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A escala mundial, los mercados para los granos hoy se caracterizan por tener una importante oferta, existencias que a raíz de las últimas dos grandes cosechas, tanto para la soja como para el maíz y el trigo, presionan los valores pese a que los niveles de consumo son históricamente altos y con tendencia al alza, inclusive. Con proyecciones incambiadas al menos hasta promediar el año, ahora aparece el factor climático con una nueva alerta que puede signar el futuro de la próxima campaña en un momento complejo para el sector.
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Los países con mayor presencia compradora en la escena internacional, oferentes desde el sudoeste asiático principalmente, siguen presentes e incrementando sus importaciones, dijo Fernando Villamil, director de Hajnal & Cía. SA —Agrosud International Brokers—, a Campo. Para Villamil, “las cosechas importantes de los países productores, EEUU y el Mercosur son el gran factor determinante”, por sobre la situación económica de los países compradores.
Esta coyuntura permanecerá incambiada durante al menos este primer semestre del año, considera el operador de mercado, hasta que comiencen las cosechas en el hemisferio norte y en función de sus rendimientos puedan darse oportunidades en el caso de haber alteraciones en las ofertas existentes. “Estamos jugados a que la producción en el próximo ciclo agrícola sea menor que la del presente”, aseveró.
Los informes del Departamento de Agricultura de Estados Unidos (USDA por su sigla en inglés), no aportan variaciones que puedan cambiar el escenario actual, con valores que hoy aportan una referencia de precio para la soja en lo local de entre U$S 310 y U$S 315 puesto en puerto.
Mirando un poco más adelante en el tiempo, el precio va a estar condicionado a factores como la intención de siembra de soja en EEUU, que comenzará a implantarse en abril y que puede presentar una disminución en el área, ya que según lo aportado por Villamil, “el precio para la oleaginosa allí tampoco es tan auspicioso y de ser significativa la reducción de la superficie, eso va a repercutir positivamente en las proyecciones de precios para el segundo semestre de este año”, momento donde se estará decidiendo la intención de siembra en Uruguay.
Posible golpe a la agricultura
“El mundo necesita tener cosechas importantes”, enfatiza Villamil, y si eso no sucede “se van a registrar picos altos de precios ya que la demanda no cesará”. Entonces surge el factor climático como la gran variante que jugará un papel protagónico en las “pizarras” de Chicago en adelante.
Ya hay algunos analistas que especulan sobre la posibilidad de que se dé un “año Niña” y con ello se presenten situaciones de déficit hídrico. Al igual que para Villamil “la concreción de la predicción aún no está definida”, según la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica (National Oceanic and Atmospheric Administration, NOAA), agencia científica del Departamento de Comercio de Estados Unidos: se prevé que el fenómeno El Niño se vaya debilitando a fines de abril y que existe 50% de probabilidades de que luego llegue La Niña, hacia el otoño del hemisferio norte. Aunque los modelos y la evidencia física así lo indican, “permanece una incertidumbre considerable”, acota el último informe emitido por el organismo norteamericano.
Relacionado con las temperaturas de las corrientes en el océano Pacifico, el fenómeno La Niña puede durar de nueve meses a tres años, y según su intensidad, se clasifica en débil, moderado y fuerte. Es más fuerte mientras menor es su duración, y su mayor impacto en las condiciones meteorológicas se observa en los primeros seis meses de ocurrencia del fenómeno. Se presenta con menos frecuencia que El Niño y se dice que ocurre cada tres a siete años. Según la NOAA, desde 1950 se han presentado ocho fenómenos de La Niña, registrándose el último en forma débil desde octubre de 2011 a abril de 2012.
De concretarse La Niña, precipitaciones por debajo de lo normal afectarían directamente los rendimientos de los cultivos y eso pondrá un freno al ritmo de cosechas importantes que se venían registrando durante los últimos tres años en EEUU. Si a eso le sumamos un área de siembra quizás disminuida este año, “las probabilidades de una caída en las existencias mundiales puede darse ante la magnitud que representa la cosecha americana”, señaló Villamil, quien agregó que “una vez que se defina el área en abril, la volatilidad que veamos en Chicago desde entonces va a estar directamente vinculada a los cambios climáticos”.
Según las predicciones, nuestra región se vería afectada de lleno por el fenómeno desde octubre, comprometiendo seriamente la campaña sojera venidera. El escenario ideal sería que La Niña se adelante, otorgando un marco favorable de precios dada su influencia en la cosecha estadounidense y con efectos climáticos ya menguados que estarían presentes durante las primeras etapas del cultivo uruguayo.
No hay salida para el trigo
Nuestra producción triguera, que ronda el millón doscientas mil toneladas, presenta un saldo exportable de casi ochocientas mil toneladas en un contexto de mercados con una sobreoferta en todo el mundo. Las destacadas condiciones que determinaron un muy buen llenado de grano para el cultivo durante 2015, que derivó en rendimientos históricos de hasta 4.000 kilos por hectárea con una calidad inferior dado los menores niveles de proteína por grano, termina de dificultar la colocación del saldo disponible.
Los bajos precios, no más de U$S 120 en chacra libre de gastos, y la casi nula concreción de negocios en trigo actualmente, dificultan el escenario logístico de acopio. Según indicó Villamil, “los puertos van a estar recibiendo soja en breve y eso encarecerá la operativa para exportar trigo que de momento se estará reservando para volver a exportar desde abril en adelante en función de la reactivación que se espera desde Brasil”. Pero, una vez más, será determinante lo que acontezca en EEUU en la próxima cosecha del mes de junio.