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    sábado 08 de junio de 2024

    La “apertura comercial” de la economía uruguaya está en máximo de varios años

    “Hoy podemos decir que Uruguay es un país más abierto al mundo que en marzo de 2020” porque durante 2022 logró el acceso a 33 mercados para diversos productos de exportación, como el ingreso de la colza a Chile, los cítricos a Perú, la lengua bovina a Japón o las nueces pecán al Reino Unido, afirmó el presidente Luis Lacalle Pou al presentarse el 2 de marzo ante la Asamblea General para rendir cuentas e iniciar su cuarto año en el cargo.

    Esa aseveración en tono de satisfacción del mandatario se apoya en la teoría según la cual la apertura económica genera mayor bienestar y brinda mayores posibilidades de desarrollo a los países.

    A lo largo de su historia Uruguay tuvo períodos de baja apertura —o alto proteccionismo— desde mediados del siglo pasado y hasta inicios de 1970, seguidos por otros de más libertad comercial. A partir de convenios bilaterales primero y con la creación del Mercosur después (1991), se dio un abatimiento de los impuestos aduaneros, que dinamizaron su comercio exterior.

    El nivel arancelario es un dato concreto que hace a la apertura de un país: el gravamen promedio simple superaba el 21% a comienzos de los 2000, bajó a 9,4% en 2011 y se mantuvo en ese nivel en 2018, cuando la Organización Mundial del Comercio realizó la última revisión de las políticas comerciales de Uruguay. A su vez, en acuerdo con sus socios del Mercosur, el gobierno de Lacalle Pou puso en vigor el año pasado una reducción del arancel común para 1.409 códigos, con lo cual su impuesto de importación para bienes originarios de extrazona —situado en 17,4%— podía bajar a 15,4%.

    Por otro lado, el grado de apertura de un país suele ser medido como el ratio entre su comercio exterior (la suma de las exportaciones y las importaciones de bienes) y el tamaño de la economía (su Producto Bruto Interno-PBI).

    Considerando las compras y las ventas de bienes al exterior efectivamente realizadas, que el año pasado aumentaron 17,3% y 40,2% en cada caso frente a 2021, y la expansión del PBI de 4,9%, Búsqueda estimó que Uruguay incrementó su apertura comercial en 2022. Alcanzó al 69%, 13 puntos del Producto por encima del grado de apertura de 2021, aunque nueve puntos menos que el máximo registro histórico en el 2008 (en este caso, según un cálculo realizado por la Comisión Económica para América Latina y el Caribe).

    En ese año, en el contexto de una crisis financiera global originada en Estados Unidos, el grado de apertura comercial de Uruguay llegó a 78% del PBI. Sin embargo, a partir de entonces la tendencia se revirtió y año a año ese ratio cayó hasta ubicarse en 45,8% en 2020. Pero de la mano de la recuperación económica pospandemia, sustentada en parte por un repunte del comercio exterior, la apertura de Uruguay aumentó a 56,8% en 2021, niveles en los que no se encontraba desde 2012.

    Como administraciones anteriores, el gobierno de Lacalle Pou reclamó a sus socios del Mercosur aval para que Uruguay pueda negociar por sí solo acuerdos comerciales con otros países, lo que ha sido resistido en particular por Argentina. De todos modos, Uruguay avanzó con China en el análisis de la factibilidad de un tratado de libre comercio —que confirmó la viabilidad técnica—, pero hasta ahora no se han iniciado negociaciones concretas.

    Al mismo tiempo, algunos socios de su coalición multicolor no comparten cualquier tipo de apertura comercial. “Si nosotros les bajamos el arancel a los aceites y las harinas, como hicimos el año pasado, para que entren con precios deprimidos, estamos matando las pocas industrias que tenemos acá de aceites y harinas. Este es un tema hasta de sentido común. Aquí hay que proteger a las pocas industrias que quedan. Acá en el Uruguay nos sobra el cuero. ¿Y qué industria del cuero hay? Todas han sido liquidadas por esa política de apertura y de aranceles bajísimos a productos que vienen y que en sus países sí son subsidiados o con sueldos de esclavos. Proteger determinadas industrias no lo veo como ningún pecado”, declaró el líder de Cabildo Abierto, el senador Guido Manini Ríos, en una reciente entrevista con Búsqueda (Nº 2.217). Para él, Uruguay debe “abrirse al mundo, pero no tiene que bajarse del escalón en todos los temas. Nosotros podemos tener algún tipo de industria”. Su postura es: “Lo del liberalismo sí en cuanto a generar condiciones de competencia, pero hay que, en algunos aspectos, marcar la dirección” desde el gobierno.

    Ese tipo de posturas motivaron opiniones desde el ámbito académico. “Me preocupan algunos comentarios políticos recientes que parecen querer volver a proteger industrias que no han logrado sobrevivir a la competencia internacional. Si el camino es abrirse al mundo para agrandar mercados, posturas proteccionistas son estrategias contradictorias, entre otras cosas porque los acuerdos comerciales conllevan reciprocidades. Nadie te va a dar preferencias sin contrapartida. Para quienes pretenden insistir con el proteccionismo, sería bueno que pusieran atención en el renovado fracaso de nuestros hermanos argentinos en esta materia, recordatorio vívido de que por acá no nos va a ir bien”, escribió en una columna publicada el 24 de abril en El País el economista y profesor de Política Económica de la Universidad Católica José Antonio Licandro.

    En Twitter, varios analistas comentaron esa columna, enfocada en los cambios estructurales que debe encarar Uruguay pensando en el largo plazo.

    Marcel Vaillant, un especialista en comercio internacional vinculado al Partido Independiente, señaló que la apertura “tiene componentes que se pueden gestionar por fuera de los acuerdos comerciales. Ninguno de ellos está en la agenda de asignaturas pendientes” de Uruguay.

    Economía
    2023-05-03T18:22:00