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La crisis venezolana, con un final de muy difícil pronóstico, es desde hace tiempo un dolor de cabeza para el Poder Ejecutivo. Y promete no dejar de serlo en los meses que le queda a la administración de Tabaré Vázquez. De hecho, el tema terminó de colarse esta semana en la campaña política uruguaya y promete ser uno de los flancos a los que recurrirá la oposición uruguaya para atacar al Frente Amplio en el año electoral que comienza.
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Cuando este jueves 10 Nicolás Maduro tomó posesión del cargo de presidente para iniciar un nuevo mandato, tras unas elecciones muy cuestionadas, las miradas de los medios internacionales estuvieron, al menos en parte, en la tribuna reservada para los visitantes extranjeros. Los representantes de gobiernos de la región fueron pocos.
Mientras que el denominado Grupo de Lima anunció que desconocería al nuevo gobierno de Maduro, la postura adoptada por la Cancillería uruguaya fue enviar al encargado de negocios en Caracas, José Luis Remedi, tanto al acto en el que asume el presidente ante el Tribunal Electoral como hizo antes con la nueva Asamblea que se realizó el sábado 5 y está enfrentada al gobierno.
El subsecretario del Ministerio de Relaciones Exteriores Ariel Bergamino, entrevistado el martes 8 en Carve, defendió la posición “histórica” de Uruguay y dijo que “utilizar a Venezuela para sacar réditos políticos” es “muy mezquino”.
Un nuevo problema que se le presentará a Uruguay es cómo sostener la situación en el futuro cercano si el presidente de Brasil, Jair Bolsonaro, cumple con su promesa de aumentar la presión contra el gobierno de Caracas, aseguraron a Búsqueda fuentes diplomáticas.
Bergamino argumentó que Uruguay y Venezuela tienen “relaciones diplomáticas” y “una larga historia de amistad y cooperación en momentos difíciles de ambos países”, aunque justificó no haber enviado un representante al acto en el que asume Maduro “por razones de orden institucional, político y demás” como lo hicieron Cuba, Nicaragua y Bolivia.
El vicecanciller, un hombre muy cercano a Vázquez, dijo que el gobierno no va “por el mundo dando certificados de democracia y libertad” y negó que Uruguay estuviera solo en el respaldo parcial a Maduro y como ejemplo mencionó a México y los países de la Unión Europea. Sobre estos últimos recordó que mantienen relaciones a nivel de embajadores, mientras que Montevideo apenas tiene en Caracas un encargado de negocios.
Uno de los más duros en la oposición fue el precandidato blanco Luis Lacalle Pou. Dijo en un mensaje grabado —difundido en su cuenta de Twitter— que el gobierno “está tolerando esta dictadura de Maduro en Venezuela” porque “han hecho negocios” y prometió que estos “se van a investigar”. Además, llamó la atención acerca de que “Uruguay ha estado siempre en contra de las dictaduras”.
Bergamino, en cambio, negó que hubiera complacencia con el régimen de Maduro, sino una postura de fomentar el diálogo. “No somos cómplices de ninguna manera”, dijo, pero insistió en que “es hora de ayudar a Venezuela con una diplomacia sobria y no de exposiciones mediáticas”.
Las expresiones de Lacalle Pou respecto a los “negocios” que hubo con Venezuela coinciden con declaraciones realizadas en Caracas por el diputado por el estado de Anzoategui Armado Armas, quien responsabilizó a Vázquez de “falta de solidaridad y falta de sensibilidad con la tragedia humanitaria que están viviendo los venezolanos”.
Lacalle Pou no fue el único dirigente opositor uruguayo que cargó contra la postura del Poder Ejecutivo. El Partido Nacional, el Partido Colorado y el Independiente emitieron declaraciones críticas con el gobierno en los últimos días.
Grupo de Lima y OEA
La postura oficial uruguaya es no reconocer al Grupo de Lima, integrado por Argentina, Brasil, Canadá, Chile, Colombia, Costa Rica, Guatemala, Guyana, Honduras, Panamá, Paraguay, Perú y Santa Lucía.
“¿Cómo vamos a tipificar gobiernos y decir si es legítimo o no? Hubo elecciones, la oposición no se presentó y tiene su rol también, su cuota de responsabilidad”, dijo el canciller Rodolfo Nin Novoa el martes 8 en referencia a la postura del Grupo de Lima.
Fuentes de la Cancillería dijeron a Búsqueda que aunque en rigor la posición adoptada por Nin es formalmente correcta desde el punto de vista diplomático, porque el Grupo de Lima no tiene ninguna institucionalidad, en la práctica colocarse al margen es un error político que erosiona el prestigio de Uruguay.
El jueves 10, la Organización de Estados Americanos (OEA) sesionó de forma especial para tratar el tema de Venezuela y el viernes el de Nicaragua, también acusado de graves violaciones a los derechos humanos.
El vicecanciller, un hombre muy cercano a Vázquez, dijo que el gobierno no va “por el mundo dando certificados de democracia y libertad” y negó que Uruguay estuviera solo en el respaldo parcial a Maduro.
Uruguay apuesta a la OEA, pero fuentes de la Cancillería reconocieron que esta postura es débil, porque el secretario general Luis Almagro ha quedado desacreditado como componedor de las partes en conflicto.
Un nuevo problema que se le presentará a Uruguay es cómo sostener la situación en el futuro cercano si el presidente de Brasil, Jair Bolsonaro, cumple con su promesa de aumentar la presión contra el gobierno de Caracas, explicaron las fuentes.
Un indicador de que las cosas no están fáciles para el gobierno de Vázquez es que la Unión Europea (UE), a diferencia de lo que afirmó Bergamino, ha quitado el respaldo al nuevo gobierno.
La postura de la UE, sin embargo, no es tan nítida. Por un lado ha aplicado sanciones igual que Estados Unidos, pero por el otro ha insistido en la necesidad de no cortar el diálogo y mantener las Embajadas en Caracas.
“Aunque la posición de la UE está muy clara —y solo reconoce a la Asamblea Nacional como órgano —, en lo operacional hay confusión”, declaró a Deutsche Welle Beatriz Becerra, vicepresidenta de la subcomisión de Derechos Humanos del Parlamento Europeo.