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“Francamente, antes de la suba del tipo de cambio de los últimos 15 días esperábamos un dato inclusive un poco menor al 8,36%. Lo que pasa es que el alza del dólar fue muy brusca, aunque en parte fue compensada por la caída de los precios de los commodities, salvo la carne. ¡No sé cómo va a hacer la política monetaria para influir en la dieta de la gente y que no demanden carne!”, dijo a Búsqueda el presidente del Banco Central (BCU), Alberto Graña.
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La medición del Índice de Precios del Consumo (IPC) divulgada el viernes 3 por el Instituto Nacional de Estadística (INE) captó una inflación de 1% en setiembre. Si bien el registro fue relativamente alto, la tasa de los últimos 12 meses mostró un nuevo descenso y quedó en 8,36%.
Graña se expresó complacido por la tendencia gradualmente descendente que viene registrando dicha tasa anual, si bien la misma continúa lejos del rango de 3%-7% establecido como meta por las autoridades.
Los “platitos girando”.
Una de dos: controlar la inflación o permitir un dólar más caro que favorezca la competitividad de las exportaciones. Dicho dilema fue el que se planteó en los últimos años para el gobierno —o “mantener todos los platitos girando”, según la metáfora usada por el actual ministro de Economía, Mario Bergara, para ilustrar ese equilibrio delicado, propio de un acto de circo—.
En setiembre se dio una aceleración del ritmo devaluatorio del peso uruguayo: el dólar en el circuito interbancario terminó valiendo $ 24,665, casi un peso más que a fines de agosto (aumento de 4%). En lo que va del año el incremento fue de 12%.
De todos modos, algunos de los factores que normalmente llevaban a que el tipo de cambio repercutiera en los precios internos —como los valores de las importaciones de insumos, la apertura de la economía, las expectativas de los agentes y la inflación “importada”— se muestran más débiles, según mediciones de Búsqueda.
Canales.
Con la economía creciendo vigorosamente, los precios de los productos de exportación en alza y una fuerte entrada de capitales desde el exterior, en los últimos años el precio del dólar en Uruguay se mantuvo en descenso, salvo por algunos meses puntuales.
Eso motivó críticas desde sectores exportadores. El gobierno debió optar entre mantener la inflación por debajo del 10% o impulsar una mejora en la competitividad apuntalando el precio de la divisa.
El contexto actual muestra un cambio de tendencia principalmente porque Estados Unidos está retrayendo su política monetaria y el dólar se valoriza en la mayoría de los mercados. A su vez, las economías de la región están creciendo más lento y los precios de exportación de las materias primas comenzaron a bajar o estancarse.
Graña comentó a Búsqueda que eso no ocurrió en setiembre con la carne vacuna. Con los commodities se da un proceso “asimétrico: cuando los precios internacionales caen acá es muy lenta la baja, y cuando suben es mucho más acelerado. Salvo que haya algún tipo de acuerdo en este mercado imperfecto que tenemos, entre ganaderos, frigoríficos y carniceros”.
El alza del precio del dólar en Uruguay fue de las mayores en el mundo en lo que va de 2014, y su variación solo fue superada por la que se dio en Argentina y Rusia (ver Búsqueda Nº 1.784). Con ello la competitividad comercial, medida por el índice de tipo de cambio real, comenzó a mejorar por primera vez desde 2004. Los efectos de esta nueva tendencia sobre los precios internos son uno de los puntos que generan mayor atención.
La razón por la que el precio del dólar se asocia tanto a la evolución de la inflación en Uruguay es porque hay numerosos y muy fuertes “canales” que conectan esas dos variables.
De hecho, el mayor plan para estabilizar los precios que se realizó en la década de 1990, que llevó los registros de inflación a valores de un dígito por primera vez luego de 40 años, se basó en la llamada “ancla cambiaria”, que consistía en atenuar el aumento del precio del dólar para que este incidiese a la baja sobre los precios al consumo.
Pero la fortaleza de esos canales no se mantiene constante en el tiempo. Varios indicadores dan cuenta de por qué el dólar tuvo recientemente una menor incidencia sobre los precios del consumo.
Los insumos importados que utilizan las empresas para producir se vuelven más caros cuando esa divisa sube de precio y ello se transmite a los precios finales. Las estadísticas muestran que las importaciones de bienes intermedios se hicieron a precios más bajos en dólares que el año pasado, y desde marzo hasta julio habían descendido entre 4% y 6% todos los meses respecto al 2013.
El IPC también se ve afectado por el tipo de cambio a través de los llamados bienes transables (que se comercian internacionalmente). En ese sentido, se dieron dos fenómenos contrapuestos que surgen de los precios de los productos regionales y de fuera de la región. Estos últimos aceleraron su aumento de precio desde variaciones anuales de entre 6% y 7% en 2013 a subas entre 8% y 9% este año. Los artículos que se comercian con la región pasaron de aumentar cerca de 10% el año pasado a un rango entre 7% y 8% en 2014. De esa forma se compensaron en parte los dos fenómenos y los bienes transables continúan explicando entre 45% y 50% de la inflación total, calculó Búsqueda.
El grado de apertura de la economía también es considerado como un canal de transmisión del precio del dólar a la inflación. Si bien Uruguay muestra registros históricamente elevados de apertura —las importaciones más las exportaciones sumaban 52,5% del Producto Bruto Interno al finalizar junio—, ese ratio es de los más bajos en la última década.
Desde 2004 la apertura comercial de la economía fue entre 55% y 60%, y en 2013 y la primera mitad de este año el valor está más próximo a 50%. El pasaje de dólar a precios podría ser más débil que en los últimos años por esa vía.
Por último, las expectativas de los agentes también son un factor determinante. Si estos esperan que el dólar impacte fuertemente en los precios, su visión puede influir al resto de los agentes económicos haciendo que en los hechos se concrete tal fenómeno. Sin embargo, las expectativas que releva el BCU todos los meses entre cerca de una decena de analistas no mostraron un deterioro tan marcado a medida que el dólar se valorizó en el correr de 2014. En sus respuestas ninguno de esos analistas espera que el IPC sobrepase el 10% este año o el próximo.