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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáSuena a “boutade”, pero realmente es una de las causas que está detrás de la crisis que vive la Democracia en muchas sociedades del mundo: el fenómeno contemporáneo del achicamiento en las personas de su espectro de atención. No poder concentrarse sobre un tema por más de unos pocos minutos.
La revolución producida por la informática ha traído cambios fabulosos para los seres humanos. Algunos muy buenos, otros no tanto y todavía otros, nada buenos. Entre éstos últimos, el que mencioné: la incapacidad de mantenerse enfocado durante el tiempo que el asunto requeriría. El i-phone y los medios de comunicación típicos de las redes confirman conductas de inmediatez en respuesta a estímulos, sobre todo intelectuales. Esto se traduce en pérdida de hábitos de (y de predisposición a), leer y en no escuchar, más allá de unos escasos minutos. Con lo cual, obviamente, se pierde la capacidad para expresarse: construir vocalmente discursos hilados con un mínimo de extensión y, por supuesto, la de escribir algo que supere el largo de un tuit o, como máximo, un WhatsApp.
Al mismo tiempo en que este fenómeno se ha ido agudizando, la Democracia escala el camino inverso: el gobierno y, en general el manejo de los sistemas democráticos, se hace cada vez más complejo y más difícil, con lo cual la gente lo ve como más distante.
Y la Democracia no es algo automático. No funciona por simple inercia. Requiere de ser comprendida (sin lo cual, no podrá ser apreciada).
El funcionamiento de una Democracia nunca fue algo fácil, que se arregla solo. Pero ahora, menos.
El ciudadano medio, aún aquél que se precia de estar informado, ya casi no lee diarios. Sus fuentes de información son, desde hace un tiempo, la radio, que todavía conserva contenidos referidos a la realidad y la tele, cuyo sentido no es informar sino entretener, lo cual es muy diferente.
Y después aparecieron las redes.
El sueño de la alimentación intelectual y emocional express. Ahí encontramos material corto y simple y, buscando un poco, gente fenómena que piensa como yo. También es un lugar donde nosotros podemos intervenir con inmediatez, sin complicarnos con elaboraciones muy profundas o complejas. En las redes tallan lo mismo Einstein y Cacaseno.
El punto es que la enorme mayoría del material que encontramos en las redes no es, propiamente, información, sino confirmación: muy rápidamente nos habituamos a ir a ver lo que nos cae bien, independiente de que sea cierto o no. En las redes, por lo general, ni se razona, ni se verifica. Están los buenos – nosotros – y, después, los malos.
Poco o nada sirve todo esto para saber y entender cómo funciona una Democracia, porque ésta no es algo que se pueda encapsular y, mucho menos, pintar de un solo color. La Democracia, al tener por sentido el promover la libertad del hombre, bicho imperfecto si los hay, es a su vez, esencialmente imperfecta. Pero, además, compleja, discurriendo en un continuo de discusiones y discrepancias. Si eso no se entiende, difícilmente sea soportable vivir democráticamente. El problema está en que toda esa riqueza desordenada no es pasible de ser embutida en envases tan chicos como un tweet, o ser captada por una persona que está habituada a cambiar de foco a los pocos minutos. El zapping, no es sólo una característica de aparatos electrónicos, lo tenemos metido dentro de nosotros mismos.
Hace ya más de 50 años, un profesor canadiense, Marshall Mc.Luhan, acuñó la frase: “the medium is the message” queriendo subrayar cómo el medio de comunicación condiciona el contenido de lo que se comunica. Y eso era antes de la aparición de las redes.
Hay una creencia muy establecida en el mundo contemporáneo de que la Democracia no funciona, porque está (siempre) en manos de burros o chorros (o ambos a la vez), que se pasan mareando la perdiz en vez de entregar los bienes y servicios que yo quiero (y que ellos pueden perfectamente, producir).
Mientras los ciudadanos no capten que la Democracia es algo más complejo que eso y que nos afecta a nosotros y que, por ende, vale la pena comprenderla y ayudarla, seguiremos a los tumbos.
¡Focus!
Ignacio De Posadas