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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáEl Mundial es algo muy especial para todos los que amamos el fútbol.
Igual que cuando uno juega, los partidos se viven distinto según la posición en que uno se encuentra en la cancha.
En mi caso, oriental residente en Holanda, trabajando en una organización internacional de +/– 3.000 empleados de diversas nacionalidades (solo uno uruguayo) y activamente vinculado al fútbol amateur como jugador, adirector técnico y árbitro, la situación es bastante complicada, para ponerlo suave.
El sentimiento de responsabilidad total, tan solo por el hecho de ser o sentirme el único oriental en todo este entorno, y el tiempo que demanda ello es algo agotador que destruye, mental y físicamente.
Ya desde la derrota contra Costa Rica vi que la cosa venía muy fea.
Consideré quedarme encerrado en casa para no tener que responder los cientos (sin exagerar) de personas que comprensiblemente, por no conocer a otro interlocutor de primera mano, muy amablemente, me preguntaban y esperaban instantánea respuesta, convirtiendo mi día en una verdadera y constante “conferencia de prensa”.
A la colonia española en la oficina, varias centenas ellos, los envidié de manera extrema luego de la bochornosa derrota de la primera fecha.
El solo hecho de poder dividir la explicación de la debacle entre cientos... se me hacía agua la boca.
No hay duda que hubo una mejoría sensible, que achaco a mi estado de ánimo, luego del 2-1 contra Inglaterra. La “conferencia de prensa” igual de abultada, quizás más con felicitaciones que con demanda de explicaciones aunque también agotadora al máximo.
Cualquiera que crea, después de lo que acabo de escribir, o quiera imaginar el infierno en el que vivo luego del partido con Italia (gentileza de Luis Suárez), le aseguro que se queda muy corto y prefiero no hablar de ello.
De solo pensar el horror y el pánico que viví sabiendo lo que iba a tener que enfrentar y sigo enfrentando, temo sinceramente desvanecer, sufrir convulsiones o entrar en estado cataléptico integral.
Aunque nunca se sabe con Uruguay, el partido contra Colombia lo miré muy tranquilo. Era difícil que la situación agotadora, vergonzosa, espantosa, extrema, etc., etc., empeorara, y por fortuna para mí, ya endeble el estado general, fue así.
El sentimiento de calma anticipada, en este momento, solo momentáneamente convulsionado por las declaraciones de nuestro presidente, espero perdure.
Lo único (¿quizás lo peor?) que todavía perdura y no hace más que ensañarse y agrandar las graves heridas ya recibidas, es la reacción de muchos de mis compatriotas desde Uruguay, felicitándome cuando gana Holanda.
Piedad, les ruego, por favor.
Emilio J. Fontana Balparda
CI 1.643.117-4