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    La Justicia falla

    No es broma

    La maravillosa ductilidad del idioma español permite leer esta frase del título en dos sentidos: no es preciso explicarlos demasiado. A veces la justicia falla emitiendo su veredicto, y a veces se equivoca. Pero el verbo “fallar” se escribe igual.

    Admitamos que nuestra Justicia circula por ambos caminos, y, cuando usa el segundo sendero, o el segundo sentido, nos deja boquiabiertos.

    Hurgando en la memoria reciente, me acuerdo del caso del “condenado” aquel, por no sé qué delito, que arregló para irse de vacaciones dos semanas creo que a la Pedrera, o a la Paloma, antes de “purgar su pena”, porque tenía todo coordinado para irse hasta con la seña paga del hostel. Y lo dejaron ir nomás. O el caso de aquel otro que había robado 20.000 pesos y arregló irse para su casa ofreciendo disculpas por su error, y pagando diez cuotas de $2.000, salvándose además de quedar prontuariado por el hurto.

    También es cierto que hay que andar con pie de plomo al referirse a “la Justicia”, porque la mayoría de estos casos que nos dejan perplejos son fruto del nuevo Código de Proceso Penal, y surgen de los inquietantes arreglos (¿o acomodos?) entre la fiscalía y el abogado defensor del “reo”, cuya entusiasta aquiescencia a estas soluciones “express” son inmediatas y directas, coronadas con aplausos del mismo y de su familia y de sus cómplices, digo, de sus amigos de la barra.

    En el fondo, se trata mucho más de entuertos armados por los fiscales (y sobre todo de las fiscalas, ya que un 80% de las integrantes del cuerpo pertenecen al otrora sexo débil), los defensores y los “formalizados”. Cuánto más sencillo y lógico era llamarlos “procesados”. ¿Se imaginan el nuevo título de la obra del doctor. Juan Carlos Patrón, que ahora sería “Formalizado 1040”? El pobre profesor y decano de la Facultad de Derecho se revolcaría en su tumba con este neologismo…Y los jueces, como dice la zarzuela, “buenos, gracias”.

    Todo este aquelarre de iniquidades, respaldado académicamente con entusiasmo por el Rey León de los Fiscales, don Jorge Díaz (la verdad es que no me acuerdo si es león o rotario), ha tenido un punto culminante con el caso de los energúmenos hinchas del equipo de River argentino que protagonizaron un escandalete esta semana en un parador de Punta del Este.

    Como el parador, que se llama Ocean Park pero cuyo dueño cometió el inexcusable error de ubicarlo en la Parada 12, y “12” es el nombrete con el que se identifica a la hinchada del archirrival Boca Juniors (“la 12”, para ser más precisos, aludiendo a que la hinchada es el jugador número 12 del cuadro), una joven y aguerrida integrante del grupo de parroquianos que bebía alegremente, al igual que sus contertulios, muuucha cerveza, exhortó a sus amiguitos a “romperlo todo”.  “Rompamos la 12” —dicen que dijo.

    Estos, ni cortos ni perezosos, arrancaron a destrozar todo lo existente, sillas, mesas, botellas, vasos, vidrios, espejos, aterrorizando a los asistentes al boliche que no pertenecían a la hinchada “millonaria”, agrediendo de paso (ya que estamos) a los pobres guardavidas que se ocupaban de vigilar a los bañistas. Y que, dicho sea de paso, tuvieron que salvarle la vida a uno de estos anormales que se había metido muy adentro en el mar en completo estado de ebriedad y que no lograba salir del agua.

    Comprensiblemente, el dueño del boliche hizo un par de disparos al aire (para qué), lo cual estimuló a las fieras a seguirlo destrozando todo, hasta que, en su desesperación, le pegó un balazo a uno en una pierna (en una pata, realmente).

    Mientras, uno de ellos se apoderó de la caja registradora y huyó con ella al hombro, rellenita con toda la recaudación del comercio. Lo agarraron cerca, y recuperaron la caja.

    Todo el mundo al juzgado.

    Por ahora, la única sanción que se ha “acordado” para este grupo de subnormales es que el que se afanó la caja le pague al dueño del boliche $70.000, quedando libre de antecedentes. Mientras no consigue la guita, el juez le ha indicado que debe mantenerse en nuestro territorio, obligándolo a fijar un domicilio. Como el tipo no tiene ni dónde dormir, ni un mango para el alojamiento, la Justicia (o la fiscalía, poco importa) le ha sugerido que fije domicilio… ¡debajo del puente de la Barra!

    Hasta aquí llega el ridículo, mientras se espera que se cure el que recibió el balazo en la pata, y que, en fija, se condene al dueño del parador por violencia privada, o qué sé yo, por el balazo que, a la altura en la que lo disparó, era poco menos que legítima defensa ante la horda de animales que le estaba destrozando el local y robándole la recaudación.

    Así vamos.

    Hay un veterano al que le robaron tres bolsas de limones (que pueden ser cosas chicas para el mundo, pero grandes para mí, como dice el tango) y lo corrió a tiros al chorro. Veremos cómo termina este caso, pero temo mucho por el veterano y su defensa de sus bien ganados y cultivados limones. En fija que el chorro, si le pide disculpas y le devuelve los limones, sale indemne de su intento de hurto.

    Ya leeremos algún día —como tantas veces antes—  que “el sujeto que iba atrás en la moto le arrancó el bolso a la desdichada víctima, arrastrándola por la calle, provocándole fractura de pelvis y del fémur derecho, así como escoriaciones en el rostro. Detenido gracias a las cámaras de seguridad, fue formalizado imputándosele un delito de rapiña en calidad de tentativa, así como lesiones graves. Llegado a un arreglo entre la fiscal y el abogado defensor del acusado, este le pidió disculpas a la víctima, siendo liberado sin que se registraran sus antecedentes en el prontuario. La víctima continúa en estado grave, internada en el Hospital Maciel, donde ya se le han practicado tres operaciones reparatorias”.

    Vamos bien.

    Bien, como decía Florencio Sánchez, “Barranca abajo”.

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