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    La Intendencia de Montevideo tiene un déficit “preocupante” y enfrenta “problemas de gestión” en temas claves como la limpieza

    Daniel Martínez dice que una de sus prioridades es mejorar la recolección de basura y que no importa si eso se logra con empresas privadas o con empleados municipales

    Daniel Martínez asume hoy como intendente de Montevideo. A partir de este momento, como ha dicho insistentemente durante la campaña, y también luego de haber sido electo, el dirigente del Partido Socialista destinará sus energías a mejorar la gestión del gobierno departamental. Buscará, entre otras cosas, reducir el déficit acumulado de la comuna, que se duplicó y pasó de los U$S 70 al entorno de los U$S 140 millones durante la última administración (contando los préstamos del Banco Interamericano de Desarrollo), a manos de su antecesora del Partido Comunista, Ana Olivera. “Es un tema preocupante que hay que buscar cómo paliarlo” y poder generar “ahorros”, dijo Martínez.

    También registró “problemas” en el mantenimiento de la flota de camiones de la basura y aseguró que no importa que quienes hagan la limpieza sean funcionarios de la Intendencia o empresas privadas contratadas. “No es mi problema central el de lo público o lo privado, y, además, uno tiene que saber qué peleas dar”, aseguró Martínez. Tampoco descarta que se sumen nuevas empresas al sistema de transporte público.

    A continuación, un resumen de la entrevista que el intendente mantuvo con Búsqueda.

    ¿Cómo evalúa el proceso de transición?

    —La transición la verdad que ha sido muy buena. La disposición de Ana (Olivera) y todo su equipo ha sido de mucha colaboración. Hemos tenido más de una entrevista identificando algunos problemas y revisando las cosas que parecían más importantes. Te diría que en todas las áreas ha habido interés en colaborar. A su vez, hemos conformado los equipos de gobierno. Nosotros les entregamos a todos los grupos del Frente Amplio un documento con los criterios, que apuntaban a la idoneidad, a la capacidad de gestión, a la voluntad de trabajo en equipo, y a intercambiar con la sociedad. Con una jerarquización con promoción generacional más joven y de equidad de género. Le decíamos a todo el mundo que podía pasar que le ofreciéramos un cargo a alguien que no estuviera propuesto, o que estuviera propuesto, pero para otro cargo. En el caso del MPP (Movimiento de Participación Popular), le ofrecimos el departamento de Cultura a Alba Antúnez porque creíamos que podía trabajar bien. Nos dijo que no. Entonces, nos tomamos prácticamente dos semanas pidiéndole al MPP una alternativa dentro de esos criterios para valorar. Nos dijeron que no tenían, entonces nombramos a Mariana Percovich, una persona independiente.

    ¿Entonces el MPP no tenía dirigentes que cumplieran con los criterios que usted había pautado?

    —Los esfuerzos se hicieron. La dirección de Cultura fue la última en ser asignada, y fue trece días después de nombradas las anteriores. Había que tomar la decisión y no se pudo incluirlos.

    Hubo una declaración fuerte del diputado del MPP Daniel Caggiani, que dijo que usted pasó de ser una “víctima” a ser un “victimario”...

    —La libertad es libre y yo respeto lo que piense cada uno. En la campaña lo he dicho treinta o cuarenta veces en entrevistas de prensa: Vamos a formar un equipo en función de determinados criterios y no creemos en la cuota política. Tampoco somos tontos: hay que buscar la representatividad de los principales grupos, pero en la base de esos criterios. Y fue lo que hicimos. No se pudo dar y yo no voy a estar eternamente buscando.

    Hay varios intendentes electos, incluidos del Frente Amplio, que anunciaron que harán recorte de personal. ¿Usted aplicará una política parecida?

    —Lo que tenés que definir es lo que hay que hacer. La definición de objetivos. Tal vez, teóricamente, sean menos los trabajadores que se necesitan, pero no estoy tan seguro. Hay que ver la gente, las capacidades. También está la inclusión tecnológica, que te puede hacer que aumente o disminuya el personal. Además, la tecnología y la digitalización no solo te da herramientas para cumplir más rápido, sino que permite a la gente trabajar muchísimo y avanzar en el sistema de indicadores de gestión, que permiten medir lo que pasa para poder tomar decisiones en base a información. A su vez, la gente puede acceder a los indicadores para controlar.

    Usted habla mucho de la gestión. La Intendencia funciona con un déficit permanente. ¿Una buena gestión tiene que dar pérdidas?

