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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáSabido es que en política el que consigue imponer la agenda saca una enorme ventaja. A la vez, los gobiernos suelen tener más elementos que cualquier otro agente político o social para, con sus actos y decisiones, hacer que los demás se refieran a lo que aquel elige poner por delante.
Así ocurrió aquí hasta hace poco: el gobierno manejó los temas llevando la iniciativa.
Pero algo cambió.
Una vez que la pandemia salió del centro del escenario, el gobierno parece haberse quedado sin iniciativa y sin agenda.
La política es como el cosmos: no existen los espacios vacíos. Muy rápidamente, el reducido protagonismo del gobierno, con su presidente al frente, ha dejado que el espacio político lo ocupe el relato. Y todos sabemos quiénes son los maestros del relato.
En su discurso del 1º de mayo (menos disparatado que el de las damas que lo precedieron), Marcelo Abdala estableció los fundamentos del relato: “Se viene impulsando un proyecto excluyente, concentrador de la riqueza y que exacerba la desigualdad”. ¿Qué tal?
Sólo que, si uno se pone a pensar, no ha habido grandes cambios en las políticas macroeconómicas comparando con los gobiernos frentistas: las normas en materia de propiedad son las mismas, la estructura tributaria no ha sufrido cambios sustanciales, la política de ingresos tampoco difiere tanto de lo visto durante los gobiernos frentistas, continúan las políticas de promoción de inversiones, no ha variado el grado de apertura comercial… En definitiva, lo de Abdala es puro verso. Es el relato.
Y prendió.
Por lo menos a nivel urbano, se está instalando la imagen de que la economía ha entrado en crisis, liderada por un salto inflacionario y una caída en el salario real. Incluso la última encuesta de confianza del consumidor parece confirmar esa imagen.
Tanto se ha ido estableciendo ese relato que hasta el propio gobierno se ha puesto a la defensiva, como lo prueba el intento de primeriar anunciando ajustes de salarios púbicos y pasividades.
Por supuesto que el resto del espectro político se ha comido la pastilla, desatando una rebatiña de propuestas imaginativas para operar milagros fáciles sobre los precios, en el anhelo de ser reconocidos como solidarios. Todo, por supuesto, “a la cuenta del otario”.
Ahora, a todo esto, la realidad, ¿cuál es? ¿Estamos tan mal? ¿El gobierno, ayer tan reconocido y hasta elogiado, perdió hoy el volante?
Es cierto que hay una caída en el nivel de expectativas de los consumidores. Pero también lo es que, al mismo tiempo, los empresarios están viendo otra realidad: según la encuesta de Exante sobre expectativas empresariales, el 89% opina que el clima de negocios es bueno o muy bueno y un 66% cree que la economía mejorará. Dos tercios de los empresarios encuestados esperan aumentar su producción el próximo año y un 52% sus inversiones.
Es también cierto que la inflación ha aumentado y el salario real ha descendido.
Pero analicemos un poco más a fondo: el PBI creció 4,4% el año pasado y se proyecta para este año algo apenas menor. Desagregándolo, vemos que ha subido mucho la inversión, incluyendo la importación de bienes intermedios y de capital, pero no así el consumo, indicando que el salto inflacionario proviene del exterior, de los precios externos que el país está obligado a tomar. Dicho en otros términos, lo que ha empujado la inflación son ciertos precios internacionales sobre los que el país no tiene control. Por otra parte, históricamente, los precios de los commodities tienden a bajar, lo cual avala la tesis de muchos economistas en cuanto a que el empuje inflacionario será temporal.
Empuje que, además, ronda el 1,5% (tampoco la pavada) y que está ocurriendo en la mayor parte del mundo. Sin ir más lejos, Uruguay tiene niveles inflacionarios parecidos a los de EE.UU.
Las cifras macro también nos dicen que, si bien es cierto que hay una caída en el salario real, el crecimiento global de la economía indica que otros sectores están aumentando.
Al mismo tiempo, el desempleo está bastante por debajo (7,7%) que en años anteriores (2020: 10,1%; 2021: 9,9%), los proyectos de inversión crecen, las exportaciones también y el riesgo país continúa bajísimo.
En suma, la realidad no es la del relato. Relato, por otra parte, que es netamente montevideano-canario: el interior vive una óptica completamente distinta.
Hora de que el gobierno reaccione y vuelva a tomar la iniciativa, marcando la agenda.
Una agenda que debe ser, a la vez, audaz y profunda.
Ignacio De Posadas