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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáMi abuelo, Carlos Frick Davie, fue secuestrado y mantenido en confinamiento solitario durante más de un año en condiciones brutales en la supuesta “cárcel del pueblo”, aunque no fue “el pueblo” que lo secuestró, sino una minoría anárquica que quiso traer abajo al Uruguay. Esto fue parte de la campaña de los tupamaros para causar terror en la población general a través de atentados al azar, asesinatos, robos, asaltos y adquisiciones armadas de instalaciones públicas. Motivados no por males sociales urgentes —Uruguay era un país sin historia de represión, sin vasta brecha social, sin cultura de corrupción o clientelismo, sin la pobreza endémica, sin racismo, donde no faltaban escaleras para la movilidad social— sino inspirados puramente por la ideología de la guerra de clases, los tupamaros pretendían promover lo que en realidad no existía en la sociedad: descontento social generalizado, con el fin de propiciar la dialéctica de la violencia estatal y por lo tanto la revolución.
Todo esto está bien documentado en el libro de Julio María Sanguinetti, “La agonía de una Democracia”, que recomiendo a cualquier persona que busca una comprensión clara de esos días oscuros. Sanguinetti concluyentemente establece que no había ninguna condición que requiriera la revolución armada o el secuestro de civiles cuando los tupamaros comenzaron su sangrienta campaña para derrocar al gobierno que fue democráticamente electo. Aunque esto no excusa a los militares de sus tácticas represivas cuando tomaron el poder, no se puede encubrir la historia de los tupamaros.
Mientras que algunos pueden discutir la creación de un museo en lo que fue un lugar de tortura humana, insípido o vergonzoso, me parece necesario confrontar la historia y aprender de los errores del pasado. Yo confío en el pueblo uruguayo y su profundo respeto por los valores democráticos. En última instancia, ganará el pueblo, a pesar de la guerra civil y sangrienta que buscaron los tupamaros.
Dr. Fernando Laguarda Frick
Washington DC (Estados Unidos)