    —Una buena gestión tiene que cumplir las metas porque esto no es una empresa privada. ¿No había que buscar petróleo porque generaba déficit? ¿Había que seguir envenenado el aire uruguayo y que los motores a gasoil que vinieran no sirvieran por el contenido de azufre?¿Había que invertir casi 400 millones de dólares en una planta de sulfurización? Si el planteo es ese, está equivocado. La pregunta es al revés: ¿Qué es lo que hay que hacer? Porque si no, administrás la ciudad como a un boliche, como un supermercado, pero eso es incorrecto, es lo peor que puede pasar. No podés dejar de hacer cosas que se necesitan, como tanques de gasoil, esferas, búsqueda de petróleo, tener plantas de almacenamiento de portland que dejaron de perder.

    ¿Cuáles serían ejem­plos de la Intendencia que justifiquen grandes gastos?

    —Tener plantas de clasificación que permitan sacar a los clasificadores de la calle, recuperar económicamente el valor de la basura y lograr tener un nivel de excelencia en la limpieza. Eso es inversión. Lograr un sistema de transporte público que sea amigable, y que invite al ciudadano que tenga su auto —que cada vez son más porque ha mejorado mucho la redistribución de la riquezas en los últimos años— a usarlo. Que ese servicio sea limpio y atento a las necesidades del usuario. Se necesita iluminar la ciudad —yo creo que duplicar por lo menos— y pasar a led que es mucho más eficiente. Es un error medir eso por el déficit. Tiene que tener déficit. Hace más de veinte años no había saneamiento. Ahora, cuando termine el saneamiento IV, el 95 por ciento de los montevideanos van a tener saneamiento. Son más de 400 millones de dólares de la Intendencia.

    ¿Pero cuál es el límite, se puede seguir aumentando ese déficit?

    —No es eterno. Ahí entran los plazos. Pero una cosa es el déficit y otra la deuda. Hay que ver una serie de indicadores que miden la salud de la empresa y cómo incide año a año en la facturación. Los 400 millones de dólares de deuda que tiene la Intendencia es por el saneamiento, y es en el largo plazo, no pasa nada. Los ratios financieros que miden la salud de la Intendencia no son graves. El tema del déficit acumulado sí es un tema preocupante que hay que buscar cómo paliarlo. Pero hay que hacer obras. Yo tengo la confianza de hacer cosas generando ahorro. Gestión en buena medida es tener información para tomar decisiones. Nosotros disponemos de alguna, pero con dos meses de haber tenido acceso a los datos no tenemos toda la necesaria. Estamos viendo, hay que bajar a tierra algunas cosas, evaluar gente. Hay cuestiones sociales que la Intendencia terminó absorbiendo, producto de que había una política nacional que nosotros no creíamos que era correcta. En los barrios había gente que no podía atenderse en la salud, los planes de vivienda eran en cuentagotas y faltaban guarderías. Se tuvo que hacer cargo de un montón de cosas y ahora tenemos que ver cómo las va pasando, de repente no es todo de un saque.

    En cuanto a la transición, el actual gobierno les entregó información y hubo reuniones bilaterales. Se ha planteado que hubo muchas obras que no llegaron a concretarse...

    —Ana (Olivera) ordenó muchas cosas. Después cada uno puede juzgar la eficiencia. Tuvo una gran disposición de trabajo porque es una persona con una gran ética. Ella nunca tomó una decisión oportunista, por más que vaya contra sus intereses partidarios.

    —¿Qué balance hace de la gestión de Olivera?

    —Cada uno tiene su estilo. Yo voy a hacer énfasis en cosas que, de repente, otros no. Y de repente fallo. Le doy mucha importancia a la toma de decisiones con información, a ese trabajo en equipo con idoneidad. Me baso en parámetros que no todo el mundo trae, adquiridos durante mi experiencia en el sector privado y en Ancap.

    —¿Es un método de gestión que cree que no se utilizó en los últimos gobiernos de Montevideo?

    —Creo que sí, sobre todo en los dos últimos. Algunas cosas que, sinceramente, creo que no se utilizaron.

    Según las encuestas de opinión pública, la basura es uno de los problemas más grandes de la ciudad. Usted dice que desde hace cinco años que se viene preparando para ser intendente, ¿qué hará al inicio de su gestión con este tema?

    —No creo en las soluciones mágicas. Tenemos algunas soluciones para adoptar que no son de inversión y que van ayudar. Hoy Inspección General sale con organizaciones no gubernamentales en régimen de viáticos a terminar de barrer alrededor de los contenedores. Eso es muy caro y hay que buscar otras formas. El problema de la limpieza abarca muchos aspectos: el tema educación. Ahí vamos a poner unas fichas, pero también hay cuestiones de gestión. El gran problema es que necesitamos sacar a los clasificadores de la calle, dignificar su trabajo. Tiene que haber plantas de precalificación. Se puede generar biogas, energía. Y lo que te queda es abono. De repente no tenemos trabajo para el 100% de los clasificadores, y habrá que hablar con el Mides para una alternativa.

    ¿Cuántos reciclado­res hay ahora y cuántas plantas de clasificación hay que construir?

