Perspicaz e inquieto, el matemático Roberto Markarian logró trasladar su carácter siempre activo a la cúpula de la Universidad de la República (Udelar). Tras diez meses en el cargo enderezó asuntos espinosos que provenían de la administración anterior, como el discutido traslado de la Facultad de Veterinaria a un nuevo complejo. Con ese estilo, sin embargo, también se ha enfrentado reiteradas veces al gobierno de Tabaré Vázquez.
“No es un problema de izquierda o derecha. Hay un problema de expresar las opiniones y puedo aceptar que las opiniones se expresen con más claridad ahora que antes”, afirmó Markarian sobre la posición de la Universidad ante temas como el proyecto de ley para crear un Sistema Nacional de Competitividad.
De cara a la discusión presupuestal, el rector aseguró que no le preocupa que el 6% de la educación incluya elementos ajenos a ANEP y Udelar.
A continuación, un resumen de la entrevista que el jerarca mantuvo con Búsqueda.
—En setiembre cumple un año de gestión. ¿Cuál es el balance que hace?
—A la Universidad la encontré como la esperaba; en términos globales la institución tiene los problemas y las virtudes que yo me suponía estaban ahí. La respuesta que se ha dado a las ideas que yo propuse en la campaña han sido muy positivas. Son muchas ideas que propuse y que fueron aprobadas rápidamente, incluyendo algunos temas conflictivos como la reorganización de la Comisión de Extensión y Actividades en el Medio. También fue muy positivo haber liquidado la discusión que hubo sobre la financiación de la nueva sede de la Facultad de Veterinaria. Y el apoyo para promocionar una política de becas vigorosa.
—En los meses que lleva como rector de la Universidad criticó entre otras cosas la negociación por el TiSA, el acuerdo Plan Ceibal-Google y el Sistema Nacional de Competitividad. ¿Hay diferencias claras con el gobierno?
—Las relaciones con el Poder Ejecutivo globalmente son muy buenas, pero nosotros estamos ejerciendo nuestra autonomía a pleno. En mi plataforma de gobierno insistí mucho en que parte del valor de la institución era el pleno ejercicio de la autonomía, independientemente del color de la situación política nacional. Y eso es lo que estamos haciendo con seriedad. Estudiamos los problemas, los analizamos y luego opinamos. Ahora, eso no lo hacemos en contra del país, sino por el bien del país, para que las políticas que se asuman sean transparentes, como el tema TiSA.
—¿Sienten que el Poder Ejecutivo contempla sus posturas?
—Diría que la Universidad se siente escuchada, no solo porque se arma ruido con algunas cosas, sino porque se han dado cuenta de que es un tema de colaboración crítica. Hemos opinado con propuestas, no con una actitud negativa.
—¿Influye que al gobierno actual se lo vea desde algunos sectores como menos de izquierda que el anterior?
—No me animo a decir que el gobierno sea menos de izquierda que antes. Por ejemplo, el proceso de entrar en el TiSA fue propuesto por el gobierno anterior. No lo adjudico al izquierdismo, lo adjudico a un querer corregir ciertas cosas por parte de la Universidad. Y como esas cosas las dice la Universidad tienen más eco.
—¿Se trata entonces de un cambio en la propia Universidad?
—Hay un cambio de estilo y no cabe duda. No es un problema de izquierda o derecha. Hay un problema de expresar las opiniones y puedo aceptar que las opiniones se expresen con más claridad ahora que antes. Yo soy más llano y todo lo que pienso termino diciéndolo. Respeto y estimo al presidente y a los ministros, pero eso no implica que la Universidad no tenga que decir las cosas en las que no está de acuerdo. Capaz que yo sería un mal ministro por no acatar, pero me siento un buen rector porque la Universidad no es un Ministerio. Y yo soy muy firme en defender la autonomía y es un defecto que nosotros estuviéramos asociados al gobierno. No somos parte del gobierno, somos parte del Estado. Por ejemplo, ahora estamos organizando una buena jornada sobre agua, desde la meteorología hasta la calidad del agua que se consume. Y ahí capaz que vamos a discrepar con alguien.
