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    La crisis económica y la incertidumbre política cunden en Brasil, Argentina y Venezuela, los mayores socios regionales de Uruguay

    Río de Janeiro (Gerardo Lissardy, corresponsal para América Latina). Apenas tres años y medio atrás, la presidenta brasileña, Dilma Rousseff, anunciaba exultante que Venezuela había pasado a ser el quinto Estado miembro del Mercosur, en medio de una polémica por la suspensión de Paraguay del bloque. “De ahora en adelante, nos extendemos de la Patagonia al Caribe. Pasamos a contar con una población de 270 millones de habitantes y un PIB en torno a U$S 3 billones”, dijo Rousseff en el palacio presidencial de Planalto, junto a Hugo Chávez, Cristina Fernández de Kirchner y José Mujica, que entonces eran sus homólogos de Venezuela, Argentina y Uruguay respectivamente. “El Mercosur, uno de los principales productores mundiales de alimentos y minerales, se consolida como potencia energética y alimenticia global”, continuó.

    Pero la situación actual de los tres mayores miembros del Mercosur contrasta como la noche y el día con aquel optimismo de Rousseff. Brasil, Argentina y Venezuela se hunden en desastres económicos y disputas de poder.

    Claro que existen diferencias entre lo que ocurre en cada uno de esos países. En Venezuela, la oposición triunfó en las elecciones legislativas del domingo 6 y obtuvo una mayoría calificada de dos tercios en la próxima Asamblea Nacional, que desafía al gobierno socialista de Nicolás Maduro. En Brasil, la apertura de un procedimiento de impeachment presidencial abrió una feroz batalla en el Congreso ante la posibilidad de que Rousseff sea sometida a un juicio político para destituirla. Y en Argentina, la creciente tensión entre Fernández y el nuevo presidente Mauricio Macri antes del traspaso de mando de este jueves 10 anticipa una nueva etapa de confrontación política.

    Sin embargo, también hay similitudes importantes entre los tres grandes miembros del Mercosur, que han pasado por más de una década de gobiernos de izquierda con una oposición débil o inexistente. Argentina, Brasil y Venezuela tienen ahora presidentes que carecen de control del Congreso, y Congresos que ganan peso frente al Ejecutivo. Se trata de un cambio profundo en los balances de poder doméstico, con riesgos de choques institucionales. Además, sus economías sufrirán una recesión inevitable en 2016, según las proyecciones del FMI, en medio de un preocupante deterioro de las finanzas públicas y tasas de inflación de dos dígitos.

    Lejos de parecerse a la potencia internacional que Rousseff avistaba en julio de 2012, los tres principales socios regionales de Uruguay viven hoy marcados por la crisis y la incertidumbre.

    “Dos escenarios”

    La elección legislativa venezolana ocurrió apenas dos semanas después del triunfo del opositor Macri en el balotaje presidencial argentino, tras 12 años de gobiernos kirchneristas. De un modo similar, una alianza opositora resultó la gran ganadora en las urnas de Venezuela, asestando un duro golpe al chavismo, que ejerce el poder desde hace 16 años. El creciente descontento popular con los problemas económicos y la actitud de confrontación de los presidentes son considerados claves para entender los resultados de ambas elecciones.

    En Venezuela, donde se espera que el PIB se contraiga 10% este año y la inflación supere el 100%, la Mesa de Unidad Democrática (MUD) pasará a controlar la Asamblea Nacional con 112 diputados en un total de 167, de acuerdo a los resultados oficiales anunciados en la noche del martes. Al dominar justo los dos tercios de la Cámara, los opositores podrán promover referendos, asambleas constituyentes y reformas constitucionales, además de designar o destituir autoridades de otros poderes, como los jueces del Tribunal Supremo de Justicia. También tendrán margen de sobra para emitir votos de censura al vicepresidente y a ministros.

    “Hay algunos checks and balances que son importantes y están en el Congreso. Podrían ser incluso decisiones en el plano económico y político que tome la Asamblea”, dijo Luis Vicente León, un analista político venezolano que preside la encuestadora Datanálisis, en diálogo con Búsqueda. Sin embargo, advirtió que el régimen presidencialista de Venezuela ofrece protección al Ejecutivo en caso de una ofensiva de la oposición, “que tampoco es un grupo homogéneo y la mayoría calificada que obtiene es endeble: con un solo diputado que se dé vuelta, ya no puede hacerla”.

    “También el conflicto vendría si el gobierno no quiere respetar la decisión del pueblo en la elección de un Congreso que sin dudas tiene poder de cambio. Entonces aquí quedan solo dos escenarios: o la negociación o el conflicto político”, agregó.

    Por lo pronto, la MUD anunció que una de sus prioridades será aprobar una ley de amnistía que libere a los “presos políticos” del país, incluido el líder opositor Leopoldo López, cuya condena a más de 13 años de prisión por su papel en las protestas de 2014 ha sido criticada por organismos internacionales y grupos de derechos humanos. No obstante, el propio Maduro anunció el martes 8 que rechazará esa ley.

