En este sentido, el anuncio de la industria brasileña BrasPine, especializada en producir molduras y pellets de pino, de instalar una fábrica en el departamento de Rivera, con una inversión de US$ 250 millones, despertó el interés de empresas y productores forestales en plantar dicha especie.
Sustitución y contexto
“La industria del pino está aumentando, sobre todo porque hubo una transacción grande, que fue la compra que hizo el aserradero brasileño de los campos de Bosques del Uruguay”, dijo a Agro de Búsqueda la presidenta de la Sociedad de Productores Forestales (SPF), Lucía Basso.
Enfatizó a su vez que “sin duda va a haber un aumento en el área que se planta de pino, porque hay industrias que están empezando a consumir (esa madera) con otro destino”.
Esto ocurre tras varias décadas de “sustitución muy grande” de plantaciones de pinos por las de eucaliptos, comentó, atendiendo a la significativa demanda de eucaliptos por parte de emprendimientos de gran envergadura, especialmente de las plantas de pasta de celulosa que operan en Uruguay, como UPM y Montes del Plata, además de los negocios de exportación de rolos.
A la inversa de lo que sucedió con el área de plantaciones de pinos, en el caso de la superficie forestada de eucaliptos tuvo un proceso de incesante crecimiento en Uruguay, primero con un aumento de las plantaciones de la especie Eucalyptus globulus y luego, en las últimas décadas, el fuerte incremento de las especies Eucalyptus grandis y dunnii.
El Eucalyptus globulus llegó a poco más de 230.000 hectáreas en 2005, para luego caer a un nivel de 94.000 hectáreas en 2024, mientras que las especies grandiis y dunnii llegaron a 283.000 hectáreas y a 250.000 hectáreas en 2024, respectivamente, según datos de la Dirección General Forestal del MGAP.
Dichos datos muestran que el total general de superficie efectiva de bosque plantado es de 895.750 hectáreas, de las cuales el 70% corresponde a las tres especies de eucaliptos mencionadas, y casi el 15% a pinos de las especies taeda y elliottii.
Basso señaló que hay otras “grandes” empresas, sobre todo Lumin, que utilizan pino como materia prima para sus productos forestales y de madera, pero ya cuentan con su “propio patrimonio” de plantaciones.
Dicha compañía instalará una nueva planta industrial de tableros contrachapados en Melo, Cerro Largo, lo que implica una inversión de US$ 136 millones y la incorporación de tecnología.
Otro emprendimiento forestal que empleará pino en su proceso productivo es Urufor, ubicado en Rivera, para instalar una segunda línea de producción, con una inversión de US$ 100 millones, y que prevé comenzar su operativa en julio de este año.
Respecto al caso de BrasPine, la presidenta de la SPF consideró que esa empresa realizó un “cambio de estrategia”, porque en un principio preveía una inversión en Uruguay de “entre US$ 100 millones y US$ 120 millones”, lo que es un monto algo menor al anunciado, pero finalmente decidió hacer una apuesta mayor.
Esto se debe a que el “contexto internacional” de conflictos bélicos incidió en esa situación, además de los “problemas de productividad y de sanidad” que tiene Brasil en forestación, por lo que las empresas buscan “diferentes alternativas de sitios” donde invertir y proveerse de masa forestal, planteó.
Demoras y retiro
El desarrollo de planes de inversión forestal en el agro local enfrenta varios desafíos, pero uno de los que desalienta a los empresarios es la demora en el estudio y la aprobación de autorizaciones, específicamente en el Ministerio de Ambiente (MA).
Un caso complejo que empezó a manejarse a fines del año pasado en el sector forestal es el de la compañía Claymark, de Nueva Zelanda, que presentó en los ministerios de Economía y de Industria un proyecto para instalarse en Uruguay y realizar una inversión de US$ 100 millones.
Pero, a raíz de la “demora” en acceder a permisos ambientales y a la “recalificación del suelo con destino industrial para la construcción de un aserradero y otros planes, esa empresa evalúa abandonar su proyecto y retirarse de Uruguay.
“Se fueron, y hasta el momento no se sabe si volverán”, comentó a Agro de Búsqueda una fuente cercana al proyecto de Claymark.
Sobre este asunto en particular habló la presidenta de esa gremial, Lucía Basso, en enero pasado en el programa Agronegocios Sarandí (Radio Sarandí), donde advirtió sobre esta situación.
Consultada por Agro de Búsqueda, Basso confirmó el “retiro” de los neozelandeses y dijo que la SPF realiza gestiones con autoridades y técnicos del MA para lograr que el proceso de tramitaciones de las autorizaciones no cause demoras que puedan perjudicar los planes de desarrollo forestal.
En este momento están “enfocados en las autorizaciones para las plantaciones o replantaciones” de bosques, dijo.
Enfatizó que “el problema es que las reglas de juego no son claras”, porque “a todos los productores les piden cosas diferentes”, y así “es muy difícil poder aprobar proyectos”.
“Es algo que viene hace años”, vinculado a la burocracia estatal, “no es de este gobierno”, y “el problema son los técnicos” en el MA, “no importa el ministro” que esté, aseguró.
Cuestionó además que hace unos años se estableció la necesidad de tramitar una “autorización especial simplificada” que “terminó resultando en una autorización más compleja”, porque “la empezaron a complejizar”.
Algunos inversores particulares del exterior, que adquirieron campos y decidieron hacer forestación en Uruguay, también criticaron la excesiva burocracia y lo prolongado en el tiempo del proceso de definición de los permisos correspondientes.
Pese a ello, Basso apuesta a que las gestiones de la SPF ante el MA puedan prosperar, considerando la importancia de los planes de inversión, en cuanto a la generación de empleos en el interior y su impacto en la economía uruguaya.