    —La encuesta que maneja la Intendencia le dio que hay 2.500 familias, 3.800 clasificadores con 750 carros. Hay que estudiar la ubicación de las plantas. Porque tienen otra ventaja, si ponés plantas distribuidas en Montevideo, achicás el circuito de recorridas de los camiones. Tenemos mucho más tiempo a los camiones recolectores en las calles. Pero además, si les ponés los sensores a los contenedores que te avisen cuándo están llenos, optimizás el tiempo de trabajo, porque van a ir solo cuando el contenedor está lleno. El óptimo de plantas a instalar según un estudio, son ocho. Tal vez tenga que ser menos. Eso es algo que vamos a definir con todos los elementos ahora que estamos adentro de la Intendencia.

    La imagen que usted proyecta como solución es muy distinta a las plantas de clasificación actuales, que parece un trabajo muy manual...

    —Absolutamente. Y tiene varios problemas. No recuperan todo, sino algunas cosas. Es un problema de inversión y de cantidad de gente. Creo que es una buena oportunidad de matar dos pájaros de un tiro: dignificar el trabajo del clasificador y solucionar el problema social.

    —Usted habla de apuntar a educar en temas de limpieza. ¿Piensa aplicar castigos para los vecinos o las empresas que ensucian?

    —Hay una escalera, de precedencia y de importancia. Primero está la educación. Tengo pensado reunirme con la ANEP y con los sindicatos de la enseñanza para pedirles colaboración. Segundo, el control. Para eso hemos planteado la instalación de cámaras y firmar un convenio de colaboración con el Ministerio del Interior. Y tercero, la sanción. Pero ese es el resultado final del que no se educó o del que le avisaste más de una vez que estaba en falta. La sanción tiene que ser funcional a la educación.

    ¿El sistema de limpieza debería ser público o privado?

    —Quién recoge la basura no importa, pueden ser los camiones de Abengoa o pueden ser los públicos.

    A usted puede no importarle, pero quizás al sindicato de empleados de Montevideo sí le importe.

    —Quiero optimizar el sistema de contenedores y camiones. El sistema está, hay que mejorarlo. No es mi problema central el de lo público o lo privado, y además uno tiene que saber qué peleas dar.

    Dicen que hay muchos camiones rotos...

    —Creo que hay que trabajar en políticas de mantenimientos. Hay tecnologías y metodologías para eso. El diagnóstico general que he recibido es que hay problemas en las políticas de mantenimiento. Hay que mejorar mucho la gestión en ese sentido.

    Al escucharlo, pareciera que lo que se hacía hasta ahora era improvisado...

    —Muchas de las cosas que planteo yo las quiso hacer Arana durante su administración. Sacó una licitación en 2001 con algunas de estas cosas de las plantas clasificadoras, pero llegó la crisis del 2002.

    Otro tema que preocupa a los ciudadanos de Montevideo, según las encuestas, es el transporte. Asume el cargo cuando algunas empresas de ómnibus están en crisis. ¿Qué medidas está pensando?

    —Hay que hacer un plan director de transporte con una concepción global. Si hay un tema en el que lo que hagas incide en el resto del sistema es en la movida urbana. Hay que incluir simulaciones de lo que pasa aplicando distintas medidas,

    ¿Es viable el sistema de pasajeros como está hoy, que tiene una empresa dominante?

    —Hay varios problemas de gestión, de tipo de aporte patronal de las distintas empresas. Está claro que hay un problema global. Y el primero es que cada vez menos gente usa el transporte público. La situación económica ayuda, pero hay ciudades como Medellín, Ciudad de México, París, donde la gente podrá tener ocho autos en su casa, pero se mueve en la ciudad con el transporte público porque es rápido y eficiente. Hay otros problemas que inciden, porque nuestra ciudad se ha extendido mucho con la misma cantidad de población producto de las políticas de los 80 y los 90. Se calcula que hay 50.000 casas deshabitadas. Hay zonas que tenían servicios que hoy están deshabitadas. Tenemos que tener sistemas que sean más amigables y que la gente tenga ganas de subirse a ellos.

    ¿Qué diferencia tiene la vía rápida con los corredores que hizo la Intendencia?

    —El corredor es lo que hay ahora. Líneas que se recorren la mitad de Montevideo y entran y salen del corredor. Las vías rápidas son tramos en los que solo van ómnibus y que no entran los autos. Eso hace que avances con mucha más velocidad.

    ¿Y serían las mismas empresas de ómnibus las que brinden ese servicio?

    —No podés hacer una reforma del sistema oponiéndote al sistema, lo que implica darles espacio a las empresas.

    ¿Puede haber otras empresas que se sumen?

    —Veremos.

    ¿Se acabaron los corredores?

    —Nuestra idea va a ser reutilizar los corredores que ya están y hacerlos vías rápidas.

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