    “El peligro”

    La presidenta que conoce mejor en la región el peligro de perder el control del Congreso es Rousseff. El procedimiento de impeachment que le abrió la semana pasada su ex aliado y actual archienemigo Eduardo Cunha, el presidente de la Cámara de Diputados, tuvo dos giros sorpresivos el martes. Una lista de opositores y disidentes del oficialismo ganó una votación para integrar la comisión que analizará la denuncia contra Rousseff por presunto maquillaje de la situación fiscal del país. Pero horas más tarde un ministro del Supremo Tribunal Federal suspendió todo el proceso hasta la semana próxima, cuando esa Corte decidirá la forma en que debe procederse.

    De todos modos, la votación de Diputados fue una señal de alerta. La lista de disidentes y opositores tuvo 272 votos, mientras la que impulsaba el oficialismo recogió 199. Para que Rousseff pueda evitar que el juicio político se abra en el Senado y tenga que apartarse del cargo por hasta 180 días, necesitará del apoyo de al menos 172 diputados. Por lo tanto, su margen actual para sobrevivir es estrecho. La presidenta sostiene que sus adversarios preparan “un golpe” para alcanzar el poder. Pero su propio vicepresidente, Michel Temer, afirmó que el procedimiento abierto en el Congreso tiene sustento legal, en una carta con críticas a Rousseff que agravó la crisis justo cuando la economía sufre su peor recesión en décadas y la inflación llegó a 10,48% en los 12 meses hasta noviembre, el mayor registro en 12 años.

    En Argentina también ha aumentado la tensión política antes de un traspaso de poder que tuvo de todo, menos armonía y acuerdos. Fernández y Macri discreparon incluso sobre aspectos simbólicos, como el lugar donde debían pasarse el bastón y la banda presidencial: la presidenta saliente quería hacerlo en el Congreso y el entrante en la Casa Rosada. Macri acudió a la Justicia para dejar establecida la hora en que caduca el mandato de Fernández, y la jueza María Servini de Cubría estableció que serían las 23h59 del miércoles. Desde el kirchnerismo esto fue comparado con un “golpe de Estado” y Fernández decidió faltar a la ceremonia del Congreso donde jurará Macri, que luego irá a la Casa Rosada para recibir el bastón y la banda presidencial de manos del líder provisional del Senado, Federico Pinedo.

    De este modo ha quedado claro que el nuevo gobierno argentino tendrá enfrente a una oposición dispuesta a complicarle las cosas desde el primer minuto. El liberal Macri ganó el balotaje por apenas tres puntos y tendrá que negociar y entenderse con el Congreso: en Diputados carece de quórum propio y en el Senado el grupo dominante es el Frente para la Victoria, de Fernández, con 41 votos sobre 72. A esto se añaden las limitaciones que le plantea una economía estancada y que el año próximo se contraerá 0,7% según el FMI, un déficit fiscal que según estimaciones privadas llega a 7% del PIB y una inflación anual de 25%.

    Al igual que ocurre en Venezuela, las reservas del Banco Central de Argentina han caído en picada este año y se ubican en los niveles más bajos en más de una década. El designado ministro de Hacienda, Alfonso Prat-Gay, ha admitido que reforzar las reservas es una condición para que se pueda terminar con el “cepo” cambiario en el país, como había prometido Macri.

    Macri visitó a Rousseff el viernes 4, en su primer viaje al exterior tras ser electo. Ambos abordaron asuntos económicos y conversaron sobre la situación de Venezuela: el presidente electo argentino había anunciado que pediría la suspensión del país en el Mercosur por la situación interna de derechos humanos, pero su canciller designada descartó esa posibilidad el lunes 7, después que Maduro reconociera el triunfo opositor en las parlamentarias. En Brasil, Macri insistió en su deseo de que el Mercosur logre un acuerdo comercial con la Unión Europea, “sin excluir el tema agrícola” de las negociaciones.

    Pero Marcelo Coutinho, un profesor de Relaciones Internacionales en la Universidad Federal de Río de Janeiro, sostuvo que la situación actual de Brasil, Argentina y Venezuela “va a parar todas las negociaciones” comerciales con otros bloques hasta que pase la incertidumbre. Esto sucede justo cuando otros países latinoamericanos como México, Perú y Chile firmaron el acuerdo comercial Transpacífico con Estados Unidos y varias naciones más de la cuenca del Pacífico, aumentando el riesgo de soledad para el Mercosur.

    “Mi mayor preocupación pasa a ser la economía”, señaló Coutinho a Búsqueda. “Incluso con un cambio político que ahora es irreversible, el problema económico no se va a resolver rápidamente. Va a demorar, y ahí es donde radica el peligro”.

    Información Nacional
    2015-12-10T00:00:00

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