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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáLa distribución del tiempo pedagógico en el primer ciclo de la enseñanza media es un asunto que ocupa y preocupa a los países que priorizan en serio a la educación. La Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) hace años que trabaja con el tema. El año pasado publicó el informe How much time do teachers spend in teaching? (¿Cuánto tiempo dedican los profesores a enseñar?). Education at a glance 2014: OECD indicators (OECD 2014).
El docente de tiempo completo en los estados miembros dedica semanalmente 19 horas para docencia directa, 7 para preparar las clases, 5 horas para corregir tareas de los alumnos, 3 horas en asuntos administrativos, 3 en coordinación de actividades, 2 en conserjería a sus alumnos, 2 para actividades extracurriculares, 1,5 horas para recibir a los padres y 1,5 en involucramiento en asuntos generales del centro educativo.
Como se puede apreciar, los docentes que integran los 35 países de la OCDE, los de mejor nivel de vida del planeta, aparte de docencia directa, realizan otras actividades igualmente relevantes para lograr una educación de calidad que satisfaga a los alumnos, a sus padres y a la sociedad toda.
Sin embargo, me concentraré solamente en el asunto de la docencia directa. Obviamente hay disparidades entre los países. En Estados Unidos un profesor o profesora del primer ciclo de educación secundaria tiene 29,6 horas de docencia directa, Escocia 22,5 horas, Nueva Zelanda 22,2 horas Australia 20,4 y Canadá 20 horas de clases frontales. La situación más ventajosa la tienen los docentes alemanes (18,9 horas), ingleses (18,5) y austríacos (15,9 horas) de docencia directa a la semana). Dos países de los mencionados cuentan con un año escolar de 36 semanas, uno de 37, cuatro de 38 y dos de 40 semanas laborales al año.
El promedio de horas de docencia directa en los 35 países de la OCDE es de 18,2 horas en tanto que de los países de la Unión Europea 17,6.
El secretario general de la Federación Nacional de Profesores de Secundaria, Juan Olivera, declaró en el diario “El País” el sábado 5 de setiembre: “Hay liceos donde hay turnos enteros que están vacíos, pero no es que el docente no va a trabajar porque no quiere. El problema es que el promedio de horas de trabajo de cada docente semanales son 45 horas frente a curso, o sea en las aulas. Un número importantísimo de compañeros trabajan de la mañana hasta las 11 de la noche. Entonces, las actividades que se van generando se cruzan. Tienen que faltar a un lado para ir al otro”, explicó el líder sindical.
¿A alguien le puede sorprender en el país que los resultados académicos sean malos en el Ciclo Básico cuando hay profesores que trabajan 45 horas en docencia directa? Las autoridades educativas al permitir esta situación están orilleando el no cumplimiento de los deberes del funcionario público. ¿No se dan cuenta que esto no funciona y constituye una violación al derecho constitucional y humano básico a la educación que tienen los adolescentes, según la ley de Educación vigente?
El Consejo de Educación Secundaria, o la consejera Celsa Puente, no sé (dudo que el representante sindical apoye su idea), tiene un plan para que los docentes trabajen 30 horas en cada centro educativo. La idea no es nueva, ya que hace 20 años el profesor Germán W. Rama lo propuso y lo implementó con los famosos “paquetes”. Las medidas que impulsó el profesor Rama en el área fueron torpedeadas por la dirigencia sindical de la época y, luego del 2005, meticulosamente desmanteladas y sustituidas por más “status quo inmovilista”. El gremialista Olivera afirma: “ese plan no puede funcionar con las propuestas que hace este gobierno. Nos van a querer pagar 30.000 pesos nominales por eso, así que no va a haber más remedio que seguir corriendo de un lado para el otro”. Claro, sin preparar las clases, sin corregir los trabajos realizados por los alumnos, sin atender a los padres, sin brindar conserjería a los estudiantes, sin involucrarse en actividades extracurriculares, etc. Todo por la causa (en este caso, del bolsillo).
Mientras en los países que progresan en el mundo, un docente de primer ciclo de enseñanza media tiene 18,2 horas de docencia en el aula a la semana y dedica el resto del tiempo para preparar clases, corregir trabajos, actividades de coordinación, tareas administrativas y de conserjería con los alumnos, atiende padres, se involucra en actividades extracurriculares, etc., en Uruguay los sindicatos de profesores auguran que el lamentable estado de cosas actual no va a cambiar.
Según datos del Consejo de Educación Secundaria (CES), los profesores faltaron al 4% del total de las clases que se dictaron en 2014, lo que equivale a unas 220.760 horas docente. La cifra corresponde a las inasistencias, con o sin aviso. ¿Sorprende esto a la luz de cómo funciona el primer ciclo de secundaria en Uruguay?
El gran responsable de este monumental desmadre se llama “elección de horas anual”. Por Dios, que se haga una elección de horas cada 5 años y se genere un buen sistema de suplencias. Sospecho que no será del agrado del sindicalismo, porque eso les quitaría poder.
La visión de la cúpula sindical es que los docentes seguirán faltando y la educación del país continuará hundiéndose inexorablemente. El 5% de la plantilla docente es categorizada como faltadora consuetudinaria. Tomando en cuenta que secundaria tiene 14.600 profesores hay 584 profesores que son incumplidores consuetudinarios.
El razonamiento del sindicalista Olivera es claro: FENAPES seguirá defendiendo al multiempleo y al profesor taxi, por aquello del músculo del bolsillo. También seguirá defendiendo a los profesores faltadores y no el derecho humano básico fundamental para que los alumnos reciban una educación de calidad. Aquí se le ven las patas a la sota. La pamplina del 6% para la educación esconde simplemente más dinero para el bolsillo de los empleados del estado. No importa que se pierdan 15 o 20 días de clase, con los notorios problemas que eso ocasiona a los alumnos y a sus familias.
La solución es clara. Cada profesor debe trabajar 30 horas en un centro educativo y recibir 5 horas para coordinación. Así lo hizo el profesor Germán Rama y funcionó, hasta que llegó la contrarreforma que barrió todo lo bueno que se venía realizando. Así son las cosas cuando dirigentes políticos se disfrazan de sindicalistas. Así son las cosas cuando ramas políticas de partidos se disfrazan de sindicatos.
Nos encontramos en un punto de inflexión en el tema educativo. Estamos perdiendo aceleradamente nuestra histórica ventaja comparativa. Cada vez estamos peor, especialmente en el nivel medio, donde hemos tocado fondo. ¿No será hora de que los ciudadanos comunes nos involucremos en el tema educativo y hagamos una gran Carpa Blanca en la Plaza Independencia, para que se respete el derecho a una educación de calidad, realmente laica e intransigentemente republicana para nuestros hijos?
Alberto Nagle Cajes
Ph D Educación