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    La antinomia derecha-izquierda hoy

    N° 1920 - 01 al 07 de Junio de 2017

    A quienes hemos vivido en tiempos de “guerra fría”, de confrontación capitalismo vs. comunismo, economía de mercado vs. economías socialistas diversas, tiempos en los que el debate se daba en un eje de derechas e izquierdas, la globalización nos genera una enorme perplejidad. ¿Qué significan derecha e izquierda hoy? ¿Cuáles son las diferencias entre gobiernos de uno y otro signo?

    Hace tiempo que esta definición poco aporta para entender el mundo de hoy, generando un mar de dudas. Sobre todo desde que la globalización rebasó fronteras e impuso a los gobiernos, urbi et orbi, una nueva realidad. Un mundo en expansión en el que aprovechar las oportunidades generadas por los avances de la ciencia y la tecnología requiere revisar y ajustar criterios, estrategias, políticas.

    El mundo hoy es más pragmático, menos ideológico. Se acotan, por tanto, las diferencias de orientación, las políticas aplicadas por gobiernos “de izquierda” y “de derecha”.

    Realidad que muchos se niegan a aceptar por intereses políticos propios, por aferrarse a dogmas ideológicos, por pereza intelectual. Por tener que pensar, revisar “certezas” de otros tiempos. Afortunadamente, no todos se aferran a anteojeras intelectuales.

    “Los ejes de la política han cambiado mucho. La tradicional lucha entre derecha e izquierda , o entre el partido del statu quo y el ‘partido del cambio’, es cada vez menos clara. De hecho, cada vez es más difícil saber qué significa ser ‘de izquierda’ o ‘de derecha’ y de qué hablamos cuando hablamos del ‘cambio’”, reconoció semanas atrás en “Voces” Hoenir Sarthou.

    Desde sus convicciones socialistas, pensando con cabeza propia, reflexiona sobre cuestiones diversas de actualidad desafiando lo “políticamente correcto”.

    En la coincidencia o en la discrepancia no puede negarse que la suya es una voz lúcida, honesta, que suele fundamentar seriamente sus puntos de vista.

    “¿Promover la libertad económica, desregular la economía, rebajar impuestos, desconfiar de los organismos internacionales, creer en la existencia de clases sociales, aumentar los impuestos al capital, proteger los salarios, universalizar la educación, promover la libertad de costumbres, defender tradiciones culturales exóticas y favorecer el interés de los inmigrantes y de estamentos raciales o sexuales desfavorecidos son políticas de izquierda?”, preguntó.

     Podría decirse, respondió, que las primeras “son propuestas usuales” de la derecha y las segundas de la izquierda. Sin embargo, añadió, “la realidad parece complacerse en romper esos esquemas”. Consideró que en las últimas décadas, “con el auge de la globalización económica y la transnacionalización de los capitales, en casi todo el mundo occidental hemos visto el surgimiento de un discurso y de unas prácticas políticas sorprendentes” que, “sin importar” si el gobierno es de derecha o de izquierda, “unen nociones, estructurales típicas del capitalismo global con discursos y toques estéticos que apelan a la sensibilidad social”.

    “Aun así, sin importar quién gobierne”, advirtió, desde la concepción histórica del pensamiento socialista, “la economía se bancariza y se desregula, los recursos naturales se explotan hasta la extenuación, se alivian los impuestos que gravan al capital y se aumentan los que paga el trabajo, se somete a los Estados a las ‘recomendaciones’ y a los tribunales de los organismos internacionales, se codician las ‘buenas notas’ de las calificadoras de riesgo, se espera la inversión privada (…) y se estimula el consumo y el endeudamiento, y se adoptan recetas educativas vistosas pero de resultados pobrísimos”.

    Al mismo tiempo, prosiguió, “se destinan sumas importantes a políticas sociales asistencialistas, florecen las ONG privadas que las llevan a cabo, se aplican políticas en teoría ‘inclusivas’ y ‘no discriminatorias’ y se adopta oficialmente el lenguaje eufemístico de la corrección política que no modifica la realidad pero la hace sonar mucho más linda”.

    “Ese discurso y esas prácticas”, preguntó, “¿son de derecha o de izquierda?”

    La pregunta, añadió, “ya casi no puede responderse. Quizá porque lo que en nuestras mentes identificamos como ‘derecha’ o ‘izquierda’ fue pensado para otra realidad. Una realidad de naciones autónomas e intereses y conflictos territorialmente localizados”. Hoy, remarcó, “los intereses económicos que determinan el mundo sobrevuelan los territorios nacionales, al punto que cuesta saber cuándo una política concreta es propuesta del gobierno de turno, de una usina de ideas, de alguna empresa transnacional”.

    “Ese discurso único y esas políticas únicas (…) que aplican tanto los gobiernos que se dicen de derecha como los que se dicen de izquierda, ¿es en verdad de izquierda o de derecha?. Casi no parece importante responder la pregunta”, resumió.

    En términos generales, la descripción de Sarthou es correcta. Sin embargo, desconoce que a medida que el mundo se volvió más competitivo, las políticas socialistas basadas en un Estado orientador, regulador y prestador de servicios fracasaron aun antes de que cayera el Muro de Berlín y desapareciera la URSS y su sistema satelital.

    La economía del Reino Unido llevaba años estancada como consecuencia del fuerte intervencionismo estatal cuando en 1979 irrumpió Margaret Thatcher, cuyas reformas liberalizadoras lograron una rápida recuperación. Reformas que apenas han merecido ajustes una vez que un nuevo laborismo recuperó el gobierno.

    En Francia, en su primera presidencia (1981-1988), Mitterrand impulsó un programa de reformas sociales (aumentó el salario mínimo, implantó la semana nacional de 39 horas, adelantó la edad de jubilación a 60 años) y nacionalizó algunos bancos y grupos industriales. Pero debió dar marcha atrás cuando al poco tiempo la economía se estancó, aumentando la desocupación y el déficit público.

    Suecia fue modelo de sociedad para buena parte de la izquierda no comunista por su generoso Estado de bienestar, expansión del sector público, leyes protectoras de los derechos del trabajador. Pero la fuerte presión impositiva que requería el modelo se volvió un freno para el crecimiento económico. En los años 90 el modelo dio paso a reformas promercado para responder al cuestionamiento ciudadano ante un Estado asfixiante y poco eficiente. Un conjunto de reformas liberales gestaron una rápida y significativa recuperación de la economía.

    No son esos los únicos ejemplos del éxito de naciones que aplicaron políticas pro mercado.

    Pero no solo los problemas que genera la globalización despiertan dudas sobre cuándo un gobierno es “de derecha” o “de izquierda”. Otros factores, como la restricción de libertades y derechos ciudadanos y el grado de corrupción de la vida política deberían también tenerse en cuenta.

    La dictadura cubana que niega derechos humanos básicos, reprime a los opositores e implantó una economía de escasez, ¿es de izquierda o de derecha? El gobierno chavista de Venezuela, responsable del actual caos político y social y de la represión a sangre y fuego de las protestas opositoras, ¿es de derecha o de izquierda? La corrupción y el autoritarismo que caracterizó a los gobiernos kirchneristas, ¿son de derecha o de izquierda? La corrupción gestada durante los gobiernos del PT,  ¿es de derecha o de izquierda?

    Son preguntas que muchos no quieren siquiera formularse.

    Pesada mochila, producto de miopía intelectual, que cargan sobre sus espaldas.

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