—Como lo han hecho con Ceibal y Google...
—Ahí he tomado la iniciativa de convocar a una reunión técnica del más alto nivel, con Miguel Brechner (presidente de Ceibal), Andrés Tolosa (presidente de Antel), Wilson Netto (presidente del consejo directivo de la ANEP) y José Clastornik (director ejecutivo de la Agesic). Quiero que se sanee la discusión. Lo peor que podemos hacer es ensuciar algo tan técnico en un manejo de “tirabomba”.
—Respecto al presupuesto, ¿está de acuerdo que el 6% del PBI sea otorgado exclusivamente a la ANEP y a la Universidad?
—La institución no se ha pronunciado sobre qué es el 6%. Las gremiales tienen su posición, pero si se agregaran otras cosas no influye en grande porque son pequeñas las otras cosas, hasta lamentablemente son pequeñas. La diferencia es pequeña y discusiones por diferencias pequeñas no vale la pena ni darlas. Si esa diferencia va a ser el 0,2% del 6%, yo no discuto eso. Si se suman la formación militar y policial, si se suma lo que se gasta en el Ceibal, no van a cambiar las cifras radicalmente, por lo que eso no me preocupa mucho. Alguien habló que se quieren incluir las tabletas que se están dando a la gente mayor. Eso al lado del número global no es nada. No va a afectar en nada. Nos van a otorgar 50 pesos menos. Dirán que es un problema de principios y que la formación militar está muy condicionada y otras cosas que se dicen por ahí, pero que la educación militar tiene que ver con la materia educativa no cabe ninguna duda.
—¿Qué porcentaje del 6% ocupa lo que solicita la Universidad?
—La cifra representa menos del 2% del 6% para la educación. Sumando todo bien cuidado nos da que tenemos que pedir un 85% más. Ese aumento supone unos U$S 300 millones, y U$S 400 millones es el presupuesto actual. Serían en total U$S 700 millones al final del quinquenio, porque nosotros queremos eso no para ahora sino para el final del quinquenio.
—¿Mantienen la postura de pedir presupuesto de educación y salud para el Hospital de Clínicas?
—Al Clínicas pedimos alrededor de U$S 100 millones, que sí será una parte en el presupuesto para la educación y otra en el de la salud. Que tengamos que pedir independientemente lo de salud lo tenemos que defender porque estamos sirviendo sanitariamente al país. Nosotros aportamos al sistema de salud muchísimo. Las 150.000, 200.000 personas que se atienden en el Hospital son gente de carne y hueso. Que el país necesite un hospital universitario es innegable y no hace en ningún cálculo de nadie decir que no tiene que ser así.
—En un ranking de universidades latinoamericanas, la consultora Quac-quarelli Symonds ubicó a la Udelar en el puesto 56º junto a la Universidad de Montevideo. ¿Cómo lo valora?
—No me animo a opinar mucho de los rankings porque soy poco rankero y no los conozco al detalle. Pero creo que la ubicación junto a la Universidad de Montevideo hace no creer en el ranking ese. Si uno mira revistas, publicaciones, profesionales, inversiones, investigaciones, edificios, penetración en el interior...nadie que esté metido en el ambiente puede decir que somos iguales. Lo digo en serio esto. En este país hay un sistema privado superior y terciario y hay que reconocerlo. Ahora, de allí a comparar el sistema privado con el sistema público me parece que es una exageración. No estoy contra las universidades privadas, digo que hay que respetar las cosas.
—Según su percepción, ¿dónde ubicaría a la Udelar a nivel latinoamericano?
—Están las grandes universidades brasileñas y la UNAM (México), que es la más grande de todas, que es un mundo, una cosa brillante. También hay algunas universidades católicas como la Pontificia Universidad Católica de Chile. Si tuviera que contar a la Universidad entre las 20 mejores universidades de América Latina, creo que ahí contamos sí.
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2015-07-16T00:00:00
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