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Una noche, mientras conduce por una autopista de Teherán, por insistencia de un conductor impaciente que va detrás suyo, Kaveh se ve obligado a realizar una maniobra un tanto brusca y roza a una moto en la que viaja un matrimonio y sus dos hijos, un niño y una niña. Rápidamente intenta ayudar y ver los posibles daños. La niña no para de llorar, está asustada, pero no le pasó nada. Kaveh es médico, dice. Habla con el niño, Arim, de ocho años: se golpeó la cabeza, se lastimó el brazo, lesiones leves, pero igual amerita un chequeo, insiste el médico. Acto seguido le ofrece una compensación económica al padre, Moosa, que está aturdido y furioso. Más información se verá después. Se verá, por ejemplo, que Kaveh es patólogo forense. Y que, mientras su asistente pasa lista de los análisis para hacer ese día, se entera de que Arim ha muerto. Otro profesional se encarga de la autopsia. El resultado: el niño murió a consecuencia de un botulismo que contrajo por haber consumido comida en mal estado. Sin embargo, Kaveh tiene dudas.
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Es solo el comienzo de La decisión (Irán, 2017), segundo largometraje de Vahid Jalilvand, premiado en Venecia. Se trata de un filme intenso, muy duro, que atraviesa géneros (es un drama social y judicial y también un thriller y un policial) para revelarse como un cuento moral, una historia sobre la culpa, la fe, la compasión, la avaricia, la justicia, la venganza y la búsqueda de la verdad.
Kaveh y Moosa están carcomidos por la culpa. Aunque sus reacciones son diferentes. El doctor, estricto y racional, está obsesionado por descubrir la causa de la muerte de Amir. Le importa la verdad, aunque lo termine liquidando. Moosa, el padre, tarda en reaccionar. Y, cuando lo hace, estalla. Su motivación es la venganza. Aunque lo termine liquidando.
La puesta en escena es despojada, las actuaciones, excelentes. La información va suministrándose de a poco, sumando cada vez más complejidad, ambigüedad y tensión al relato, que se extiende a lo largo de poco más de 100 minutos. Acompañar el proceso, las vivencias de estos personajes, es lo esencial en esta película. Sin embargo, Jalilvand, como el personaje de Kaveh, hace alguna maniobra un poco forzada, todo para que el cuento se acomode a las ideas que el realizador buscó explorar.