho más agresivo” con una “fuerte presencia en las redes sociales”.

    “Hoy tenemos 5.000 seguidores en Facebook, y contratamos una agencia de publicidad para que enfoquemos un mensaje claro y convincente hacia la juventud”, dijo el general.

    Otro aspecto que debió flexibilizarse fue el de los tatuajes. En los requisitos de ingreso se establece que se permitirán únicamente aquellos que por su tamaño y ubicación no resulten visibles. Sin embargo, varios aspirantes que superaron el examen de ingreso no cumplían. Para evitar perderlos, la Escuela corre con los gastos de remover esos tatuajes, explicó Montaner.

    Otra innovación es la flexibilización del ingreso académico: se permite que los cadetes ingresen debiendo materias de Bachillerato, o solo con quinto aprobado, y cursan sexto año dentro del internado, algo que está en etapa de experimentación.

    Además, un embajador de Cancillería les dará clases de protocolo a los jóvenes desde este año.

    En el 2014 también habrá una innovación en los festejos del aniversario de la escuela. El próximo viernes habrá una celebración para los cadetes y sus familias en el Teatro Solís.

    “Queremos dignificar la institución y darles oportunidades a los cadetes de poder conectarse con una rama de la cultura. Para muchos será la primera vez que visiten el Solís”, añadió.

    Un día de cadete.

    Son las seis de la mañana y suena la trompeta con el toque de diana. Media hora más tarde concurren a una formación donde se organizan las actividades del día. Así transcurre la jornada, en la que se mezclan clases prácticas y teóricas, formación física por la tarde y a las nueve y media la cena. Media hora después vuelve a sonar la trompeta, ahora con un toque de silencio, y los cadetes se acuestan a dormir.

    El cuerpo académico consta de 57 profesores distribuidos en los cuatro años de carrera y se ofrecen además cursos de inglés en varios niveles.

    Al finalizar el primer año de internado, el cadete debe elegir entre las cinco armas del Ejército (Infantería, Artillería, Caballería, Ingenieros y Comunicaciones) y pasar los restantes tres antes de salir egresado como oficial de la Fuerza.

    De estos cadetes saldrán futuros coroneles, generales y comandantes en jefe. Varios volverán a mirar los lugares de sus cuerpos de donde les removieron los tatuajes de la juventud.