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    La confianza en los médicos

    Restituir la confianza médica. Los hechos actuales han puesto en el tapete el tema de la confianza médica, tema que ya estaba en la agenda como preocupación pero ha explotado como una realidad.

    El deterioro de nuestra imagen, desde casi incuestionables servidores públicos a protagonistas de desgraciadas portadas de noticias, es un proceso no reciente.

    La realidad nos muestra que hemos ido perdiendo, de manera acelerada, el respeto y el afecto de nuestra sociedad. La relación médico-paciente pasó de ser un ejercicio de nuestra vocación, caracterizada por la solidaridad y el respeto, a un encuentro de individuos bastante más parecido a un trámite cualquiera de esos que se realizan habitualmente en oficinas públicas o privadas. No hay tiempo suficiente para el saludo cálido, ni la conversación interesada en las características del paciente. Sin duda somos una especie diferente de lo que alguna vez supimos ser.

    Hemos carecido de autocrítica, hemos tenido un liderazgo gremial más preocupado por facetas políticas, que por dar cohesión y mantener los paradigmas de la profesión. No nos hemos preocupado de estar alertas a la decadencia de la formación académica. Hemos estado ausentes a la hora de liderar cambios que articularan las respuestas que la sociedad esperaba de nosotros. No participamos activamente en las políticas de diseño de atención en las instituciones de asistencia, ni en los programas de reforma de la salud.

    Fuimos inferiores a nuestro compromiso.

    La concepción original de la profesión es una mezcla de vocación apoyada por habilidades y destrezas especiales sumadas a una dosis de sabiduría, honorabilidad, respeto, prudencia y empatía.

    Sin embargo, el ejercicio de la medicina se ha visto cada vez más expuesto a desviaciones. Con el paso de los años las experiencias vividas acumulan vivencias que nos enriquecen, algunas de la vida misma y otras a través de la educación y el esmero profesional. Paralelamente la profesión se ha comercializado cada vez más y ha provocado un interés a veces indisimulado de acrecentar el patrimonio económico. En ocasiones, la excelente calificación académica y profesional no ha logrado disimular la precaria condición humana.

    Hoy leemos y seguimos con atención la preocupación de un grupo de jóvenes que lideran la acción gremial por recuperar la confianza.

    Creemos que es menester previamente preguntarnos en qué hemos fracasado y cómo podemos revertir el camino. Necesitamos un balance crítico previo, en orden de preservar la credibilidad del proceso de rehabilitación. La confianza no se exige, no se compra, se gana con acciones y con el tiempo.

    Debemos tener presente que nuestra práctica es la combinación necesaria de las ciencias de la vida con el humanismo, es ciencia y es arte.

    No hemos podido estar al margen de la crisis de principios y valores que ha afectado a nuestra sociedad, los jóvenes médicos no han dispuesto de los instrumentos válidos para la correcta formación académica con la debida dimensión humanística.

    El médico humanista disfruta del conocimiento científico más actualizado, que le permite tener una actitud más combativa y ética frente a los fenómenos vitales del ser humano como son el dolor, la enfermedad, la discapacidad, las emociones y los afectos de sus pacientes y, finalmente, su muerte. Esto nos diferencia del técnico erudito.

    ¡Qué bueno e importante sería que estos jóvenes gremialistas rescataran el camino! Que podamos transmitir ciencia y arte, humanismo y medicina en simbiosis. Que los pacientes se valgan del rigor científico pero también de la disposición anímica del humanista enriquecido intelectualmente.

    Por seguro, en medio de la tormenta encontraremos el camino que nos permita reencontrar la generosidad y el compromiso.

    Dr. Luis Alberto Castillo